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Elvis Díaz Romero, el mozuelo que desafió a la Guardia y venció la muerte

16 Agosto 2019
Elvis Díaz Romero, el mozuelo que desafió a la Guardia y venció la muerte

Elaborado con textos de Ramón Elías Gutiérrez Torres, entrevista a Isabel Romero de Díaz y otros escritos biográficos

Elvis nació el 18 de agosto de 1961, en el barrio Buenos Aires, en Managua. Tenía aspecto pequeño, tez morena y era muy sonriente. Fueron sus padres José Félix Díaz e Isabel Romero de Díaz. Era el tercer hijo de seis que tuvo el matrimonio: Mauricio, María Luisa, Elvis, Silvia, Sergio y Manuel Díaz Romero.

Su padre, José Félix Díaz, quien nació el 19 de marzo de 1936 y murió el 28 de abril de 2017 a los 81 años, era obrero y amante del deporte, especialmente el beisbol; estudió su primaria en el Instituto Loyola de Managua. Su mamá, Isabel Romero, terminó sus estudios de sexto grado y es ama de casa. Elvis Díaz veía la esperanza en sus padres y desde temprana edad muestra preocupación por toda la injusticia social que vivía la clase obrera.

Elvis realizó sus primeros estudios en la Escuela Santiago Argüello. Llegó hasta el 4to grado. Conocido desde niño como "La Pulga", siempre mostró rebeldía ante las injusticias de algunos maestros. Su madre cuenta que "cuando estaba en 5to grado se rebeló contra los profesores, porque ellos querían exigirle que limpiara los servicios higiénicos. Él se opuso al castigo junto a sus compañeros de estudio, y decidieron que no limpiarían inodoros porque el centro tenía un bedel, encargado de la limpieza".

Le decía a la Directora el centro escolar donde recibía clases, cuando ésta, como castigo, lo mandaba a lavar los servicios higiénicos del centro educativo, y lo reprimía diciéndole que no entraría a clases hasta que llegara con su mamá: "Si usted me exige, no lo haré, pero si me lo pide con buenas maneras, entonces sí, seré bastante flexible".

La profesora tomó revanchismo contra los muchachos y los apodó como el "grupo de los vagos". Por ese motivo, Elvis se trasladó a estudiar al Colegio Salesiano don Bosco, donde aprobó 6to grado. Los religiosos del centro quisieron enviarlo a El Salvador convertirlo sacerdote, pero había inconveniente, él siempre protestaba por las injusticias. Empezó organizando jóvenes de 14 o 15 años. Platicaba con su profesor que estaba en desacuerdo con uno de los sacerdotes del centro, porque era grosero con los alumnos. También comenzó a pintar en las paredes dibujos anti-somocistas. Sus compañeros conocían las barbaries cometidas por la dictadura. Tomaban conciencia.

Mi hijo desde pequeño tenía convicción política, sus compañeros lo elogiaban por eso, desde pequeño entró en la lucha y fue valiente".

Sus padres se suman a la lucha

A través de sus padres, los hermanos Díaz Romero conocieron los sucesos del 22 de enero de 1967, donde el pueblo fue masacrado por la Guardia Somocista. Elvis tenía apenas seis años. Cuando sus padres le llamaron la atención por andar involucrado en actividades insurrectas, él les contestó: "nada ni nadie quitará mis ideales y si voy a perjudicarlos, mejor me iré de casa". Ellos comprendieron la posición política de su hijo y tiempo después deciden integrarse plenamente a la lucha revolucionaria.

El hogar Díaz Romero se convirtió en casa de seguridad sandinista. Era un lugar especial para guardar armamento, comunicados, documentos secretos, y se manejaba una lista de orejas (informantes somocistas) además era un punto estratégico para refugiar compañeros de lucha. Sus hermanos le ayudaban a ocultar armas de buzón en buzón.

