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Pensamiento Crítico

El pueblo de Costa Rica ya no cree en su sistema político

Por Álvaro Madrigal / Orlando García Valverde | El País, Costa Rica | 07 Febrero 2020

El domingo 2 de febrero hubo elecciones municipales en Costa Rica y ha quedado confirmado el profundo descrédito del sistema imperante en ese país. De acuerdo a los resultados provisionales, los costarricenses eligieron a 82 alcaldías y 8 intendencias, un proceso para designar que 73 hombres y 9 mujeres dirijan a sus Gobiernos Locales.

Según cifras preliminares del Tribunal Supremo de Elecciones el abstencionismo se sitúa en el 63.7%, mientras que para las elecciones de hace cuatro años el 64.8% del padrón no votó. Es decir: solamente votaron 36 de cada 100 costarricenses.

Entre los 64 alcaldes que estaban buscando la reelección, 50 de ellos lo consiguieron, y de estos, cinco cambiaron de partido político. En esta ocasión, la edad promedio de los jefes municipales que tomarán poder a partir del 1 de mayo es de 50, mientras que hace 4 años fue de 51. Marcel Soler, el alcalde de Montes de Oca sigue siendo el más joven, en tanto que el de Garabito, Tobías Murillo, es el de mayor edad con 76.

El diario digital El País de Costa Rica publica dos opiniones sobre ese proceso electoral, que reproducimos a continuación:

Unas elecciones que dejan mil incógnitas

Por Álvaro Madrigal

Aún no pueden elaborarse conclusiones terminantes, irrefutables sobre el dictado de los electores en los comicios municipales del domingo pasado. A la par de la elección de los alcaldes de los 82 cantones y de los jerarcas de las 6 intendencias, estaba en juego la composición de los órganos colegiados que gobiernan esas circunscripciones. Y mientras no se conozca qué decidió el electorado sobre regidurías e intendencias, resultará aventurado dictar sentencia y proclamar victorias.

Lo cual significa no legitimar los juegos de artificio que han brotado desde un lado y otro para hacer creer que "después de todo, seguimos vivos y coleando, mejor que los otros".

Así por ejemplo, el partido Liberación Nacional ciertamente consiguió elegir 42 alcaldes y es por tanto el conglomerado político mejor tratado en este punto por los votantes. Pero ese número lo que confirma es que "el horno no está para bollos" y que su cúpula debe comprometerse con una profunda reflexión sobre el porqué de la declinación de un partido que en 2010 eligió 59 alcaldes, en 2014 fueron 50 y ahora 42. Evidente la caída. De todas formas, mientras no concluya el cómputo total y no se sepa cuántos regidores eligió en cada uno de los municipios, será "batear" cualquier especulación respecto a si hubo "un castigo" porque hubo menos regidores o más bien se cosechó un número holgado de curules.

La Unidad Social Cristiana tampoco puede hacer alarde por dos alcaldías más del número conquistado en 2010. Es un resultado poco halagador para un partido que trata de recuperar el favor del electorado tras las penalidades que lo hundieron en años previos y que compite en un escenario al que llega y se encuentra colmado de muchos actores nuevos, pequeños algunos  y desafiantes a cual más. Y en igual sentido, aún resta por conocer qué caudal se aseguró por el lado de las regidurías municipales.

El partido Acción Ciudadana perdió dos alcaldías. Le fue bien, en un contexto en el que el gobierno (que salió de sus filas) padece una sofocante impopularidad, vive atrapado en una crisis de liderazgos y confundido por la convulsión de fuerzas centrífugas que le complican la marcha. Era para que el PAC no sacara un solo alcalde. No le fue así, empero. Quizás sí, quedó reducido a sus verdaderas dimensiones, ahora solo y sin los contingentes foráneos que le inyectaron votos para triunfar en 2010 y 2018.  Cuando concluyan los conteos, se podrá precisar si el PAC quedó dentro de los límites de una modesta agrupación o si el número de regidores elegidos con su bandera permite interpretar que hubo un castigo al partido y a la administración Alvarado Quesada.

Son las mismas reflexiones que caben hacer, por ahora, respecto al Frente Amplio, a Restauración Nacional y a Nueva República, a los que se les escaparon las alcaldías como igual se les difuminaron las masas que en otras campañas les dieron fuerza parlamentaria significativa. Sin alcaldías, pero ¿habrán asegurado presencia en los ayuntamientos? ¿Qué se hizo la fuerza motora de esos partidos pentecostales, la que los puso al borde del mandato presidencial?

Un hecho que habrá que precisar es la irrupción de partidos cantonales en cantidad significativa, algunos con el imán apropiado para conducir atractivas candidaturas al posesionarse de alcaldías y ayuntamientos, quizás al amparo de los efectos de la alta abstención habida. Solo el tiempo dirá si llegaron para quedarse y si sus candidatos significan algo más que la aparición de un oportunista.

