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A Alfonso Cerda García, humilde y firme luchador por el socialismo, In Memoriam

25 Febrero 2020
A Alfonso Cerda García, humilde y firme luchador por el socialismo, In Memoriam

Por Rafael Casanova Fuertes

Hoy, cuando las noticias que nos llegan, comprueban la definitiva partida física de nuestro camarada Alfonso Cerda. Hoy, cuando sus seres queridos resignados vieron apagarse físicamente la vida del hermano, del padre, del esposo, del tío y del abuelo, nos sentimos obligados moralmente a hacer una semblanza de Alfonso, como el hombre cívico y valiente luchador social que conocimos.

Alfonso, a quien conocimos cariñosamente como El Águila Negra, nació el 6 de abril de 1945 en el seno de una familia humilde formada por Alfonso Cerda Hernández y doña Bertha García. Como hijo mayor y huérfano de padre en su temprana juventud, tuvo que asumir la dirección y mantenimiento del hogar de su madre y cuatro hermanos menores, ejerciendo el oficio de la albañilería.

En cierta ocasión, allá por los años setenta, nos refería muy convincente que "nosotros, como la mayoría de la población, vivíamos en la pobreza, teníamos escaso acceso a la educación, a la salud; mi padre albañil, yo albañil, construíamos las casas de la clase pudiente y no teníamos un techo propio; teníamos que andar alquilando casas humildes para vivir, hasta que hice grandes sacrificios para hacer una casita en la que se acomodara la familia".

"¿Cómo no me iban a llegar las charlas que sobre el socialismo daba Manuel Domínguez en los planteles? Así como las exposiciones de mi amigo Miguel Bejarano, de Miguelito Somarriba, de Samuel Jiménez y de otros dirigentes socialistas de Rivas. Así fue que me hice sindicalista y socialista desde mi juventud, y con otros compañeros nos organizamos en sindicatos para reclamar nuestros derechos, pero además a ser parte del partido de la clase obrera", nos relataba, sin ocultar su entusiasmo.

En 1967, a los 22 años, Alfonso se incorporó al Sindicato de Carpinteros Albañiles Armadores y Similares (SCAAS). Pronto se destacó como activista y organizador, llegando a ser junto a José Benito Rivera Araica, uno de los dirigentes más jóvenes de este sindicato, caracterizado a nivel nacional como uno de los principales reductos del sindicalismo nacional independiente de la época.

En 1968 se integra a las filas del Partido Socialista Nicaragüense (PSN). Autodidacta, aunque de fácil palabra, no era un orador exaltado, enarbolaba un lenguaje muy sencillo, más dirigido a explicar sus ideas de forma natural.

Entre 1972 y 1973, al encontrarse el compañero Bejarano fuera del país, asumió la atención al movimiento sindical por orientación del Partido, compartiendo méritos y riesgos con veteranos como Arnaldo Valdez y Marcial Rivera Santana.

A la vez, el Partido lo designó para atender el aparato juvenil, Juventud Socialista Nicaragüense (JSN), lo que lo llevó a compartir tareas con Francisco Ruiz Barrios, Carlos Molina Collado, los hermanos Rivera Araica, Rafael Casanova Fuertes, Cesar Gómez, Luis Ocampo, Ángel Hernández, José León Hernández Juana Vargas y su mismo hermano Segundo Cerda, sin descuidar las obligaciones hogareñas y en medio de la persecución del aparato represivo somocista contra las estructuras legales y clandestinas de la organización.

La lucha insurreccional

A mediados de los años setenta, en el marco de la polarización política en que el PSN asumió las distintas formas de lucha, Alfonso se destacó en la organización de la Unión Democrática (UDEL) y pasó a colaborar con las estructuras del FSLN Insurreccional en el departamento de Rivas, vinculándose a compañeros como Rafael Bermúdez, Guillermo Mendoza, Guillermo Ruiz Peña y los mismos hermanos Casanova Fuertes.

En varias ocasiones, esas actividades clandestinas le costaron la vida a muchos compañeros. Alfonso, junto a unos pocos compañeros, fue un sobreviviente de estas jornadas que permitieron la victoria contra la Dictadura Somocista.

Tras el triunfo revolucionario de 1979 pasó a ser miembro de la Junta Departamental de Reconstrucción Nacional (JDRN) cargo que desempeñó hasta 1980, junto a personalidades como la doctora Esther Cordón. Posteriormente ocupó otras responsabilidades en los organismos de masas, como los Comités de Defensa Sandinista (CDS) y el Sindicato de Choferes "Narciso Quijano". En ese tiempo, alternó su trabajo político con actividades económicas, tales como la exportación de sandías a Costa Rica y en la misma construcción, labores que le permitieron mantener y formar a sus hijos.

En los últimos tiempos, en un lapso menor de cinco años, se aisló de la política aunque no de los problemas sociales, de los cuales siempre vivió pendiente, momentos en que también su salud empezó a deteriorarse. Recuerdo que la última vez que nos vimos –en la vela del compañero Bejarano, en febrero del año pasado, me decía jocosamente: "ahora ya me volví un ave diurna porque los pencazos me han golpeado el cerebro, me han afectado los ojos y ya no puedo ver bien de noche".

La partida física de este hermano, la del excelente constructor de edificios que son parte intrínseca de la fisonomía de la ciudad de Rivas y uno de los últimos miembros de esa generación de luchadores sociales de aquellos años aciagos que hicieron posibles transformaciones políticas y sociales en las últimas décadas, confiamos en que la llama del ejemplo de Alfonso no se extinga, sino que por el contrario sea retomada por nuevas generaciones de luchadores que emprendan en el futuro una auténtica liberación nacional y social en el país.

Sirvan a su vez estas líneas no solo como un modesto reconocimiento a este luchador surgido del seno de las clases humildes, luchador inclaudicable por esos mismos humildes a los que perteneció orgullosamente, sino también para reconocer al buen amigo, al buen hermano, al buen hijo, al buen padre, al buen abuelo y hasta bisabuelo.

Y por supuesto sirvan también estas líneas como un mensaje solidario a sus hermanos: Segundo, Bertilda y Eduardo, a sus hijos Bertha María, Ana del Carmen, Alfonso José, Margina del Carmen, Karla Patricia (Cerda Bonilla), Adriana Albania, Bladimir, Lenin y Elia María (Cerda Villagra), extensivo a sus 21 nietos y sus 8 bisnietos.

Y a vos Camarada Alfonso, allí donde te encuentras, allí donde vayás, te diré lo siguiente:

Alfonso, hoy cuando tu alma inquieta emprende el vuelo hacia esa azul eternidad en la que creyeron nuestros padres y abuelos, una ansia volátil que no pudiste postergar, ahora que bates tus alas hacia el infinito, ve y dile a las estrellas las dudas que te acompañaron, los misterios develados, cuéntale las verdades repetidas que más de algún día socializamos en camaradería con Bejarano, con Somarriba y otros compañeros, frente a las grises arenas del Cocibolca, todo mientras conspirábamos contra el tiempo y contra el sistema.

¡Vuela Alfonso, vuela..! Alcanza y abraza a aquellos entrañables camaradas que se te adelantaron en viaje.

Alfonso, ¡gloria eterna a vos y a ellos! Que fulgure tu espíritu inquieto en ese infinito en donde algún día te acompañaremos.

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