Isabel continúa su relato:

Estudió secundaria en el Instituto René Schick, ahí estaba mozuelo, empezó a organizar a todos sus compañeros. Llegaba al auditorio y se enfocaba en exhortarlos y llamarlos a unirse a la lucha de los profesores que pugnaban por aumento salarial. Elvis quería que hubiera salud para todos, y sobre todo que se respetara a la juventud. Por eso la directora Miriam Sandoval  decía que Elvis incitaba al desorden escolar, hace proselitismo. Varias veces mandó a llamarme, enviaba razón con mis otros hijos, Luisa, Silvia, Manuel y Sergio. Todos estudiaban en el René Schick.

Hasta que lo expulsaron. Se trasladó a estudiar al Instituto Primero de Mayo, hoy Douglas Sequeira, ahí se bachilleró. El director también le tenía desconfianza.

Cárcel y torturas

Cayó preso. Lo capturó el famoso "Macho Negro". Elvis andaba en un operativo con sus compañeros. Estaba organizado y le hallaron una granada de fragmentación en el bolso, supuestamente iban a lanzar esa bomba contra un BECAT (Brigadas Especiales Contra Acciones Terroristas), pero al momento del operativo aparecieron varios niños del colegio, y no pudieron. Viajaba diariamente a la estación policial a suplicarle al director que diera permiso a Elvis para realizar el examen final y que aprobara su quinto año. Pero me decía que era imposible porque lo iban a transferir a la cárcel modelo de Tipitapa. Esa era mi preocupación, cada vez que llegaba temía no encontrarlo. No me dejaban verlo, ni sabía que recibía la comida que le llevaba todos los días.

Supliqué al director del instituto que me diera una carta donde sustentara que Elvis Díaz no se metía en nada, que era excelente alumno; el director me dijo que no, porque "yo le tengo miedo a su hijo. Él me tira mi bombita de vez en cuando. Mire todo eso, él lo hizo, el colegio pintarrajeado con letras del FSLN".

Elvis decía que el director era somocista, porque fotografiaba a los alumnos. Las fotos del bachillerato de los alumnos se las entregó a la guardia para que llegaran a apresar a los estudiantes.

De izquierda a derecha Elvis Díaz Romero, su mamá Isabel Romero de Díaz, su papá José Félix Díaz, y su hermana mayor María Luisa.

La toma del insituto

Cuando Elvis salió de la cárcel no quisieron aceptarlo en el Colegio Primero de Mayo, regresó al Instituto René Schick. Lo aceptó de nuevo la directora Miriam, ahí se organizó de nuevo con sus antiguos compañeros, y se tomaron el centro que fue rodeado por guardias, fue cuando asesinaron a Bertha Díaz.

Mientras estuvo tomado el Instituto René Schick, las madres íbamos a dejarle comida a los muchachos, ahí pude ver a Guadalupe Cornejo, y a Idalia Cornejo quien era la novia de Elvis. Ella tenía entonces 15 años. Nos conocimos todas las madres que llevábamos alimentos a nuestros hijos. Los apoyamos en su rebeldía, aunque con cierto temor porque a veces pensábamos que la guardia nos mataría.

Logramos que se bachilleraran. El acto de graduación fue en el Instituto Boanerges Aragón, frente al Puente El Edén, en una capilla evangélica. Doña Miriam, la directora era evangélica, y para que nadie gastara en togas y cosas de celebración decidió que ahí se clausura el año.

Después entró a la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua), donde continuó trabajando en propaganda y mítines, se unía con los compañeros universitarios, cuando conoció a Luis Alfonso Velázquez Flores, compartió con él, la lucha revolucionaria.

Solidario y sensible

Mi hijo alfabetizó, anduvo por el Barrio Quinta Nina. Ahí hay una calle que bautizaron con su nombre Elvis Díaz, porque llegaba a ese lugar. Yo le preguntaba que pasa hijito, porque andás esos zapatos.

