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El mono, por muy yanqui que sea, aunque se vista de seda, mono se queda

26 Febrero 2020
El mono, por muy yanqui que sea, aunque se vista de seda, mono se queda

Por Manuel S. Espinoza J.

Ahora quieren usar las elecciones de 1990 como una muestra que se le puede ganar al FSLN en noviembre del 2021. De igual manera quieren demostrar un liderazgo antisandinista tal y como mintieron a finales de los 80. Todo sigue siendo una enorme mentira. Jamás hubieran derrotado al FSLN sino es con el respaldo total de la Casa Blanca en una coyuntura de guerra y desgaste total que es muy diferente a la actual.

Si bien es cierto desde 1983 la Fundación Nacional para la Democracia (NED por sus siglas en inglés) venía desarrollando la nueva forma de intromisión política abierta que en cierto modo sustituyera a la que venía realizando la CIA de forma encubierta, no es sino tras la firma de los acuerdos de paz en la ciudad de Esquipulas en Guatemala el 7 de agosto de 1987 cuando empieza a desarrollar todo un programa de desestabilización política para Nicaragua.

La causa principal es el serio revés que la administración Reagan sufre en su guerra de agresión al gobierno sandinista en lo que conocimos como el "Conflicto de Baja Intensidad". Una forma de guerra que incluía todo tipo de acciones de guerra incluyendo la psicológica, económica, política y hasta la posibilidad de la intervención directa.

Ante la sorpresa de la Casa Blanca y producto del anhelo de paz del pueblo nicaragüense, el gobierno sandinista firma los acuerdos de paz mejor conocidos como Esquipulas II, lo que obliga a EEUU y sus aliados centroamericanos a comprometerse a cumplir con una serie de acuerdos, que prácticamente le cortan el brazo de la guerra a Reagan y lo obligan a modificar cardinalmente su estrategia de guerra en una dirección política y no militar.

Entre los acuerdos más importantes de Esquipulas II se destacaban el respeto a los derechos humanos, a las libertades políticas, la construcción de sociedades realmente democráticas, poner fin a las luchas armadas en el istmo, el cese al fuego inmediato por las partes en conflicto y sobre todo que las fuerzas irregulares debían de entregar las armas e integrarse al proceso político que se apresuraba en toda la región.

Con eso se le ponía fin al proyecto "Contra" de Reagan. Tal fue la desesperación de la Casa Blanca, que más bien a finales de 1987, rehusándose a cumplir con los acuerdos ordenó a la contrarrevolución lanzar la Operación Olivero con más de cinco mil miembros de la resistencia para tomarse el Triángulo Minero en el Caribe Norte. Era toda una demostración de fuerza tanto internacional como nacional que tenía por objetivo dar a entender que los paladines de Reagan aún tenían cabida en el destino de Nicaragua y al mismo tiempo a probar un nuevo nivel de guerra con el involucramiento de una enorme fuerza militar dirigida a objetivos específicos, creyendo superar la capacidad del Ejército Popular Sandinista (EPS) de poderlos detener.

Sin embargo, la situación de la "Contra" como la del mismo Reagan y sus funcionarios más fieles, ya era insostenible tras las victorias obtenidas por el gobierno sandinista tanto en el campo internacional como en el nacional.

La coyuntura a finales de los años 80

Prácticamente el FSLN había creado un sistema de defensa de todo el pueblo de la Revolución Popular Sandinista (RPS). El proyecto "Contra" estaba en las ruinas con serias sanciones de suspensión de las asignaciones de fondos por parte del Congreso norteamericano y tanto los Contras como Reagan eran mal vistos nacional e internacionalmente. El apoyo mundial hacia la RPS era casi total. La derrota de EEUU en la Corte Internacional de Justicia por su guerra terrorista contra Nicaragua y el escándalo Irán-Contra le pusieron un sello de final infeliz al proyecto de la "Contra", llamado por la CIA como el "proyecto Nicaragua". Además, el juego de oposición de demócratas y republicanos estaba en su punto por las elecciones presidenciales venideras.

La prueba de todo el debilitamiento de la administración Reagan en términos militares fue la Operación "Danto" del EPS en marzo de 1988. Esta golpeó y desmanteló a sus bases principales incluyendo las de su Comando Estratégico en su santuario hondureño, causándole más de mil bajas. La demostración de fuerza era parte también de una nueva etapa de la derrota estratégica de la contrarrevolución.

