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Coherencia, firmeza, modestia: así recuerda Lenín Cerna a Jacinto Suárez

04 Abril 2020
Coherencia, firmeza, modestia: así recuerda Lenín Cerna a Jacinto Suárez

Por Alberto Mora, entrevista al Comandante Guerrillero Lenín Cerna, Revista En Vivo, Canal 4, viernes 3 de abril de 2020

Conversamos con el Comandante Lenin Cerna, compañero de Jacinto Suárez junto con otros revolucionarios que comenzaron la lucha por la liberación del pueblo de Nicaragua desde los años 60, e inclusive tenían inquietudes anteriores. ¿Cómo podría usted resumir la larga militancia revolucionaria del compañero Jacinto Suárez?

Hay cosas que se me vienen a la mente de compañeros como Jacinto, en estos 60 años de lucha revolucionaria y de conocimiento de tanta gente buena, tantos compañeros tan desprendidos, como corresponde a la conducta de un revolucionario, tan desprendidos y tan dispuestos a dar la vida por lo que se piensa, que fundamentalmente es la vida para ayudar a los demás.

De tal manera que, en el caso de Jacinto, yo tenía poco tiempo de haber llegado a Managua de León, el Frente estaba iniciándose que –como él dice en el libro que escribió– en ese tiempo se llamaba Frente de Liberación Nacional; es decir, estamos hablando de los años 1963, 1964, y no se llamaba Frente Sandinista. Recuerdo que él trabajaba en un laboratorio cercano a la esquina del Caracol (en la vieja Managua), que en las inmediaciones vivíamos varios, que de una manera u otra después hicimos lo que tuvimos que hacer, entre ellos otro Jacinto que era Jacinto Baca Díaz. Jacinto Suárez era Laboratorista y yo vivía como a 2 cuadras, y estudiaba secundaria en el Instituto Ramírez Goyena.

De esas circunstancias que van apareciendo, en el aniversario de un 23 de julio nos tocó a nosotros, que éramos menos que los dedos de la mano, hacer un recordatorio y hacer actividades alrededor de ese hecho, para exaltar la lucha revolucionaria que era necesaria, y por ahí, no recuerdo en qué lugar, me encontré con Jacinto y otros compañeros muy conocidos ahora, pero absolutamente desconocidos en aquella época, y así comenzó una relación personal que dilató hasta hoy.

Como decía el Comandante Borge, es tan difícil hablar de un compañero, ni vivo, ni después que se ha ido. Ni vivo, porque la educación nuestra te educa a que no es así; ni muerto, porque de repente decís: ¿para qué? Ya él cumplió con su misión en la vida, y cumplió muy bien. eso es su pase a la historia, lo que hizo bien, lo que fue su sacrificio y lo que fue su disposición.

Entonces, de Jacinto tenemos que hablar de una militancia de más de 50 años, y ya solamente eso es una cosa extraordinaria. Y por otro lado, Jacinto es parte de una generación distinta desde el punto de vista no era simplemente antisomocismo. Era más allá. Hablábamos ya de alcanzar verdaderos logros sociales, objetivos en los cuales los pobres jugaban un papel fundamental. No era simplemente hijos de liberales o conservadores, que era la tradicional familia política en este país, sino que éramos otros. Éramos también, algunos, vinculados familiarmente, pero con una mentalidad absolutamente diferente.

Creo que eso fue muy importante para el papel que nos tocó jugar a nosotros, después de los primeros. Si éramos 5, pues nosotros éramos 3, ya había 2. Me estoy refiriendo que en esta suma los pocos tratamos de ser siempre igual o mejores que los primeros, hasta el fin, siempre. De tal manera que no es fácil, o quizá será muy fácil para alguna gente hablar en nombre de los muertos, en nombre de los héroes, cuando ni siquiera saben qué es eso, ¡no lo saben!

Entonces Jacinto, junto con otros compañeros, ya dije, ni siquiera los dedos de las manos dan para ello, nos propusimos dentro de nuestras concepciones e incluso ahora en el tiempo me doy cuenta y cuando hablamos algunas veces, que la mayor parte de veces no teníamos a profundidad el conocimiento de la bandera que levantábamos. Sí, nosotros éramos sandinistas, y eso nos daba un gran orgullo, y éramos partidarios de Rigoberto López, eso nos daba un gran orgullo, pero también eso nos obligaba íntimamente, a esos 5, 10, a que teníamos que ser iguales para poder ser coherentes con lo que decíamos.

