Escúchenos en línea

En busca del jefe de la contrarrevolución

13 Mayo 2019
En busca del jefe de la contrarrevolución

Por Manuel Espinoza

En una nota relacionada con las acciones clandestinas actuales de política exterior norteamericana hacia Venezuela me refería a la actividad de reclutamiento y selección de los líderes políticos y militares para dirigir la contrarrevolución en todos sus niveles. Desde la oposición política y calentamiento (protesta) permanente en las calles, paramilitares y hasta la conducción del falso liderazgo de la intervención militar USA, es una actividad característica permanente de la labor de estas agencias.

Es que el reclutamiento y selección de sus agentes bien ubicados en lo más profundo del gobierno en la guerra política, es el pan de cada día en la estrategia de desestabilización y control de las naciones. Poco después de publicar aquella nota, el Presidente de Venezuela Nicolás Maduro denunció al pueblo la traición de su jefe de inteligencia por haber sido reclutado por la CÍA.

En el caso de Nicaragua, esto no es nada novedoso. No una vez escuché al Comandante Lenin Cerna preguntarle al público en diversas asambleas "¿Cómo entender, que el ex viceministro del interior tras la derrota electoral en 1990 se fue a estudiar a Harvard?" En Nicaragua ese accionar lo observamos a lo largo de la guerra de agresión imperial en los años 80 y aunque por muchas razones –y muy interesantes todas por cierto– los norteamericanos nunca lograron tener ni un liderazgo político para su fuerza contrarrevolucionaria, ni un liderazgo unido entre el directorio político y el mando militar, la acción como tal tiene un peso sustancial en cuanto al engaño político del pueblo muy bueno.

No hay duda que en la figura de Enrique Bermúdez (conocido como 3-80) si logró unificar militarmente a la Contra, aun con sus altos y bajos. Pero ninguno de los del directorio político, que algún día estuvieron puede darse el lujo de ni siquiera insinuarlo que ellos tuvieron el mismo peso y aceptación gringa que Bermúdez. Ni ellos mismos se lo pueden explicar aun hoy día.

La razón es sencilla. Al Pentágono le gustan aquellos con experiencia y reconocimiento militar. Mientras tanto la Central de Inteligencia siempre trata de encontrar aquel líder que políticamente pueda generar a miles de seguidores en su campaña desestabilizadora. Entre más la pertenencia de este líder provenga de la izquierda y sobre todo de su liderazgo, mejor cumplida la tarea.

Podemos hacer toda una lista con este tipo de característica desde los primeros seleccionados para este propósito en 1980, 1981 y 1982 como José Francisco (Chicano) Cardenal, quien ya había sido el vicepresidente del Consejo de Estado del recién Gobierno Revolucionario en 1979; Guillermo Mendieta (hasta muy amigo de Omar Torrijos), hasta Alejandro Martínez Sáenz, un ex guerrillero desde los tiempos del General de Sandino, Ramón Raudales. Este personaje vivió en Cuba y peleó en el Frente Sur con el FSLN. En enero de 1981 fue invitado a Washington donde gente del Pentágono, del Departamento de Estado y de la CÍA le propusieron encabezar el liderazgo político de la Contra. Y ya ni se diga el famoso Comandante Edén Pastora; sobre quien no necesitamos explicar sus antecedentes y recorrido político.

Pero Pastora al igual que los tres anteriores nunca deseó compartir liderazgo alguno en la contrarrevolución con Enrique Bermúdez, cuya procedencia de la Guardia Nacional somocista "les causaba apatía política". Pero a la CÍA y al Pentágono no. Por eso, aun con las revueltas internas de los mandos militares de la Contra, Enrique Bermúdez fue siempre impuesto por sus jefes norteamericanos.

El único momento difícil de superar para Bermúdez fue sentir en carne propia y entender la lógica de la CÍA, cuando en la voz de Duane R. Clarridge, jefe de la División Latinoamericana de la CÍA y el encargado directo de dirigir la guerra contra la Revolución Popular Sandinista (RPS), le dio una orden que implemente debía acatar: "Pastora dice que no quiere nada con la Guardia. Si Pastora acepta nuestra propuesta, él será el jefe de todo el proyecto Contra (Norte y Sur) y dejarás de ser hasta el jefe del FDN".

Para la CÍA, Pastora era la cara de la guerrilla sandinista, del héroe descontento con el "régimen marxista–leninista" en Nicaragua. Entonces, por primera vez, la cara de la contrarrevolución no sería la de un GN somocista, y su guerra criminal se justificaría y limpiaría en 180 grados, para lo cual la CÍA estaba dispuesta a doblar a su rey militar por una figura que venia del bando contrario.

Recuerdo que en un acto conmemorativo de la Toma del Palacio, conocida como "Operación Chanchera", le pregunté a Pastora sobre su negativa a aceptar y su respuesta fue: "Hermano, esa pregunta merece siete tomos de respuesta".

Y dilató 37 minutos de duración su respuesta. Un episodio muy interesante en la historia de nuestro país y que lamentablemente se desconoce (pero que en todo caso será objeto de otra nota analítica).

Para Bermúdez no es que era incomprensible la estrategia. El mismo conocía, que entre los réditos de usar primero a nivel macro a Argentina para el entrenamiento de la Contra (FDN) era una buena jugada política exterior , pues era un país de Latinoamérica el que daba la cara contra Nicaragua y no los Estados Unidos, los intervencionistas de siempre. A nivel micro la figura de Pedro Joaquín González (Dimas), un guerrillero de la columna del Cmte. German Pomares (El Danto) era la cara del campesinado guerrillero antisandinista. Fue tan exitosa la medida de confusión, que hasta hoy día los campesinos que fueron de la resistencia mencionan a Dimas como "el padre de la verdadera Contra" y en los libros escritos por los norteamericanos así se le menciona.

Con la negativa de Pastora, se salvó Enrique Bermúdez, pero la CÍA jamás pudo conseguir a un líder con mayor o igual imagen que pudiera meter ruido y confrontar el liderazgo de la Revolución Sandinista. Arístides Sánchez, Pedro Joaquín Chamorro (hijo), Alfredo César (Siete Puñales), Jaime Morales Carazo, Adolfo Robelo, Azucena Ferrey, Adolfo Calero y tantos otros que llegaron más tarde (que no merecen ser mencionados) ni juntos en un solo directorio político lograron convertirse en ese líder político para la Contra y el pueblo nicaragüense en general que tanto buscó la CÍA en esa década.

No fue hasta que después de otro enorme listado de políticos locales que se le presentó la figura de doña Violeta Barrios viuda de Chamorro, con una historia muy ligada a la izquierda por la lucha de su esposo contra Somoza. Ella fue miembro de la primera Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional entre 1979 y 1980, con hijos en la Contra y en el FSLN. Fue seleccionada para ganarle las lecciones de 1990 al FSLN y destruir a la Revolución Popular Sandinista.

Los resultados electorales los conocemos. En todo ello estriba la importancia del dominio de nuestra historia y lo vital que resulta comprender la tarea de reclutamiento por parte de la CÍA de un "Caballo de Troya" en los pueblos: me refiero a los falsos líderes. Lo que no logró la CÍA en la guerra lo logró en las elecciones. Aunque a decir verdad los del Departamento de Estado y los de la CÍA se disputan esta victoria del uso de la Violeta en su objetivo de derrocar al Frente Sandinista del poder.

De lo que sí estamos claro es que la búsqueda, selección y reclutamiento es una tarea de todas las agencias de política exterior norteamericanas en sus acciones de agresión y penetración a las naciones.

Comentar     Arriba

Descarga la aplicación

en google play en google play