El final fue lógico: un día después de finalizar la operación Danto la "Contra" se sentó a negociar en Sapoá el cese al fuego, cerca de la frontera de Peñas Blancas. Su final había sido sellado.

Los norteamericanos estaban claros que una victoria de la "Contra" o la invasión directa no resolverían el conflicto en Nicaragua, que ya había traspasado sus fronteras. De ahí el cambio radical en su política exterior hacia Nicaragua, sobre todo en la forma de la guerra de agresión.

En esta nueva etapa y forma de intervención vienen a desempeñar un papel más relevante la triada diabólica del financiamiento abierto compuesta por la Fundación Nacional para la Democracia (NED), y los dos institutos para las relaciones internacionales de los partidos Demócrata y Republicano (NDI y NRI por sus siglas en inglés).

El papel de estas fundaciones sería construir una estrategia con acciones políticas, que lograra el objetivo que el proyecto "Contra" no logró: derrocar al sandinismo. O sea, la continuación de la guerra en un frente político amplio. Es muy importante entender la metodología y estrategias empleadas por estas organizaciones políticas USA que actúan como punta de lanza de la desestabilización política y el cambio de régimen a nivel global. Y podemos visualizar 30 años después, una hoja de ruta análoga de acciones, objetivos y comportamiento de estas organizaciones yanquis, así como de la oposición anti sandinista de cara a las elecciones del 2021.

Tras la firma de Esquipulas, el NDI lanzó el llamado "Programa para el Desarrollo Democrático". Su presidente Bryan Atwood estableció que "se disponían a unificar a la oposición y a orientar sus actividades antisandinistas". Cabe destacar que el NDI, por ser demócrata y por estar en la oposición en Washington, rechazaba la estrategia de "la Contra" de Reagan y mantuvo relaciones con la oposición nicaragüense desde el inicio de la Revolución Sandinista. Su propuesta era crear un centro democrático o una tercera vía que se ubicara entre los extremos de "La Contra" y el FSLN.

La fase política de la agresión imperialista

En octubre de 1987 el NDI realizó una encuesta de la cual se generó un informe interno de 16 páginas que detalló la situación en Nicaragua y al final elaboró toda una agenda concreta para las acciones de intervención política en el país.

En el informe se detalla que en Nicaragua había un ambiente favorable que favorecía a la oposición cívica y situaba como principales elementos la economía en ruinas, la pobreza y la desesperación por la guerra. La oposición política, según ese informe, no tenía la imagen de muerte de la "Contra", ni era señalada como responsable de la situación económica. Había pues que unificar a los opositores, atomizados en varios partidos en pugna, como los liberales, conservadores y socialcristianos con diversas facciones en cada uno y otros aún más pequeños como las agrupaciones socialdemócrata, comunista y socialista. A estos se les sumaban dos facciones, así como otras tres organizaciones políticas en el extranjero.

En general existían dos grupos alianzas enfrentadas entre sí: una giraba en torno a la Coordinadora Democrática Nicaragüense (de extrema derecha) y otra alrededor con los partidos socialcristiano, liberales independientes, comunistas y socialistas.

El plan de EEUU consistía en crear organizaciones políticas que gradualmente pudieran enfrentar políticamente al FSLN; proveer a la oposición de una definición política que fuera más allá de la vaga retórica antisandinista y darle contenido programático.

La administración Reagan entendió la necesidad del cambio de estrategia e introdujo a su componente interventor al NRI, el que junto al NDI y la NED ampliaron el programa de acción hacia Nicaragua. La NED aportó los primeros 600 mil dólares, para además de organizar giras internacionales de la oposición o recibir a delegaciones extranjeras en Nicaragua, hacer cabildeo con los gobiernos latinoamericanos y organizar seminarios y entrenamiento para los opositores dentro y fuera del país.

Entre otras cosas, la oposición recibió instrucciones y entrenamiento en:

○ Formulación de estrategias organizacionales

○ Planificación de tareas tácticas de actividades políticas

○ Planificación partidaria

○ Adecuación organizativa a las circunscripciones electorales.

○ Formación de alianzas y coaliciones

○ Reclutamiento de adeptos

○ Elaboración y transmisión de mensajes coherentes

○ Identificación y expansión de la base de apoyo

○ Técnicas de comunicación compatible con la cultura política del país

En conclusión, los opositores recibieron preparación, financiamiento y asesoramiento, con suficiente presión para que se unificaran. Para finales de 1987 los partidos políticos de oposición en Nicaragua comenzaron a agruparse alrededor tanto del DNI como del NRI. Estos dos grupos por separado se hacían llamar el grupo de los siete y el grupo de los ocho.