Pero muchas veces hacíamos discusiones que en la cárcel también se dieron, acerca de las grandes tesis de las ideas revolucionarias de otros pueblos; abrazábamos, por decir un término, los ejemplos de los luchadores de otras partes del mundo, de los que fusiló Franco por ejemplo, de los que murieron en distintos lugares de América del Sur, y en el mundo. A tal grado que, cuando hablábamos por qué murió esa gente, nos dábamos cuenta que murieron por una aspiración a que el mundo cambiara y que realmente el objetivo del ser humano no fuera el beneficio personal.

Y qué bonito eso, darse cuenta a través de la historia, 50 años, y darse cuenta uno que, por eso recordé hace un momento que me preguntaste, no hay manera de creer en eso si no sos optimista en la vida, si no creés en el ser humano, si no creés que es posible cambiar. Y cuando se dan situaciones como las que estamos pasando actualmente, te das cuenta qué valor tiene eso, incluso hasta en términos prácticos. Por eso es que hay gente que no entiende por qué nosotros tenemos una actitud, frente a la crisis, diferente a la que tendrían ellos.

Alguien me decía, yo quisiera ver, y es mi opinión personal, que en vez de hablar, de buscar cómo la gente se quede en su casa, que la empresa principal de alcohol, que no lo van a poner, esto que te estoy diciendo estoy seguro que no lo van a poner, dijera: "hombre, toda la producción de alcohol vamos a ponerla", y en un momento dado cerrarse el pico por lo que han recibido durante todos los años destruyendo la salud de los nicaragüenses; decir: "vamos a dar esto, y me saco de la bolsa, y doy esto más".

Entonces no entienden por qué nosotros pensamos de esa manera. Y digo esto para remarcar que ahí está la explicación por qué no entienden cuál es nuestra actitud frente al problema. Nuestra actitud frente al problema no es usarlo para propaganda, nuestra actitud frente al problema es, que con la dducación que tenemos, sin darle pánico a la gente, ayudarles, y ayudarnos a sobreponer el problema, y eso solamente se logra con una mentalidad distinta.

Cuando se presenta una crisis como esta, no es cuestión que porque tenés riales vas a salvarla... ¡No! El problema es que se da una afectación de tal naturaleza, que bueno, yo creo que esos que viven soñando en el Pato Donald y soñando en el Ratón Mickey, como que se aleja, porque simplemente dicen: no podés entrar, ¡y no podés entrar!

Pero bueno, lo que quiero decir es que Jacinto fue de los compañeros que fue coherente con su acción, con su pensamiento y aunque tuviéramos las dificultades, que las vivimos incluso juntos en la cárcel, no cedíamos. Realmente a veces nosotros andábamos con el libro "El Capital" debajo del brazo, y de repente, al tiempo, y más que todo en la cárcel, nos dábamos cuenta: Hombre, ¡qué vas a saber vos de "El Capital" si ni siquiera has llegado a ser bachiller! ¡Qué sabés vos lo que son las leyes económicas! Ah, pero discutíamos que sí sabíamos, pero en el fondo sabíamos que no sabíamos.

Pero lo importante era, no sé, pero creo que el mundo tiene que ser diferente; creo que ahí se dice que la riqueza debe ser parte de la sociedad que la produce, no de unos pocos. Y por ahí nos fuimos dando tropiezos, tropiezos, tropiezos, en esa formación, pero lo más importante fue la firmeza, la coherencia; ser coherente, ser consecuente, y la mayoría de los que venían detrás de nosotros y muchos de los que estuvieron con nosotros, se murieron y nunca tuvieron la oportunidad de ver la acera donde íbamos a llegar, pero murieron convencidos de que eso era lo mejor.

Entonces Jacinto Suárez, "El Caballo" como le decíamos, fue un modesto, humilde y gran luchador por el pueblo. Ese es el valor que tiene.

Comandante, ustedes prácticamente fueron la Guerrilla Urbana de los lejanos años 60, pero luego les tocó durante largos años pasar en las cárceles de la Dictadura Somocista, a Jacinto, a usted, al Comandante Daniel y a otros compañeros, y continuaban con la lucha aun estando privados de libertad y en condiciones difíciles. ¿Cómo recuerda en ese momento a Jacinto? Entiendo que estaban estudiando, leían, también tenían disciplina; es decir, no se alejaban de las luchas, estaban en otro frente de batalla digamos, aun en la cárcel. ¿Cómo recuerda a Jacinto allí?