Esa irrupción de partidos cantonales, sin embargo, no significó una masiva movilización de electores. El abstencionismo fue prácticamente del mismo tamaño que en 2018 pero ese fraccionamiento del poder partidista puede constituir un mensaje de lo complicado que a futuro –tras la campaña venidera y en el gobierno que de ella salga– puede resultar poner a andar este país.

Temo que ese cuarteamiento del escenario partidista no resulte ser una muestra de madurez política.

Vale lo mismo respecto a algunos partidos de corte cantonal que consiguieron hacerse de la alcaldía respectiva. ¿Cómo les iría respecto a regidores y síndicos?. Amén de la razón de su triunfo: en más de un cantón el favor del electorado se inclinó por un candidato con hoja de servicios en la municipalidad reconocida y aplaudida, no importa si se cambió de divisa. No es un resultado, entonces, para legitimar la interpretación de que el elector votó por el partido cuando más bien parece que votó por un "repitente" con buena traza. El conteo final dirá si los méritos son del partido cantonal o son del viejo zorro que cambió de divisa.

Bien puede darse el caso del "voto castigo" cual sería el caso de un electorado fastidiado con las torpezas del alcalde candidato a la reelección que se inclinó por una papeleta por varias razones sugestivas. Sin que medie –por lo demás– ninguna adhesión ideológica ni ninguna aspiración filosófica. El candidato del partido Unidos Podemos en Oreamuno enfrentó a una alcaldesa  tachada por sus torpezas. Y ese rival salió electo por algo que nada tiene que ver con posiciones ideológicas, como lo quiere interpretar ese novel partido de derecha.

¿Cómo quedó Liberación Nacional en la municipalidad de Cartago? Perdió ruidosamente la alcaldía pero resta por ver cómo quedó por regidores y síndicos. Y perdió la alcaldía por una reacción viral que brotaba en los ámbitos cartagineses asqueados por un candidato liberacionista totalmente desprestigiado al cual, no obstante, las instancias de poder del PLN no quisieron vetar.

Jugó allí en el cantón central de Cartago una valoración ética que no se hizo presente en otros cantones donde también andaban a la caza de los votos ciudadanos con la hoja de servicios manchada.  El caso más sonoro y crujiente es el del alcalde del cantón central de Limón, con toda clase de linchamientos a la vista que, no obstante, de nada valieron para sacarlo de la liza. Ganó y por amplio margen. ¿Y cómo quedaría el capítulo de los regidores en ese municipio? Hay que esperar resultados y determinar si ese controvertido alcalde consiguió hacerse también de una coraza protectora a la hora de conformar las papeletas, lo que plantea una incógnita sobre el futuro de esa municipalidad y lo que consiga develar la anunciada "auditoría forense".

Tema amplio y para otro comentario es el del alto nivel del abstencionismo. Que es tan grande como el que se registró en anteriores comicios municipales. En uno y otro cantón el alto abstencionismo determinó la suerte de la elección. Señal, desde luego, preocupante  por lo que respecta a la calidad de nuestra democracia y a los riesgos que está corriendo la institucionalidad cuando su destino queda en manos de minorías mínimas que sí concurren a votar.

Ahí está el caso del ya sempiterno alcalde de San José. Ha sido reelecto pero por la gracia y el favor de un contingente que ni siquiera se aproximó a representar el 10% de la población electoral inscrita en el cantón central de San José. ¿Cómo quedaría la distribución de las sillas en esta, la principal corporación municipal del país?

¿Qué factores están incidiendo en esos altos índices de ausentismo electoral? El  riesgo para la calidad de la democracia es alto.

No es abstencionismo electoral

Por Orlando García Valverde

No hay abstencionismo electoral (es el nombre que se le ha puesto al fenómeno, pero en el fondo es un error) y a quien me argumente lo contrario de lo que voy a exponer que me lo demuestre.  Pero con números, en plata.

¿Y si no concuerda mi ideología política con la de ninguno de los partidos registrados?  El TSE no puede obligarme a votar por ninguno de los registrados.  El TSE no garantiza la representatividad de quienes no concordamos con ninguna de las ideologías partidistas registradas.  ¿Entonces qué? ¡Que no me fastidien con filosofías baratas y la responsabilidad de votar!

El pueblo no se abstiene;  aplica la lógica, su sabiduría natural, hace números y hace entonces lo que le resulta lo menos perjudicial para su condición personal y familiar;  se le presenta un menú con el que nada tiene que ver, igual que con el menú de un restaurante que ha sido hecho por alguien a quien ni conoce, y se decide por lo que menos gasto personal le implica y por lo que menos extraño le suena;  se ahorra el esfuerzo y el gasto de ir a dar un voto;  es lo lógico que haga el ciudadano ¿no?

