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Pensamiento Crítico

Avalancha progresista

Por Luis Britto García | Correo del ALBA | 15 Noviembre 2019

1. Restauración delictiva

Cada vez que los poderes anuncian el Fin de la Historia, la misma Historia los desmiente. De creerle a las maquinarias mediáticas del capital, los progresismos de nuestra región habrían sido subproducto de un alza de precios de los "commodities" o bienes de exportación con poco valor agregado, que la baja de precios de éstos habría sepultado para siempre. Pero los imperios agotaron todos sus esfuerzos, desde el dumping petrolero hasta el proteccionismo extremo, para sabotear las exportaciones latinoamericanas, sin lograr otra cosa que afianzar los progresismos.

La Historia avanza con mayor velocidad en los países que parecerían atrasados. Marx y Engels esperaban la Revolución en los países más desarrollados, como Alemania o Inglaterra. Fue sin embargo en la atrasada Rusia, en la arcaica China, en los dependientes México y Cuba donde reventaron las revoluciones que estremecieron el orden colonial capitalista.

Es en Nuestra América donde partidos clasistas y movimientos sociales combaten por el socialismo mientras en el Viejo Mundo renacen los fascismos.

Decía Marx que el capital, desde sus primeros pasos, nace exudando por todos sus poros inmundicia y sangre. Lo mismo puede afirmarse de la política capitalista. Lo que se intentó bautizar como "Restauración conservadora" en América Latina, como si el capitalismo fuera monarquía absoluta de derecho divino, en la mayoría de los casos no pasó de prontuario de delitos de lesa humanidad.

Gran parte de los gobiernos de la llamada "Restauración" no llegaron al poder por voluntad popular, sino por tramas delictivas de camarillas antipopulares.

En Honduras un golpe militar secuestró al Presidente electo Mel Zelaya con apoyo de la base estadounidense de Palmerola, y desembocó elecciones tuteladas por los mismos golpistas, que en medio de protestas populares impusieron gobiernos de legitimidad más que dudosa.

En Paraguay un juicio político del Poder Legislativo amañado y sin derecho a la defensa en pocas horas depuso al Presidente electo Fernando Lugo.

En Brasil, turbios procesos judiciales encarcelaron o depusieron a mandatarios electos como Lula da Silva o Dilma Roussef. En el caso de Lula, el magistrado Sergio Moro, ahora ministro del reaccionario Bolsonaro, actuó ilegítimamente a la vez como juez y coordinador de la acusación contra el ex presidente, para impedirle presentarse como candidato en elecciones futuras.

En el proceso de Dilma, la condena fue por "malversación de fondos", irregularidad menor que no consiste en apropiación de bienes públicos, sino en destinar fondos de una partida presupuestaria a una finalidad distinta de la prevista en ella.

En ambos casos los magistrados condenaron sin pruebas, no como jueces, sino como agentes de fuerzas políticas que los recompensaron por fallos que sacaban del debate político democrático a las figuras de mayor prestigio en él.

Igualmente delictivo es el acceso al poder por la traición. Lenin Moreno, el más fiel de los seguidores de Rafael Correa, elegido con la votación de Alianza País, condona deudas de impuestos de la oligarquía por unos 4.500 millones de dólares y entrega la soberanía de Ecuador aceptando un desastroso Paquete del Fondo Monetario Internacional a cambio de un préstamo de unos 4.000 millones de dólares.

En fin, el último recurso de la "Restauración" es el clásico golpe militar en el caso de Bolivia.

Afirmaba Juan Jacobo Rousseau que nadie podía entregarse como esclavo voluntariamente, pues la locura no crea derechos. Tampoco el crimen. Conjuras criminales que derrocan gobiernos legítimos o impiden concurrir a los comicios a candidatos progresistas o compran traidores no son "restauración", sino delitos contra la voluntad popular perpetrados por fuerza, conspiración o prevaricación judicial.

2. Progresismo democrático

Por contraste, los gobiernos progresistas latinoamericanos y caribeños surgen y se mantienen por voluntad popular, contra agresiones injustificadas inferidas por medios delictivos. Cuba resiste desde 1959 bloqueos criminales, invasiones forajidas, intentos de magnicidio, sabotaje organizado y guerra bacteriológica sin que tantos crímenes pongan parte significativa de su población de parte del agresor.

Nicaragua soporta idéntico repertorio de ataques, agravado por la invasión cotidiana por sus fronteras de paramilitares pagados y armados por Estados Unidos. Sin embargo, el sandinismo sólo perdió el poder transitoriamente tras la aplicación de medidas neoliberales que le concitaron el repudio de parte del electorado, y lo recuperó democráticamente hasta el día de hoy.

Tras larga lucha revolucionaria, el FMLN lleva al poder a Mauricio Funes en 2009 con el 51,32% de los votos, y triunfa una vez más en 2014.

En Venezuela toma el poder el bolivarianismo por vía democrática a fines de 1998; el año inmediato sanciona por referendo popular una nueva Constitución que multiplica las consultas electorales, regidas por el que Jimmy Carter considera "quizá el sistema electoral más perfecto del mundo". A pesar de que el Imperio le inflige desde el golpe de Estado hasta el intento de magnicidio, desde el terrorismo hasta el bloqueo económico, gracias a sus programas sociales el bolivarianismo sigue en el poder tras una veintena de elecciones exitosas.

Bolivia elige Presidente en forma democrática a Evo Morales en 2005, 2014 y 2019, y desde el primer momento se desatan contra el país desde tentativas secesionistas hasta el presente golpe de Estado. Argentina elige democráticamente a Néstor Kirchner y luego a Cristina Fernández de Kirchner, soporta la razzia neoliberal de Macri porque el progresismo concurre dividido a las elecciones, y vuelve a elegir un gobierno progresista en 2019.

Finalmente, tras padecer gobiernos socialdemócratas y neoliberales cuyo denominador común parecería ser la violencia y la corrupción, México elige en 2018 a Andrés Manuel López Obrador.

3. La avalancha popular

¿Qué consecuencias tendrán las oleadas de sublevación popular que sacuden Nuestra América? En algunos casos han llevado a victorias electorales, como ocurrió en Argentina. En otros han sido desviadas después de turbias o poco claras negociaciones, como en Ecuador. A veces continúan sin una victoria decisiva en medio de creciente represión, como en Honduras, Haití, Panamá, Colombia Chile o El Alto, en Bolivia. Que no hayan derrocado instantáneamente al desgobierno neoliberal que las reprime no debe ser considerado derrota. Una rebelión social no necesariamente vence de inmediato, pero sí fractura el orden contra el cual insurge. La primera gran insurrección popular contra el neoliberalismo, la del Caracazo que arranca el 27 de febrero de 1989, fue reducida tras una semana de Ley Marcial que arrojó posiblemente más de cinco millares de víctimas fatales. Carlos Andrés Pérez siguió en el poder, pero sólo para ver su gobierno conmocionado por la rebelión militar del 4 de febrero de 1992, y ser depuesto en un juicio por corrupción ante el Tribunal Supremo de Justicia. Sublevaciones sociales prolongadas convencen a las clases dominantes de que su representante no defiende adecuadamente sus intereses, fraccionan el bloque que sostiene al gobierno, concientizan al pueblo sobre su poder. Así surgió el bolivarianismo, que décadas después persiste imbatible.

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