Con eso que te digo, ahora se puede decir: "Hombre, con razón estos hicieron esto". Pero en aquel tiempo había que tener algo más que una impresión para tener la firmeza de pasar por distintas formas de lucha. A Jacinto lo capturan cuando el asalto a La Perfecta, allí muere Selim y el Comandante Manuel Rivas Vallecillo, Alí, logra escapar.

Después nosotros nos reuníamos, y ese término que la gente mucho maneja de la plática de presos, realmente para nosotros tenía otra connotación. Nosotros nos poníamos a pensar: "Hombré, ¿cómo te agarraron? ¡No jodás!". Y Jacinto, que era ya una personalidad individualmente muy característica, era un hombre que tenía desde que yo lo conocí, 2 años atrás, problemas en los pies, tenía problemas de uñeros. De tal manera que yo le dije, en las bromas que hacíamos y que tenían que ver con la realidad: "¿Sabés por qué te agarraron a vos? Por esos uñeros que tenías".

Yo recuerdo que antes, cuando tenía la responsabilidad de llevarlo a una escuelita de preparación que teníamos en la laguna de Apoyeque; la Laguna de Xiloá está aquí abajo, una montaña que se ve aquí, al otro lado está un volcán que se llama Apoyeque (que mucha gente no sabe el peligro que ese volcán tiene). Pero bueno, la verdad es que allí llegábamos y casi nunca llegaba nadie. Eso era bueno y era malo, porque de repente decíamos nosotros "aquí hay que tomar medidas", porque realmente daba "su cosa" (miedo); habían historias allí desde el tiempo de los mayas. Y con algún sentido, porque decían que allí salía una enorme culebra que era la dueña de la laguna. Todo eso tiene que ver con nuestras raíces, con esto que está ahí. Y me di cuenta, las 2 o 3 veces que fuimos, que él iba sangrando de los pies; entonces le decía: "si querés nos esperás aquí; vamos a subir, y en la bajada te pasamos trayendo". No aceptaba. Y de eso siguió padeciendo.

Entonces en la cárcel, que es para mí la gran escuela de la vida, sobre todo cuando tenés un propósito; si la cárcel es el propósito del sistema, de destruirte, te destruye; pero si en la cárcel tenés un propósito, tus ideas, la cárcel te endurece y te hace más conocedor de lo que es la condición humana. Allí te das cuenta.

Y él, junto con los otros compañeros que estuvieron allí, en cuenta ese extraordinario compañero que se llama Daniel Ortega, desde aquel tiempo dio muestras, estamos hablando de 50 años, no estamos hablando de ayer, 50 años, de cómo convivir con todas las dificultades, con toda la represión que nos ponía la Guardia, y no claudicar, no ceder, no ceder.

Por supuesto, como te vuelvo a repetir, Jacinto era uno de esos luchadores, modesto, sencillo, y duro. Porque si no hubiera sido así, la cárcel lo destruye. Entonces para mí el recuerdo es, siempre lo que te digo, modesto, sencillo, y duro. No andaba buscando, es que ni siquiera te puedo decir qué andaba buscando... ¡Nada! Allí en esa cárcel a esta hora había mil millones de zancudos, y estaban allí 9 presos en 100 celdas durante años. Eso era como que te diera ganas de... Es increíble digo yo, ahora que pienso en eso, a propósito de la muerte de Jacinto, yo digo: ¡Está bien, que descanse, se lo merece!

En 1974 el Comando Juan José Quezada, la acción del Frente Sandinista, logra la libertad de ustedes, se encuentran con los compañeros que integran el Comando, llegan a Cuba, allá les esperaba el Comandante Carlos Fonseca, y entendemos que inmediatamente continuaron con la lucha. Era otro momento y había que continuar, y como usted dice la cárcel no los había vencido. ¿Qué recuerda de ese momento, de ese instante, o de esa época?

El recuerdo es la comparación de las cosas, ¿qué quiero decir con eso? El recuerdo de la comparación, porque salimos y casi inmediatamente todo mundo decidimos seguir. Hay un capítulo muy interesante que lo conoce un compañero que está por ahí. Porque cuando llegamos algunos teníamos malaria por los miles de millones de zancudos que había allí (en la cárcel); estuvimos con malaria años, y nos inyectaban Cloroquina, y la Cloroquina era tan potente que nos dejaba ciegos y nos alteraba los nervios. Así salimos. Así nos fuimos.

