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Pensamiento Crítico

Argentina, Bolivia y Uruguay: las elecciones decisivas para la región

Redacción Central | Misión Verdad, Venezuela | 14 Octubre 2019

Durante las próximas semanas habrá una coincidencia electoral, de comicios presidenciales y otros cargos parlamentarios y provinciales en Argentina, Bolivia y Uruguay.

Será de suma importancia ya que el voto decidirá la continuidad de los proyectos estatales, nacionalistas o neoliberales, en sus respectivos países.

Esta convergencia clave será sumamente significativa para la recomposición del espectro geopolítico latinoamericano, que dio tránsito del denominado "ciclo progresista latinoamericano" al "nuevo auge de la derecha regional".

Las tendencias electorales apuntan a que habrá vuelta de hoja política y cambio de régimen constitucional en al menos dos de estos países.

Caso Argentina: los Fernández al poder

Además de elegir presidente y vicepresidente, los argentinos elegirán 130 diputados nacionales y 24 senadores nacionales. En varias provincias y en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires también se eligen, ese mismo día, autoridades ejecutivas y legislativas.

Como en elecciones anteriores, para que una fórmula se proclame ganadora, será suficiente con que recoja el 45% de los votos afirmativos, o bien, el 40%, y una diferencia de al menos 10% con la que ocupe el segundo lugar. A falta de estos resultados, habrá una segunda vuelta entre las dos fórmulas con más votos.

En las primarias obligatorias (PASO) del 11 de agosto de 2019, el escrutinio definitivo estableció que la mayor parte de la ciudadanía participó en las internas presidenciales del opositor Frente de Todos (FT), apoyando la candidatura de Alberto Fernández junto a Cristina Fernández con un 49,49% de los votos afirmativos totales. En segundo lugar, la alianza oficialista Juntos por el Cambio (JpC), con la candidatura de Mauricio Macri, fue apoyada por un 32,93% de los votos.

Las encuestas vaticinan un holgado triunfo de los Fernández en las elecciones del domingo 27 de octubre.

Aunque las cifras suponen una clara victoria del "equipo Fernández" en la primera vuelta, el amplio margen de error en las encuestadoras previas a las PASO respecto al resultado, deja abierta la posibilidad de que se dé una segunda vuelta.

La crisis económica argentina ha sido tema transversal en la previa presidencial, y el resultado de las PASO colocó al gobierno de Macri en serios aprietos, con el recrudecimiento de las tendencias negativas en los indicadores económicos luego de las internas.

Incluso, el Fondo Monetario Internacional impuso condiciones para seguir desembolsando a la economía argentina; hasta que no se defina el escenario más previsible, no habrá negocio con la administración Macri.

El denominador económico es un asunto esencial en la definición, no solo del resultado electoral próximo, también lo es en la configuración de ánimos políticos e instancias de apoyo tanto para Macri como para Fernández.

En otras palabras, la economía argentina está entregada a sus acreedores y estos dan por perdida la reelección de Macri, por lo cual hay serios elementos que indican la posibilidad de cabildeo frente al más probable nuevo gobierno.

El resultado más probable hoy en Argentina significa un revés para la derecha regional en un importante bastión.

Sin embargo, se espera que el gobierno de los Fernández asuma una posición de "izquierda moderada" y su devenir dependerá de las composiciones de apoyo internas, con Cristina Fernández en una posición de mayor liderazgo en el campo popular. Ha consolidado el actual piso de apoyo mediante una plataforma polivalente entre liderazgos de izquierda, sindicatos y gremios.

El rol del eventual nuevo gobierno argentino en el contexto geopolítico regional está por definirse, pero debe considerarse necesariamente como un elemento significativo de retroceso de las fuerzas neoliberales en la región, sobre todo porque Argentina supone un actor importante en las diferentes plataformas latinoamericanas del comercio y la diplomacia.

Caso Bolivia: Evo parece que asegura su triunfo

Bolivia se prepara para elegir al presidente y vicepresidente del Estado Plurinacional, más 130 diputados y 36 senadores para el período gubernamental 2020-2025.

Con más de una década de mandato, Evo Morales, del Movimiento Al Socialismo (MAS), se presenta ante la reelección con una economía boliviana en extraordinarias condiciones. Se trata del país sudamericano con mayor crecimiento sostenido en la última década, con una inflación menor al 5%, una moneda nacional revaluada.

En la misma línea, Bolivia ha visto un aumento significativo en la capacidad adquisitiva de la población, una disminución de la desigualdad socioeconómica y el mejoramiento sustancial de los servicios públicos y sociales.

El presidente aymara se medirá frente a una oposición dividida representada por Carlos Mesa, de Comunidad Ciudadana (CC), y Óscar Ortiz, de Bolivia Dice No (BDN), como principales contrincantes, siendo el primero de ellos el más ruidoso promotor del neoliberalismo bajo tutela estadounidense.

Morales luce como la opción ganadora con más probabilidades en la primera vuelta electoral, prevista para el próximo 20 de octubre. Para hacerse del resultado en la primera vuelta, el MAS debe conseguir más del 50% de los votos válidamente emitidos; o un mínimo del 40%, con una diferencia del 10% frente a la segunda candidatura más votada.

Las probabilidades apuntan más al segundo escenario; que Morales supere el 40% y obtenga 10% más votos que Mesa.

Los esfuerzos de la oposición boliviana se desplazan hoy en alcanzar la segunda vuelta electoral, de esa manera la pretensión es extender el ruedo político hasta diciembre, fecha de la probable segunda vuelta.