Si se le ofrece sarson ki gilawat, cordero con reducción balsámica, bogavante termidor, borscht, steak tartar, ratatouille, gallo pinto con huevos a la sancarleña y de beber una variedad de riojas y chateaus añejos reserva y fresco de tamarindo, ¿por qué se decidiría el ciudadano normal, medio?  Ese es un aspecto del fenómeno.

Le toca al aspirante a alcalde, a diputado y a presidente mostrarse, ir a todos los rincones, explicarle a todos los electores quién es, qué va a hacer y cómo va a hacerlo.  No le toca al ciudadano ir a buscar a todos los candidatos y averiguar quiénes son, qué hacen, si le merecen confianza, si le caen bien, etc.  Si no van ellos al ciudadano, puerta por puerta, barrio por barrio, ellos no van al candidato.

El costo del acicalamiento, del transporte y cualquier otro asociado con ir a votar es considerable y fuera del alcance de la economía personal en el caso de miles de ciudadanos.  Para mucha gente 500 colones ya "es plata" cotidianamente.  Lo ha sido para mí en algunos momentos de mi vida en que me he encontrado en condición crítica de subsistencia.  Yo lo entiendo y por cierto han sido momentos en los que he descubierto que mi magnífica ideología política no me solucionaba absolutamente ningún problema ni me daba de comer.

Otro aspecto del fenómeno son los defectos y problemas que vienen afectando al cantón por décadas y el incumplimiento de promesas de todos esos desconocidos que han venido ocupando el cargo y que no han dado a los infortunados pobladores ni siquiera una oportunidad directa y personal como para que sientan que la persona aspirante les ha "caído bien";  que los ha inspirado con su mirada directa, con el tono de su voz, con lo que sea, hasta con su mascotita o su sonrisa.

El ciudadano es más astuto que los partidos políticos y que sus candidatos;  los candidatos no son aportados por los pobladores.  Entonces se ahorran el esfuerzo de madrugar, vestirse y acicalarse, pagar por el transporte y por los gastos afines, para ir a votar por desconocidos y sus promesas.

Jamás en 100 años ha pasado por la casa ningún alcalde o jefe político de San José para ver cómo andan las cosas o para saludar a pesar de que somos de San José desde finales del siglo 19 e inicios del siglo 20.  No de rincones remotos del Cantón Central sino del centro del Cantón Central;  mi casa, la de mi familia, está nada menos que en la Calle Central de San José.  E incluso a pesar de que algunos de la familia han sido personajes prominentes en sus profesiones, en el servicio público, hasta en la política, nadie ha conocido personalmente a ningún alcalde de San José y hasta donde lo sé, ninguno ha sido residente de ninguno de nuestros barrios.

Tiene la razón el inconforme de no hacerse un viaje en vano.  Nadie es tan ingenuo como para confiar ciegamente a base de buena fe en la propaganda electoral, porque además es la misma con distintas palabras para todos los partidos.  Da lo mismo uno u otro:  todos por el bien absoluto, ninguno por el mal.

En países altamente desarrollados y poderosos los alcaldes van por todos los rincones de sus distritos y conocen personalmente a muchos de sus habitantes y les dan la oportunidad de conocerlos a ellos personalmente.  Lo he visto;  pero además son escogidos por los de los barrios directamente;  los escogen los pobladores de entre ellos mismos;  no se los escoge nadie más y menos partidos políticos a cuyos fundadores económicamente poderosos menos van a conocer jamás.

Se cacarea que es todo democrático.  Pero mientras no sea la ciudadanía, no los partidos políticos, quien escoge de entre su gente directamente a los candidatos a alcalde a presidente, a diputado, no hay tal democracia.  Sólo los pobladores de cada sitio saben bien quiénes son los activistas y los puntuales, los eficaces y tesoneros pero sobre todo los honestos y suficientemente instruidos e inteligentes para ejercer el mando pero no pueden ni proponerlos.  Si quisiera hacerlo tendría que comenzar por formar un partido político.  "…solo es procedente la postulación e inscripción de candidaturas que se planteen por medio de estructuras político–partidarias." (página 5 de la publicación "¿Cómo se inscriben las candidaturas a los cargos de elección popular en Costa Rica?" – Editorial IFED–TSE, Número 4).  Entonces ¡formemos un partido! ¡Ajá! ¿Y con qué plata?

Y aquí es donde entra la plata en la ecuación.  Mucha plata.  Y ahí es donde entran los poderosos económicamente, los grupos de interés, las empresas publicitarias, la propaganda carísima, el capital, las cámaras, etc.  Los que forman los partidos y nos escogen los candidatos a todo porque son los que convienen a esos estratos de poder metálico real.  Ah y sólo se habla en lenguaje macroeconómico: "la economía", "el tipo de cambio", "el mercado de valores", "la tasa LIBOR, la industria turística, "el precio del petróleo", el sector importador–exportador…

¿Y el barrio, la pulpería, el bus, las facturas de luz, agua y teléfono del ciudadano?

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