Inmediatamente lo primero fue, nos identificamos entre todos, es que teníamos que volver. Eso es lo interesante. No era este grupo de chavalos, pongámosle así, o este grupo de luchadores, que también es válido decirlo, que pensaban acomodarse... ¡No! Todos queríamos volver, todos queríamos integrarnos otra vez a la lucha, en la cual el derrocamiento de la Dictadura era un paso. Siempre lo pensamos así, siempre pensamos que era un paso el derrocamiento de la Dictadura, que más allá teníamos que llevar nuestras ideas de revolución social, de poder mejorar las condiciones de los pobres.

Yo te digo, es increíble, porque decirlo ahora es fácil, pero decirlo en aquel tiempo, y que eso lo pensaran estos 9, 10 locos que estaban allí, para mí es extraordinario. Por eso es que yo digo, mi opinión personal, la persona más importante de la historia de este país, de los últimos 50, 60 años, se llama Daniel Ortega. Porque si alguien acumula esos años, yo quisiera que me pusieras aquí otro que los acumulara, que los acumulara en dedicación, que los acumulara en disposición, en la tozudez. Y eso eran los que estábamos allí, y eso era Jacinto.

Por eso cuando digo "modesto", me estoy refiriendo a que de repente hay una discusión que se da, que se da, en que los revolucionarios andamos buscando posiciones; pero la verdad es que ahí la única posición con la cual nos acostumbramos es estar en la primera línea de fuego, donde están pegando los balazos. Si vos tenés esa misma disposición que yo, y yo tengo la misma disposición que vos, nos pueden matar, pero somos invencibles, porque eso no lo pueden quitar, pueden quitarte la Vida, pero eso no te lo pueden quitar.

Ahí te estoy metiendo siempre a Jacinto... ¡Ahí va, ahí va Jacinto!

Estuvo en la Unión Soviética como Embajador, estuvo en tal parte... Sí, esas son las partes que le tocaron y que le dijeron que fuera; pero si también le dijeran: "Tenés que estar ahí, hasta que le retoñe la cola a un perro", ¡tené la seguridad que allí estaba!

Luego del triunfo se organizó el nuevo Estado Revolucionario, y en algún momento de nuevo le tocó a usted compartir trabajo con Jacinto en el Ministerio del Interior; luego él pasó a las responsabilidades que usted ha mencionado, Embajador en la Unión Soviética, pero también estuvo de nuevo en otro momento en la primera línea, junto a ustedes ¿no?

Sí, en la primera línea... Es que hasta eso, tampoco podés decir dónde querés estar... ¡Vas a estar donde dicen que tenés que estar! Esas cosas no se entienden: ¡No es dónde querés estar!

Yo me he dado cuenta en el tiempo, que, efectivamente, nosotros, como decía Sandino, fuimos militares por circunstancias, porque había que aprender lo que es el arte militar para enfrentar lo otro. Y en esas cosas y en esas contradicciones que se dan en la vida, la dictadura nos enseñó otra parte, que fue el aprender a ser duros en las dificultades. Si sos duro en las dificultades y aprendés el arte militar, si aprendés lo que es la miseria humana y aprendés el arte militar, y ganar, las posibilidades de cambiar es una situación única.

Por eso es que, siempre hablo que yo nunca me he quejado del tiempo de haber estado preso. En la vida se sufre, pero cuando se tiene el privilegio de haber estado en un momento dado, eso es lo que vale, aunque te cueste.

En los años 90, Jacinto, junto a usted y a otros compañeros también, cierran fila para continuar invariablemente en la lucha dentro del Frente Sandinista, ya en una posición desde fuera del Gobierno. Y Jacinto siempre estuvo ahí también. Esa es otra etapa que también la lucharon y estuvieron con el Comandante Daniel y les tocó de nuevo otro frente, ¿no?

Así es. Por ejemplo, y volvemos a lo mismo, en el caso del 90, la claridad con la que vio el Comandante Daniel la cosa, para mucha gente era decir: "¡Este está loco! ¡Está loco!", pero es que esa fue nuestra escuela: aquí estamos por la vida, porque nos estaban matando, y luchamos por la vida, y salimos venciendo... ¡Seguimos venciendo!

