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¡Se me están muriendo mis amigos!

07 Enero 2020
¡Se me están muriendo mis amigos!

Por Miguel De Castilla Urbina

Luis Amaya estuvo en el centro de muchos de mis amigos del campo de la educación en Nicaragua. Él, por su amistad conmigo también, era amigo de todos ellos.

Con mi amigo Guillermo López López, que era Director de Educación Primaria, acuñamos la tesis –que después compartí con Luis Amaya– acerca de que la victoria definitiva sobre el analfabetismo de cualquier país, debía ser la combinación de las Campañas de Alfabetización con la ampliación y desarrollo de la educación inicial o preescolar y la educación primaria. Cuba era el mejor ejemplo de esta conclusión.

Con mi amigo Juan Bautista Arríen compartimos tiempos, temas, problemas, ilusiones, esperanzas. En los años ochenta juntos realizamos una consulta para definir los fines y principios de la nueva educación nicaragüense; después juntos escribimos libros y a la par de Luis Amaya, fue mi consejero en las más importantes decisiones de carácter pedagógico durante mi periplo en la jefatura del Ministerio de Educación.

Con mi amigo Guillermo Martínez José –con su liderazgo y su carisma en ANDEN– y el Ministerio de Educación, ayudamos a forjar el cemento ideológico y la axiología sandinista y revolucionaria, que después servirían para edificar y modelar las batallas por la calidad de la educación que hoy se libran en todos los terrenos en Nicaragua

En mi casa de la Colonia Centroamérica, Luis Amaya y Guillermo no sólo eran los organizadores y promotores de nuestras reuniones y festividades, sino que también los reyes de la fiesta, los maestros del baile. Guillermo bailando música típica nicaragüense y Luis Amaya bailando cumbias colombianas; en medio del jolgorio y los aplausos entre amigos y hermanos, de la educación, del magisterio, de la nicaraguanidad y la colombianidad.

Luis Amaya fue mi compañero durante la gravedad de Guillermo Martínez; nos citábamos a una hora determinada para estar juntos con Guillermo y Aminta en Salud Integral, y cuando se hubo de buscar la extremaunción, Luis contactó y buscó la presencia del padre Toñito Castro. Después Luis me acompañó diario en mi duelo.

Con mi amigo Luis Amaya Meza muchos aprendizajes, mil aprendizajes. De todo tipo. Educativos: Luis Amaya fue mi consejero en la principal empresa que me encomendara el Presidente Daniel Ortega a inicios del 2007, como lo fuera la Campaña Nacional de Alfabetización de Martí a Fidel que se realizara entre junio de 2007 y agosto de 2009; y con la cual el 23 de agosto del 2009 se declarara a Nicaragua Territorio Libre de Analfabetismo con el 4,56%. Luis venia de las prácticas de la Cruzada Nacional de Alfabetización en Jinotega y sabía mucho de eso.

Luis Amaya fue mi compañero cotidiano de análisis de la coyuntura política nicaragüense y latinoamericana. Sandinista de los de Carlos Fonseca, Tomás Borge y Daniel Ortega, y revolucionario de los de Camilo Torrez y el Che Guevara. Sociólogos al fin, desmenuzábamos los discursos y las situaciones y circunstancias, construíamos organigramas, modelábamos la realidad, formulábamos hipótesis. Mucho le debemos los sandinistas y el Frente Sandinista, como institución, a este hombre.

Luis Amaya fue mi profesor de religión y como tal se propuso enseñarme a no tenerle miedo a la muerte; el día de mi hora será la fecha del examen para saber que tal alumno fui de tales enseñanzas.

Luis Amaya Meza deja a los nicaragüenses, a sus colegas y amigos y a su familia, su legado de militante social desde la educación. No hubo espacio físico y temporal en el que participara que no aportara. En la educación de adultos. En la educación superior en la Universidad Nacional de Ingeniería y muy recientemente acompañándonos en el proceso de construcción de la idea de un geoparque en el departamento de Madriz, teniendo como marco al Cañón de Somoto y el Rio Coco.

Pensador y activista. A la vez que sostenía los más densos y complicados análisis sobre la política internacional, asumía tareas de promotoría social más simple en el territorio. La última vez que lo vi en su cama de cuidados intensivos estaba preocupado por Evo Morales y la situación de Bolivia, y días antes cuando le reclamé que no había venido a mi oficina, me dijo que estaba en Jinotega repartiendo juguetes en las escuelas, pero que antes de irse a Guatemala pasaría para vernos y actualizarnos como llamábamos a nuestros encuentros.

Y ahora hermano que dicen que te fuiste y no te vuelvo a ver, ¿qué voy a hacer?

¡Cuántas preguntas quedan sin respuestas!

¡Cuántos temas para el debate!

¡Cuánta vida menos en mis manos!

Se me están muriendo mis amigos. Guillermo López López, Guillermo Martínez José, Juan Bautista Arríen y hoy Luis Amaya Meza.

Mucho dolor hermano, mucho dolor amigo querido.

Gracias por todo. Nos vemos pronto.

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