Una vez, su hermano mayor le regaló ropa y unos lindos zapatos y él los cambió por unas botas. "Estas botas son para unos compañeros mamá", me dijo, "pobrecitos, están descalzos y viven a orillas del lago, no tienen ropa". Yo le dije: "¡si vos no tenés ropa, y vas a regalarla!". "Sí mamá –me contesta– es que ellos la necesitan, son gente muy pobre". Él iba a la Quinta Nina, por ahí operaba lechería "La Selecta". Mi hijo Elvis Díaz, llegaba a alfabetizar.

Lo conocían con el seudónimo de "La Pulga". Un día vino y me dijo:

– Mamá, van a venir unos compañeros.

– ¡Ay hijito!, vos sabés que eso es peligroso.

– Si usted tiene miedo mamá, me voy a ir de la casa.

– No mi hijo.

– Mamá no quiero perjudicarla, si usted tiene miedo.

– Hijito, pero vos sabés que si la guardia se da cuenta viene a matarnos.

Luego tuve que aceptar que no se fuera y que trajera a la casa a sus compañeros de lucha, empezó a traer a muchachos, venían por la tarde a practicar arme y desarme de fusiles, lo hacían en el piso. Cierto día se les disparó un arma, los vecinos hicieron la bulla: "en esta casa se escuchó una detonación", decán. Nosotros estuvimos temerosos que apareciera la guardia.

Casa de seguridad, buzón de armas, escuela guerrillera

Aquí estuvo Ramón Cabrales. En esta vivienda guardábamos armas, productos químicos para fabricar bombas de contacto y realizar otras políticas subversivas. Hicimos un hoyo en el patio de la habitación, el cual tapábamos con plantas y maceta con flores.

Un día hubo un operativo. Me cuentan amigos de Elvis que era necesario manejar y ninguno sabía, pero él dijo que sí. Y a la hora del ejecutar el plan se sentó frente al volante del carro y lo manejó. Los compañeros supieron hasta después, que mi hijo no podía conducir carros.

El operativo era asaltar la casa de Abel Toledo; para ello, trajeron una valija repleta de armas, las que después enterramos en el famoso hueco del patio de nuestra habitación.

Durante esos días hubo un atraco a una pulpería cerca de la casa, nosotros sentimos miedo que la guardia pudiera encontrar las cosas. Pero Ramón Cabrales y Harry Chávez, dos jóvenes sandinistas, nos advirtieron que les hiciéramos el favor de trasladarlas a la esquina del Aserrío Amerrisque, cerca del colegio. José, su papá, tenía un montón de bates. Los rifles los guardamos en sacos, esos costales de bramante, encima pusimos varias prendas deportivas.

Salimos con los sacos, porque la cita era a las dos de la tarde; íbamos Elvis, José y yo. Cuando llegamos al punto de reunión, vemos venir varios BECAT; regresamos, no por la calle principal. Y en la noche Ramón Cabrales nos indica: desaparezcan eso, porque vendrá la guardia, ya les habían informado a ellos que llegarían a "limpiar" la casa.

Nos vamos donde la hermana de mi esposo, en el Barrio La Fuente, próximo a la Escuela Normal de Managua. En esa casa vendían rajas de leña, y la dueña hizo el favor de guardarlas en un alijo del material combustible. Luego, donde otra hermana de mi esposo, en el Reparto Schick, llevamos la pólvora, ésta tuvo pánico y botó la pólvora adentro de una letrina. Ella dijo que la guardia andaba cateando casa por casa. A los muchachos les costaba mucho comprar pertrechos bélicos. Más tarde llegaron otros compañeros a casa de la hermana de mi esposo en La Fuente, a retirar las armas, compraron una camioneta cargada de leña y ahí se las llevaron.

Nosotros guardábamos uniformes militares, armas, unas cosas de aviador, un radio comunicador, que solo quedó la carcasa. Con ese aparato escuchábamos los operativos de la guardia. A los muchachos les decían muñecos. Escuchábamos frases como: "¿Cuántos muñecos hay?" "¿Cuántos muñecos cayeron?" "Gavilán… Gavilán...".

