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Carlos Fonseca: el escultor del sandinismo

08 Noviembre 2019
Carlos Fonseca: el escultor del sandinismo

Por Arturo Cárdenas Alvarado

Carlos Fonseca nació el 23 de junio de 1936 en Matagalpa. Al morir combatiendo a la guardia somocista en las montañas de Zinica, el día 8 de noviembre de 1976, recién había cumplido 40 años de edad.

La etapa de ascenso de la lucha revolucionaria en Nicaragua - iniciada con el ajusticiamiento del tirano Anastasio Somoza García por parte del Héroe Rigoberto López Pérez el 21 de septiembre de 1956 – trae consigo a una nueva generación de revolucionarios ( entre los cuales se cuenta a Fonseca ) del seno de la cual saldrían los futuros fundadores del Frente Sandinista de Liberación Nacional .

Carlos, indiscutiblemente, es el más destacado de aquellos hombres.

Fogueado en la lucha anti somocista en la época del flujo revolucionario, Carlos se dedicó con empeño a forjar un destacamento popular dotado de una ideología y una dirección revolucionaria. Encontró en Sandino el camino y por aquella senda histórica marchó y encabezó la lucha " bajo la guía de las más avanzadas ideas revolucionarias".

En el proceso de construcción del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), Carlos Fonseca definió con claridad y sin ambages de ningún tipo los ejes básicos de nuestra ideología y práctica revolucionaria: Sandino, Marx y el Che.

"Nosotros – dice Carlos - al trazarnos seguir la lucha revolucionaria, nos guiamos por los principios más avanzados, por la ideología marxista, por el comandante Ernesto Che Guevara, por Augusto César Sandino".

En estos tres pilares, el fundador del FSLN cinceló el sandinismo.

Carlos no sólo rescató a Sandino del ostracismo al que había sido condenado por la oligarquía libero conservadora en contubernio con el somocismo y el imperialismo yanki, sino que lo eleva a la categoría de ideología y praxis revolucionaria.

En su famosa proclama "Desde la cárcel yo acuso a la dictadura ", suscrita por Fonseca en la prisión de "La Aviación", en Managua, en 1964, el fundador del FSLN expone la necesidad de "formular una ideología revolucionaria nacional" que guie a los revolucionarios nicaragüenses en la lucha por la liberación nacional.

"(…) el revolucionario nicaragüense – plantea Carlos en dicha proclama – debe abrazar una doctrina que conduzca en forma victoriosa al pueblo de Nicaragua hacia la liberación. "

Y luego, ubicando a Sandino como fuente histórica del sandinismo, expone: "Creo que debemos profundizar en el estudio de la experiencia sandinista y de los documentos del gran héroe, lo cual servirá para guiarnos más certeramente en la lucha patriótica".

Sandino, en el fragor de la batalla en contra de la intervención imperialista en nuestro país, configuró un cuerpo de doctrina que - diseminado en cartas, partes de guerra, manifiestos, entrevistas y relatos - le dio sustento ideológico a su lucha y solventó con creces la carencia de un pensamiento revolucionario en Nicaragua que guiara a las masas populares por los caminos de la revolución proletaria.

Coherente con su prédica, Carlos Fonseca, luego de un profuso estudio de la experiencia sandinista, estructura primeramente el "Ideario político del general Sandino", documento en el cual sintetiza el conjunto de ideas que caracterizan a Sandino, englobándolo en seis temáticas fundamentales, tales son: La ira del pueblo, Programa para los problemas sociales, Política revolucionaria, Internacionalismo, El imperialismo yanki y Moralidad. Luego, durante su última estadía en Cuba, escribe "Viva Sandino", quizás el estudio político más completo acerca del General de Hombres Libres.

En el proceso complejo de esculpir su obra histórica, Carlos Fonseca tuvo el acierto de incorporar al sandinismo una idea científica devenida en fuente de nuestra ideología revolucionaria.

"(…) a nosotros – escribió Carlos en noviembre de 1975 – no nos corresponde descubrir las leyes universales que conducen a la transformación de la sociedad capitalista en una sociedad de hombres libres; nuestro modesto papel es el de aplicar esas leyes ya descubiertas a la situación de nuestro país".

Sin lugar a duda, uno de los elementos esenciales del marxismo que Carlos Fonseca asume y aplica al análisis de la realidad concreta de Nicaragua, es el relativo a lo que Marx y Engels llamaban "la actuación revolucionaria práctica", expresada ésta en que no basta con entender o interpretar la realidad del país desde el punto de vista histórico, social, cultural, económico y político, sino que hay que transformar esa realidad; revolucionar la sociedad. Decía Fonseca: "nos proponemos liquidar el sistema económico y político que impera en nuestro país para sustituirlo por un sistema nuevo y superior".. Es decir, liquidar el sistema económico y político dominante en Nicaragua "para poner fin a la sociedad dividida en explotadores y explotados, a la sociedad dividida en opresores y oprimidos".