Para ese propósito, la derecha boliviana ha asumido una "campaña ciudadana", paralela a la de Mesa y Ortiz, marcada por la "violencia cívica" capitalizada por fundaciones, asociaciones y ONG, aparentemente no proselitistas del cruceñismo. Han realizado importantes movilizaciones donde llaman a votar en "castigo" contra Morales y afirman que se declararán en "desobediencia" a lo que ya denominan "fraude electoral".

La lectura incongruente de mandar a votar en contra, pero de que habrá fraude, tiene el claro objeto de propiciar un margen cerrado en la victoria de Morales en primera vuelta o llevar la elección hasta diciembre, para así promover un desgaste electoral pronunciado que estaría marcado por la desestabilización política, escenario que Bolivia desconoce desde hace mucho tiempo y por ello es posible propiciar el crecimiento económico local.

Bolivia está en el umbral de una revolución de colores nuevamente aupada por el cruceñismo, esta vez bajo la denominación de la "desobediencia" y la lucha por el "federalismo", forma en la que denominan hoy el "autonomismo" separatista y secesionista de la violencia del año 2008.

Los ingredientes de la apertura de un ciclo de inestabilidad política pronunciada están sobre la mesa en Bolivia, por las tonalidades y agendas planteadas por el cruceñismo en las últimas semanas.

Todo sucedería en simultáneo a las elecciones y después de estas, pese al resultado electoral favorable a Morales que, aunque pueda ser muy sólido, será irrelevante ante la detonación de una agenda de cambio de régimen que viene germinando en ese país y que se prepara para un momento como el actual.

Es también probable que luego de las elecciones el gobierno del MAS, tenga que efectuar reformas económicas que se traduzcan en un ajuste a su tipo de cambio monetario, lo cual significará un ingrediente sustantivo a los eventos de confrontación y caos político transversal que intentará aupar el cruceñismo y otros factores de la derecha boliviana.

Caso Uruguay: la derecha acecha el poder

El contexto político uruguayo pre-electoral está definido por las tendencias claras que arrojan las encuestas para las elecciones presidenciales y parlamentarias del domingo 27 de octubre.

La política uruguaya es la más estable en Sudamérica, pero el contexto actual está comenzando a arrojar particularidades que podrían alcanzar un cenit mediante los resultados del 27 de octubre, lo cual podría implicar una vuelta de hoja a la hegemonía del Frente Amplio (FA) durante más de una década.

La derecha conservadora podría volver al poder de Uruguay.

Todos los escenarios previos a la primera vuelta electoral presidencial dejan en claro una mayoritaria intención de voto favorable al oficialista FA y a su candidato presidencial Daniel Martínez, frente a la opción opositora más sólida, la del Partido Nacional (PN), con Luis Lacalle Pou como candidato.

Entretanto, el Partido Colorado (PC), con el economista Ernesto Talvi, son catalogados como tercera fuerza por varias encuestadoras.

Sin embargo, pese al escenario favorable para la llamada "izquierda conservadora", acorde a la normativa electoral, el resultado no se definirá en una primera vuelta, por lo que habrá una segunda vuelta para noviembre, donde la composición electoral cambiará.

Para ganar en primera vuelta el vencedor debe alcanzar la mayoría absoluta.

En un casi seguro balotaje a celebrarse el 24 de noviembre, el exintendente de Montevideo, Daniel Martínez, se enfrentaría con el exsenador Lacalle Pou, quien para ese escenario se prevé que tendría el apoyo del economista Talvi y otros sectores opositores. Ese es el meollo de la composición electoral posterior a la primera vuelta.

La correlación de fuerzas de los partidos pequeños está hoy entre el 10% y 20% de las preferencias, y se trata de organizaciones opositoras, de derecha, que podrían unir fuerzas contra el FA.

En efecto, en un escenario de segunda vuelta, las encuestadoras ya reseñadas dan todas, sin mayores discrepancias, una victoria al PN con un margen cerrado. Solo eventos sobrevenidos o un cambio radical y efectivo de campaña podrían mantener al FA en el gobierno, y aun así las posibilidades son escasas.

Para el próximo gobierno uruguayo las formas de gobernanza, en conjunto con el parlamento, se verán atravesadas por el hecho de que los pequeños partidos darán forma multicolor al ente legislativo. Esta es otra particularidad de estas elecciones uruguayas, que es signo de un agotamiento de los partidos tradicionales en ese país.

Es inédita la cantidad de partidos con chances de obtener puestos en el parlamento; esto podría complicar la gestión gubernamental del próximo presidente.

Según encuestas del mes de junio hasta el presente, hasta nueve partidos podrían obtener representación parlamentaria, un hecho con pocos precedentes en Uruguay. Ya hay quienes hablan de "un futuro gobierno de coalición multicolor", y en cualquier caso, de ser electo el FA, el contexto parlamentario será difuso.

No será así, si Luis Lacalle Pou del PN conforma una coalición para la segunda vuelta, que favorezca los pactos políticos necesarios para gobernar a sus anchas con el parlamento.

El resultado en el duelo electoral parlamentario tendrá mucho que ver en el desarrollo de las subjetividades políticas y las intenciones de voto de cara a la segunda vuelta presidencial. Quizás ahí reside también en buena medida que el FA pueda erigirse vencedor, con margen cerrado, frente a Lacalle.

Ese factor, y que no se unan las derechas, sería clave a favor del FA.

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