El muchacho de los ojos claros

Aquí venían varios muchachos, yo les preguntaba: de dónde son ustedes, me decían de algún lugar de Nicaragua. Pues ya sé, les respondía, solo los conocía por sus seudónimos. Ellos me decían: usted sabe qué significa tener un sandinista en su casa, "es la muerte".

Una noche apareció un joven con una pistola y varios folletos, yo los agarré y los metí detrás de unas láminas de zinc, en el patio había una cocinita, ahí los teníamos escondidos. Esas cosas se salvaron después de un cateo.

Otra noche viene Elvis y me dice:

– Mamá, hágame un favor. Yo sé que la estoy perjudicando, pero quiero que me oculte a un compañero en la casa, a medianoche lo vendrán a traer.

Entró el muchacho, venía herido, era de Jinotepe. Le pregunté cómo te llamas, él me dijo Roberto; era su seudónimo. Cuatro años después del triunfo de la revolución, el mismo chavalo apareció: "¿Se acuerda de mí?", yo le dije "sólo conozco tus lindos ojos claros". "Soy el sandinista de Jinotepe, vine herido y usted me curó, me echó alcohol y otras medicinas en las heridas".

Mi hijo traía a sus amigos y decía que era injusto lo que estaba pasando. "Mire mi pobre papá, es chofer, a él no le ajusta para darle estudio a todos sus hijos. No gana para pagarnos la universidad, por eso es que luchamos, para que haya universidad gratuita, y todo lo necesario para el desarrollo del ser humano".

En un acto en el día de las madres, aquí en la Escuela Normal de Managua, Elvis participó, yo andaba grabada su voz, pero un día un ladrón nos robó la grabadora y ahí se fue el cassette que guardé por años. Para ese evento, el día de las madres, me dijo que necesitaba una cotona con una cinta negra y roja. En ese acto él hizo un llamamiento a la concientización a los asistentes.

Fundador de la AES

Entre muchas tareas, Elvis organizó en sus colegios la Asociación de Estudiantes de Secundaria (AES), con compañeros de clase como El Chino León, Jeannette, Machito, El Pipe, El Tío, Cuauhtémoc; entre todos realizaban pintas en los pabellones del centro educativo. Su objetivo era promover la asociación y difundir la participación de los estudiantes en la lucha insurreccional.

Este es un dibujo a mano de Elvis Díaz Romero, para la Asociación de Estudiantes de Secundaria.

A pesar de su corta edad, fue ejemplo de disciplina revolucionaria e inspiraba respeto entre todos sus amigos de lucha y compañeros de estudio. En su tiempo libre practicaba deporte y música.

Cayó preso, fue torturado pero jamás se doblegó. Ingresó a una escuela guerrillera clandestina determinado por su militancia y alto valor revolucionario. Fue el primero y más destacado entre sus compañeros, participó en innumerables operativos que lo forjaron como auténtico y legítimo dirigente sandinista. Sus compañeros recuerdan que su lucha contra la dictadura era incansable. Planificaba y ejecutaba hostigamientos y resistencia urbana en la Colonia 14 de Septiembre, Reparto Schick, Barrio La Fuente, La Rebusca, El Riguero y La Colonia Nicarao.

Organizó a los jóvenes y vecinos en los Comité de Acción Popular (CAP), en los barrios Santa Clara, Quinta Nina, Santa Rosa, Colonia Nicarao y Catorce de Septiembre.

Participó en el enfrentamiento armado contra la Guardia del Barrio Waspán, donde recupera una ametralladora 50, entre otros pertrechos bélicos. Actuó en asaltos a las viviendas de los esbirros somocistas como Abel Toledo y el capitán Wislow, de la Fuerza Aérea (FAN), recuperando ametralladoras UZI y otras armas de guerra, gran cantidad de uniformes verdeolivo y otros pertrechos militares.

La emboscada que le costó la vida

El sábado 24 de marzo, las fuerzas guerrilleras de los barrios orientales ejecutan un gran operativo. Humberto, como conocían a Elvis Díaz, decía a sus compañeros de lucha: "¿Te acordás lo que teníamos para el sábado pasado? ¡Lo haremos mañana! ¡Ya sabés!". Los buzones fueron desenterrados y las armas limpiadas.