Y en dicho proceso, Carlos también se consagró en esculpir - con tesón y constancia - en la conciencia de los combatientes sandinistas una moral revolucionaria que guardara correspondencia lógica con la ética ejemplar del Che Guevara. "Fernando" (seudónimo del Che en la guerrilla boliviana) constituye el arquetipo del hombre nuevo que Fonseca anhela; hombre nuevo forjado en la práctica en el largo bregar del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

Carlos Fonseca dijo que el Che era un digno continuador de Sandino y consideró un deber de los revolucionarios sandinistas rescatar el pensamiento de Guevara sin marginarlo de la acción.

Se ha dicho, y es cierto, que si se busca en los anales de la historia difícilmente se podrá encontrar un tipo de hombre en cuya personalidad se unan – como ocurre con el Che – el hombre de acción y el hombre de ideas. El Che es paradigma; martillo y fuego para moldear el hombre nuevo. En la forja del FSLN la expresión ¡¡ "Ser como el Che" !!, más que una exhortación, es el fundamento ético del sandinismo.

Fonseca fue el artífice principal de la estrategia de la victoria sobre la dictadura militar somocista. Aun antes de la fundación del FSLN, había ya trazado las reglas y preceptos de dicha estrategia. Tal era:

1. "(…) disponer de un instrumento revolucionario de lucha (…)".

2. "(…) el derrocamiento de la opresión que sufren los nicaragüenses no puede ser el producto de determinada acción individual, sino la acción de las mayorías populares movilizadas (…)".

3. "Solamente el pueblo alzado en armas es capaz de liquidar a la dictadura somocista".

4. "La insurrección popular armada es la médula de la lucha contra la dictadura".

5. "(…) la unidad es necesariamente fundamental para el progreso de la insurrección (…)".

6. "La lucha armada sin el auxilio de otras formas de lucha no puede conducirnos a la victoria".

7. "(…) es fundamental tener entendido el desarrollo de la lucha armada, las diversas fases que la integran".

8. "La lucha revolucionaria, para culminar victoriosamente, necesita poseer una extraordinaria flexibilidad (…)".

9. "(…) preparar las condiciones para que pueda declararse la huelga popular de brazos caídos, que será el golpe final y definitivo que marcará el derrumbe del aparato de la dictadura. La huelga, al mismo tiempo, liquidará toda maniobra tendente a mediatizar la revolución y permitirá que el poder sea asumido por el Ejército Revolucionario (…)".

Carlos muere, en momentos en que el FSLN enfrenta una profunda crisis política interna: tres tendencias habían surgido del seno de la vanguardia revolucionaria como producto de contradicciones que giran alrededor de la hegemonía y control del Frente Sandinista.

Casi en el umbral de la muerte, y en medio de aquella crisis, Fonseca escribe:

"(…) la unidad no es opuesta a la existencia de un auténtico espíritu crítico en nuestras filas; por el contrario, tal espíritu de crítica constructiva le da consistencia mayor a la unidad y contribuye a su fortalecimiento y continuidad. Hay que entender que una crítica mal entendida que expone a la unidad, pierde su sentido revolucionario y adquiere un carácter reaccionario. (…) En la discusión interna cada uno debería tener presente que lo que conviene a los intereses del movimiento, de la clase y de la nación, es convencer y no vencer a la otra parte".

Tomás Borge recibe en la cárcel la noticia de la muerte de Fonseca:

"El comandante de la cárcel de Tipitapa llega hasta nuestra pequeña celda jubiloso, con Novedades en la mano, a darnos la noticia: murió Carlos Fonseca, nos dice. Nosotros respondimos, después de callar unos segundos. Se equivoca Coronel, Carlos Fonseca es de los muertos que nunca mueren. El Coronel nos dice: definitivamente ustedes son increíbles".

Explica Tomás:

"(…) cuando nosotros dijimos en la cárcel: "Carlos Fonseca es de los muertos que nunca mueren", lo que quisimos decir es que las clases revolucionarias no mueren, los obreros y los campesinos son inmortales como su proyecto histórico, eso fue, lo que quisimos decir. Carlos no podía morir porque era una síntesis, una idea no sólo inteligible sino madura para la cosecha; Carlos murió, pero no murió, eso es lo que no entendían nuestros enemigos. Carlos no murió, porque son los pueblos los que hacen las revoluciones; no son otra cosa que la resurrección de los héroes".

El sandinismo, la obra de aquel terco escultor, se yergue invicta sobre las ruinas del somocismo. Es la única ideología en la historia de Nicaragua florecida en las entrañas del pueblo a partir de un profundo proceso de concienciación, labrado en la lucha diaria por la transformación revolucionaria de nuestro país.

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