En una reunión clave en Washington entre funcionarios de Departamento de Estado y la NED establecieron que se debía trabajar con el congreso para la ampliación del programa para Nicaragua y que al mismo tiempo lograr el respaldo de los demócratas. La medida estaba dirigida a lograr el consenso partidario que Reagan no había logrado con el proyecto "Contra" desde sus inicios en 1981.

El informe sobre la situación en Nicaragua preparado en 1987 aseguraba que por lo menos el 60% de la población se mostraba indecisa a votar a favor de la oposición. Urgía entonces la promoción de incentivos que atraerían el voto de los indecisos. Por eso se apresuraron a unificar a los cuadros de mayor y medio nivel de estos partidos en función de unificación de acciones en conjunto y unificación del objetivo final. Un papel muy importante jugó el embajador norteamericano Richard Melton, quien promovía las acciones en las calles como marchas y caravanas al estilo "Nandaime va", que culminó con el encarcelamiento de los principales dirigentes opositores. Además, EEUU incentivó la campaña mediática para ir construyendo la imagen atractiva de la oposición.

La estrategia más amplia para Nicaragua incluía organizar actividades dentro del país, mayor presencia de funcionarios e instituciones norteamericanas de todo tipo, asegurar la mayor cantidad de visitas de extranjeros que promovieran operaciones de impacto psicológico en lo que hoy se conocen como Operaciones de Relaciones Públicas (PR).

Como principal receptor y canalizador de los fondos se seleccionó al Grupo Financiero Delphi, un viejo contratista de la Agencia Norteamericana de Información (USIA), de la Agencia Internacional para el Desarrollo (AID) y posteriormente de la NED, que había participado en una operación de plebiscito en Chile. Este grupo tendría por objetivo "Construir a la oposición" en base a la implementación del "Programa Amplio de Coalición Nacional".

Como el núcleo de partida seleccionaron a la Coordinadora Democrática Nacional (de extrema derecha), Para eso, a través de la concesión No. 88-524-P-039-57-2, entregaron 44 mil dólares en dos partidas. A fin de cumplir los objetivos, esta organización opositora debía abandonar y deponer sus posiciones extremas; unificación a todas las agrupaciones, crear la oposición cívica, promover cambios en la ley electoral y crear líneas de contacto con los sectores empresariales.

En su informe final, el Grupo Delphi aseguró haber cumplido la misión. Para 1988 el NDI y el NRI lograron unir a la oposición nicaragüense en el grupo de los 14 partidos políticos.

Una vez alcanzado este nivel los nuevos objetivos eran crear el apoyo internacional a la oposición nicaragüense. Sobre todo, mediática y discursiva; crear un cuerpo político de líderes civiles; e iniciar la creación del frente político.

Finalmente, de este grupo de 14 partidos surgió la Unión Nacional Opositora (UNO) la coalición contrincante del FSLN en las elecciones presidenciales del 25 de febrero de 1990.

¡Nosotros gobernamos desde abajo!

Este resumen de las acciones de intervención política norteamericana demuestra que ellos son los que dirigen, organizan y unifican tras bastidores a los peleles locales. "Dios los cría y el Diablo los une". Es claro que sin su financiamiento y asesoramiento no pueden ni siquiera unirse ni muchos menos actuar. "Con la plata baila el mono".

Aun cuando quieran desestabilizar al país de nuevo con acciones de terror para repetir el escenario de guerra como en los años 80, están muy equivocados porque la situación económica y el buen manejo de la economía nicaragüense bajo la dirección del Comandante Daniel Ortega es muy diferente a la existente bajo la guerra de desgaste y agresión que nos impuso la administración Reagan en los 80. Ellos al final no ganaron: el pueblo perdió con el neoliberalismo dantesco que instalaron por 17 años.

En aquel entonces no conocíamos sus métodos y estrategias electorales. Ahora estamos al tanto de las nuevas modalidades e instrumentos de guerra política, de sus planes y objetivos políticos y paramilitares. En aquel entonces estábamos en zafarrancho de combate en la defensa militar de la Revolución. Hoy estamos dedicados al frente de lucha político por la victoria electoral sandinista por eso no podrán triunfar en el 2021.

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