Este operativo había sido planificado estratégicamente una semana antes. A las seis de la tarde no debería haber nadie de los muchachos que no estuviera armado. Todos han logrado diseminarse hasta dejar solitarias las calles. A las cuatro de la tarde inicia el enfrentamiento armado contra la guardia somocista.

Tres escuadras participan en la ejecución de un acto heroico, cuyo propósito era demostrar la "Unidad Sandinista". Una escuadra se desplaza sobre el By-Pass, hasta el callejón de "Río Seco", en la Colonia Nicarao. La segunda se ubica entre el sector de la cantina 007 y el semáforo de Rubenia, y la tercera escuadra, en la Farmacia González, para dominar los tres flancos de ataque, pero estos últimos no se presentan por varios factores que se conjugan, entre ellos la inseguridad.

Minutos antes, bajo la acción coordinada de las tres tendencias del FSLN, comandos de asalto hostigaron varios cuarteles de Managua y logran descontrolar al aparato represivo, haciéndolo llegar hasta los puntos donde se les ha preparado estratégicamente una emboscada.

Pero la guardia no entró al sector. Las escuadras guerrilleras se mantuvieron tendidas durante dos horas, pues las posiciones ocupadas eran favorables. Humberto estaba ahí, con su Carabina 30-30, moviéndose ligeramente y deteniéndose a ratos, apuntando, disparando y cambiando posición de nuevo. Buscando puntos seguros para defender y atacar.

El volumen de fuego de las armas ligeras de las tres escuadras fue el factor fundamental por el cual se presentan varias unidades de BECAT. El choque de fuerzas es mayor de lo que se esperaba; se suponía sería un operativo rápido. El fuego aumenta cada vez más y llegan refuerzos de la Guardia.

"Humberto" estaba ubicado en el sector de "Río Seco", una calle ubicada en el costado sur de la Nicarao, recibe y ejecuta la orden de "repliegue en escalonada". Unos se miran, otros hablan, todos disparan. Se han comenzado a mover las columnas de primeros combatientes, mientras otros cubren la retirada desde sus posiciones. Se parapetan, se toma posición y se cubre nuevamente el sector.

Elvis llega hasta el callejón del mercadito San José. A 20 varas tiene un FAL que se ha enconchado; se cubre y dispara incansablemente; de esto depende salvarle la vida a los otros compañeros. Los combatientes salen de la línea de fuego.

El operativo armado ha durado desde las 4 de la tarde hasta las 8:30 de la noche, dos horas y media de combate contra la guardia. Todos están en los puntos de seguridad, pasa la noche comentan los hechos y vigilan. "En la casa por donde hirieron a "El Gato", un paramilitar, hizo varios disparos", comenta uno al grupo.

Sin que ellos se enteraran de lo ocurrido, Humberto quiso ayudar a su compañero herido. Ocurrió cuando "La Pulga" avanzaba hacia una casa cerca del mercadito. Ahí tomó posición de tiro y disparó incansable. En eso "El Gato" cruza la calle. Suenan dos balazos de rifle calibre 22 y se oye un grito: "¡Ay!". Le han herido en la pierna. "La Pulga" se percata de lo ocurrido y corre a socorrerlo pero queda atrapado en el cerco tendido por el enemigo.

Un error mortal

En su intento por escapar, "La Pulga" se lanzó el muro para ingresar a una casa de la Nicarao, sin saber que ahí vivía el oreja somocista Saúl Calderón, quien le asesta dos disparos en el tórax. Luego lo tortura y lo entrega a un nutrido grupo de guardias, quienes arrastran su cuerpo hasta el fondo de la misma vivienda para continuar golpeándolo. En el suelo y sangrando profusamente, le dan una patada. Un culatazo le rompe la nariz, otro culatazo en una de sus piernas. Los guardias halan el cuerpo hasta el bulevar en donde lo rematan y suben su cadáver a un vehículo BECAT.

