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De nicas, de ticos y de rechazos

16 Junio 2020
De nicas, de ticos y de rechazos

Por Sergio Erick Ardón Ramírez, arquitecto costarricense

Cuando murió mi tata, Carrucho, al cabo de los nueve días se dio una ceremonia religiosa en la iglesia del Carmen de Alajuela.

En esa ocasión, a la hora de recordarlo, y desde el púlpito, dije unas palabras.

Hablé de quien era. Traté de hacerle justicia. Mi justicia, que la valoración que de los padres y madres hacemos siempre será subjetiva.

Al concluir, debo decirlo sin falsas modestias, con sonoros aplausos, entre las gentes que me felicitaban y saludaban llegó con cara de alarma mi sobrina Patricia, y me preguntó: ¿Tío, entonces nosotros somos nicas?

No, lo dije, pero si tenemos sangre de Nicaragua. Esto porque a la hora de hacer referencia a los antepasados y al citar al abuelo paterno de Carrucho, Manuel Ardón Medina, lo ubiqué como viniendo de Las Segovias, al norte de Nicaragua, en los años de la Guerra Patria.

Y es que no hay que hurgar muy profundo en muchísimas familias costarricenses, sobre todo las urbanas, para encontrar al ancestro venido de Nicaragua.

Un rápido repaso sobre las familias de Alajuela que conocemos nos lo demuestra.

Benavente, Salmerón, Guevara, Vega, Baldioseda, Mendieta, Altamirano, Vado, Bendaña, Rodríguez, Blandino, Astacio, Revelo, Lazo, Yzaguirre, Ardón, y seguro que hará muchos más.

Esto para hablar de sangres revueltas a lo largo de la historia común. Mi escuela de primaria lleva el nombre de Ascensión Esquivel Ibarra, quien fue presidente de Costa Rica y era nacido en Rivas. Igual que nuestro héroe Tomás Guardia Gutiérrez, cuyo nombre lleva el parque central de la ciudad, era hijo de un emigrante panameño.

Porque somos eso, el resultado de una mezcla de sangres venidas de fuera, con la de los pueblos originales.

Y en este crisol de pueblos que somos, el aporte de Nicaragua es muy significativo.

Para no hablar de la actualidad, que no hay cosecha o edificio que no tenga a los nicaragüenses dejando ahí su sudor. Ni hay niño o viejo de familia pudiente, que no sea atendido por manos venidas de Nicaragua.

Vemos entonces que esas demostraciones de rechazo y xenofobia que se oyen por ahí, andan bien desubicadas.

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