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Chile: los antecedentes de la Insurrección Popular

14 Noviembre 2019
Chile: los antecedentes de la Insurrección Popular

Por Miguel De Castilla Urbina

En estos días que los estudiantes secundarios chilenos con sus uniformes de pingüinos, durante semanas mantienen en llamas las calles, parques y avenidas de todo Chile, luchando entre otros derechos por una educación gratuita y de calidad, es importante pasar revista por los antecedentes de estas jornadas que hacen hoy parte de la historia de Nuestra América.

En este orden, hace 13 años, al final del túnel neoliberal, el 8 de junio del 2006, publique en El Nuevo Diario un artículo titulado CUANDO LOS PINGUINOS SE SALIERON DE LA VITRINA, en el que hacía referencia a la insurgencia de los estudiantes secundarios en contra de la privatización de la educación.

El texto de ese artículo es el siguiente:

Cuando los Pingüinos se salieron de la Vitrina

8 de junio de 2006.

Entre el 29 de mayo y el 8 de junio pasados (2006), las comunidades educativas latinoamericanas fuimos testigos de las multitudinarias manifestaciones de los estudiantes secundarios chilenos (los pingüinos, por el estilo y color de sus uniformes), en contra de la filosofía, estructura y organización del sistema educativo escolar de Chile, testigo y herencia en el campo educativo y cultural, de la dictadura militar que gobernó las tierras de la cueca, la empanada y el vino entre 1973 y 1990.

Para nosotros el tema podría pasar desapercibido y no tener el interés político que reviste, si las demandas estudiantiles no estuviesen centradas en aspectos que tocan muy de cerca al modelo escolar nicaragüense, copia al carbón del modelo chileno, propuesto como vitrina por el Banco Mundial, a la cual los latinoamericanos debíamos ir a ver cómo se reformaba la educación.

Con el propósito de extraer lecciones, hoy que en Nicaragua estamos a punto de cambiar gobierno y ojalá de cambiar el rumbo de la educación, nos proponemos comentar la riquísima experiencia chilena de estos días.

1) ¿En qué consiste el Modelo Escolar Chileno?

El sistema escolar chileno, igual que todos los sistemas escolares latinoamericanos, desde su fundación en 1821 por Andrés Bello, tuvo un carácter centralizado. La educación era responsabilidad ineludible del Estado. Esta tradición, fue cortada de un solo tajo en los años ochenta, con la aplicación de una reforma educacional privatizadora, en virtud de la cual, el Estado docente del pasado, pasó a tener un papel subsidiario, y el mercado pasó a ser la instancia reguladora de las actividades en el ámbito escolar. La concreción de la reforma se dio en dos ámbitos diferentes y convergentes: se cambió la modalidad del financiamiento de la educación y se descentralizó la administración de la educación. El discurso que buscaba legitimar estos cambios, planteaba que el Estado era excesivamente burocrático y por ende había que trasladar muchas de sus funciones (entre ellas la educativa) al sector privado que era más eficiente.

Desde el punto de vista pedagógico y estrictamente educativo, se transitó de la valoración del estudiante como ser humano preñado de derechos y su formación como ciudadano(a), a la concepción de éste como consumidor de servicios culturales y factor fundamental del proceso empresarial educativo. En lo profundo, el objetivo estratégico era (y es) entregar los procesos de regulación de la educación a los mecanismos del mercado, igual que se hiciera con otros servicios públicos como la energía, la telefonía, los hospitales y la seguridad social. Así, el propósito de la equidad en educación, se preveía fuera solucionado en el mercado, dependiendo de quienes por sus posibilidades económicas pudiesen comprar servicios educativos, y el propósito de la calidad educativa, como en toda empresa capitalista, se procuraba quedara en manos de quienes mostraran una mayor eficiencia administrativa, atrajeran mayor cantidad de recursos de parte de los padres de familia y a la competencia entre centros educativo.

2) El  financiamiento  a  la demanda: la  Ley de subvenciones de 1981.

Quizás la medida más importante de la reforma educacional chilena fue la relacionada con la asignación de recursos a las escuelas de parte del Gobierno, de acuerdo a la cantidad de estudiantes matriculados y a la asistencia mensual de éstos a los centros escolares. La idea del financiamiento vía subvención por estudiante, pretendió ofrecer el escenario apropiado para que los agentes del sector privado, viesen en la educación las posibilidades para hacer negocios. De ahí que la propaganda que sirvió para vender la idea estuviese centrada en principios como: la libre competencia, el fomento a la iniciativa privada, la libertad de gestión, “la educación es un buen negocio”, en suma: el lucro y las ganancias a través de la educación.

Las principales críticas a este modelo han sido, de dos tipos, por un lado, se critica que a pesar de que es el Estado Chileno quien se encarga de financiar a cada estudiante del sistema escolar de la educación básica y secundaria, casi no existen mecanismos de control que garanticen la correcta utilización de los recursos. Chile es el único país del mundo, que permite el lucro con fondos públicos, sin mayor control ni rendición de cuentas; con base a esto. Familias enteras se han hecho multimillonarias.

El tema sobre la falta de controles y transparencia respecto al uso de los recursos, se presenta acompañado de otro tema más sociológico y más profundo, sobre el cual se critica al modelo de las subvenciones educativas, este es el referido a las formas y maneras como los centros particulares subvencionados seleccionan a sus estudiantes, críticas que desentrañan la principal insuficiencia del  modelo, cual es: la contradicción entre el Derecho a la educación, (la educación como un derecho humano fundamental), y el Derecho a la libertad de enseñanza, como derecho de los empresarios privados, a fundar centros escolares como medios para el enriquecimiento personal o familiar.

Los académicos Loreto Egaña y Jesús Redondo se refieren a este tema así: “el derecho a la libertad de enseñanza ha permitido que los empresarios privados seleccionen a los alumnos que les acomodan, dejando fuera a los más pobres o  aquellos con problemas de aprendizaje... de esta manera quienes no acceden a estos colegios particulares  subvencionados, deben ir a los colegios municipales donde los tienen que recibir sin ninguna distinción; así la lógica del mercado ha funcionado como corresponde, selecciona alumnos con buenas calificaciones porque es más barato educar alumnos buenos, y los malos van al sistema público municipal”.

Betzie Jaramillo, columnista de La Nación, de Santiago, dice que algunas de las preguntas que los dueños de los centros subvencionados hacen a los estudiantes, para decidir si los aceptan o no, son las siguientes: barrio de procedencia, apellido, rasgos étnicos, profesión y antecedentes jurídicos y sanitarios de los padres, etc. todo disimulado tras exigencias de calificaciones en anteriores colegios y certificados médicos. “Buscan prestigio – dice Juan García Huidobro del CIDE – distinguiéndose de los más pobres y separándose de ellos”.

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