El sábado 24 de marzo de 1979, habían asesinado a Elvis Humberto Díaz Romero, quien cumplió así la consigna revolucionaria de "Patria Libre o Morir".

Esa noche andaba su reloj y sus botas, pero la guardia los robó. A la familia solo le quedaron algunas de sus pertenencias: su camisa y su camiseta, con los dos orificios que causaron los proyectiles en el tórax; sus cuadernos y varios documentos. Ahora son reliquias que se conservan como huellas que "aquí anduvo un sandinista".

Además de portar su eterna arma niquelada bautizada "Espray", Elvis siempre llevaba consigo otras pistolas, las que repartía en los operativos. Siempre llevaba colgado en el cuello un crucifijo. También andaba una lista de nombres de somocistas informadores conocidos como orejas. Y en una página sucia, doblada y rota, había escrito algunos de sus pensamientos.

El día de su entierro el pueblo de Managua lloró al héroe que partía hacia los caminos de la historia. Desde la salida de su casa se veían más de 5 mil jóvenes marchando. Aparecieron mantas y pancartas en protesta contra la persecución inhumana de la dictadura somocista contra el pueblo y la juventud nicaragüense.

También los alumnos de secundaria vitorearon su nombre durante la multitudinaria marcha acompañando a la familia desde su casa de habitación hasta el cementerio Periférico donde reposan sus restos mortales. Al entrar al camposanto, sus compañeros colocaron sobre el féretro una bandera roja y negra.

Resucitado en las obras de la Revolución

40 años después, a su madre le continúa doliendo la muerte de su hijo, pero también sabe que los sueños de aquél mozuelo hoy son realidad. Ella recuerda qué ocurrió después que la Guardia asesinó a su muchacho:

Aquí en la esquina del Bypass de la 14 de Septiembre mataron a José Ángel Benavides. Este mártir me regaló un libro que se titula "Madre Patria", yo lo enterré envuelto en plástico. Dejó escondido un brazalete con el número cuatro y una boina, todo lo guardé. Pero cuando mi esposo cayó preso desaparecí todo, porque me indicaron que me fuera para Bello Horizonte. En un camión nos trasladaron. Ahí pasé la guerra, eso era horrible, en esas circunstancias nació mi otro hijo. El día que se llevaron preso a mi esposo, de los nervios di a luz, tenía el niño cinco días de nacido cuando pasamos a refugiarnos en Bello Horizonte.

Vi morir tantos muchachos, los enterraban en tumbas colectivas. En la zona no había agua, ni luz, la guardia lanzaba bombas de quinientas libras, estaba a cargo de ese refugio la doctora Lea Guido, que fue Ministra de Salud después del triunfo de la revolución. Yo llegaba a inyectarme contra la infección.

Cuando buscaba a mi esposo nos decía la guardia en la cárcel: "a todos esos presos ya los quemaron". Y a ellos que estaban presos les decían: "ahí no hay nada en Bello Horizonte, bombardeamos todo el lugar, eso desapareció". Era tortura sicológica.

Nosotros estábamos en una casa de concreto, hasta el techo. Los habitantes se fueron y todo quedó desolado, pero el colegio de Bello Horizonte, lo usaron como hospital, ahí llegaban los heridos. Los fallecidos eran cargados sobre puertas, en camillas construidas de madera, nosotras perecíamos día y noche. Estaba refugiada con mi hija y a mi niño recién nacido le puse Elvis, reponiendo a mi hijo mártir.

Hoy como madre me siento gozosa, de ver como el sueño que tuvieron los verdaderos sandinistas, como mi hijo y sus compañeros, se está cumpliendo. Ya no lo pudieron ver ellos, pero estamos aquí, nosotros sí, logramos verlo. Yo me siento feliz por eso, se ha cumplido todo lo que ellos desearon. Eran muchachos jóvenes que merecían gozar, bailar, hacer sus vidas. Pero en su mente estaba otra cosa, la revolución.







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