De tal forma que cuando viene lo del 90 lo que ocurría es que, por supuesto ese gran dirigente, Tomás Borge, nos enseñaba... Yo habló mucho del Comandante Borge porque además fui muy cercano con él, aprendí mucho con él, él vivió también la circunstancia de estar preso. Entonces uno dice: "Ve hombre, tener la capacidad de ver de distintas maneras lo que está pasando solamente se logra a través de la lucha, a través de conocer los fenómenos que ocurren". Hasta a veces creemos que conocemos y la verdad es que no es así, porque esta es una carrera de obstáculos, de los hombres, que algunos caen con un palo, y otros no caen. Jacinto es de los que nunca cayó.

Usted mencionaba su parte diplomática, pero hay otro ámbito en el que le tocó un nuevo frente: las relaciones internacionales del Frente Sandinista. Hemos visto que han llegado múltiples telegramas de condolencias; la izquierda mundial está con dolor ante la partida de Jacinto, eso denota el resultado de un trabajo...

Vuelvo a lo mismo de antes. Él hizo su trabajo como tenía que hacerlo. Quiere decir que lo hizo bien. Quiere decir que lo hizo con la misma escuela. ¡Ahí lo pusieron! Y ahí donde estuvo tené la seguridad que tuvo problemas. ¡Todos hemos tenido problemas en la vida! Por eso es que es imposible hablar de cosas sin hablar del Presidente... ¡Qué más problemas ha tenido! Pero está ahí, y está donde está.

En el caso de Jacinto, con las relaciones internacionales, de repente dijimos los que lo conocíamos, "le cayó como anillo al dedo". ¡Pero no! Él tenía por supuesto otra característica de los revolucionarios: era curioso, era estudioso. Y para él, que su niñez prácticamente había sido ver de lejos aquellos grandes países y el gran país que era en aquel tiempo la Unión Soviética, él lógicamente dijo: "Yo aquí voy a ser como he estado educado para ser".

Entonces, con las bromas que nos dábamos, las bromas de la cárcel, me dice: "Voy para la Unión Soviética, ¿no te da envidia?", él lo decía porque como yo me llamo Lenin siempre había una cosa que ciertamente ellos lo captaban, mi aspiración de conocer la Unión Soviética de donde había salido mi nombre, de donde mis hermanos también tienen nombres de esos héroes, entonces me decía: "¿No te da envidia?".

De manera que él cumplió, igualmente, en las relaciones internacionales, porque él lograba trasladar, y te voy a decir algo muy importante, él lograba trasladar su autoridad, que es de las pocas cosas que no se compran, ¡la autoridad! La autoridad no se compra. La autoridad es algo que te costó, y que te va a costar.

Cuando él hablaba con distinta gente de esos países dónde andaba, y los foros, ahí habían extraordinarios compañeros, pero él no se quedaba menos, todo mundo sabía que había sido un preso extraordinario, un legendario militante del Frente Sandinista de Liberación Nacional, miembro de la última Revolución del siglo pasado.

No me vengás a decir a mí, ¿quién es este? Este es sandinista, viene de Sandino, contra los yanquis; estuvo tantos años preso, y estuvo en tal lugar; por lo tanto, esa autoridad se la reconocían. Porque no es que a vos te dan una carta y te dicen, váyase usted aquí, usted es el representante de la gente más... Te dan tu carta y te vas, pero la gente pregunta, y entonces en la medida que tenés esa autoridad, te reconocen. Entonces Jacinto trasladaba autoridad en el trabajo que hacía.

Hay una parte de su libro donde él dice que llegó a la seguridad; realmente él llegó a la seguridad a hacer trabajo político, pero era un período de transición para que entendiera a través del trabajo político la problemática que vivían los combatientes de la seguridad, que además la mayoría eran jóvenes y combatientes populares. Entonces, él, claro, cuando tuvo ese contacto y estuvo con esos luchadores y con todo esto, todavía su autoridad se hizo mayor.

¿Cuál es Legado que deja Jacinto al Pueblo nicaragüenses y a las nuevas generaciones?

Esto que hemos estado hablando: su coherencia, su firmeza, su modestia. Porque hay mucha gente que piensa, que porque una gente tenga "cara de sorbete", no tiene fortaleza; y hay gente que ve una cara de fuerza y no creen que esa persona tenga una gran Alma. Y Jacinto lo tenía. Ese es su legado, eso no se lo podrán quitar.

Seguramente nuestros enemigos hablarán cualquier cosa, pero lo que nunca podrán quitar es lo que él hizo. Cuando alguien lea lo que hizo, se va dar cuenta cómo es. No es gritar una consigna. Más que eso, es hacer la Consigna.

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