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8 de julio: la segunda liberación de Jinotepe

08 Julio 2020
8 de julio: la segunda liberación de Jinotepe

Testimonio de Rubén, uno de los brigadistas por la paz

«¡Cuántos hermanos secuestrados en los tranques! Hace dos días tienen secuestrada a una compañera de la Policía en el departamento de Carazo, en Jinotepe, donde una banda de asesinos, financiada, estimulada, estimulada y financiada por los sembradores de odio, sigue cometiendo crímenes», exclamó el Comandante Presidente Daniel Ortega el 7 de Julio de 2018 en Managua, al concluir la Caminata por La Paz.

Las palabras del Comandante Daniel eran un preludio de la paz para los caraceños. Minutos después de ese discurso los terroristas liberaron a la oficial de la Policía Nacional después de torturarla y violarla. Todavía recordamos que el cura asesino Juan de Dios la entregó en la Parroquia Santiago. Pero lo mejor estaba por venir. Esa misma noche del 7 de julio nos llamaron y nos dijeron: ¡Carazo será libre!  Era la decisión de entrar con nuestra Policía y cientos de militantes voluntarios, entre ellos muchos jóvenes, y restablecer el orden.

Eran las 3 de la mañana del domingo 8 de julio y llegamos a un punto en Nandaime. Sabíamos que se entraría también por San Marcos y Diriamba. Mientras se incrementaba un frío acogedor, podíamos ver a tantos compañeros que no sabíamos nada de ellos desde el 12 de junio; incluso pensábamos que hasta los habían matado, y en medio de ese frío fue regocijante encontrarnos con muchos de los nuestros y juntos ahí con el mismo fin: liberar a nuestro Jinotepe y a nuestro departamento.

Habían pasado 27 días de secuestros, torturas, violaciones y asesinatos en Diriamba y Jinotepe. Perdimos a Kevin, Marcos, José Antonio, Guillermo y a  Cristopher y Roberto Castillo. ¡Cuánto dolor y tristeza nos embargaban, pero sabíamos que nuestro pueblo haría suya la victoria!

Rumbo a Jinotepe

Nos enrumbamos hacia Jinotepe sin temor, con la frente en alto, unidos, pero sobre todo con mucha fe en recobrar la paz, fe que incluso habíamos perdido por tanto crímenes que apañaron los curas, los que debían estar a la par del pueblo.

Nos acercábamos a paso lento. Había mucho silencio en la carretera; me acordé de la canción del Repliegue "no se escuchaban ni los chayules, ni los ronrones, solo se oía el latido de todos los corazones".

Llegamos al puente de El Rosario y ahí ya estaban las palas mecánicas que entrarían a abrir camino entre los tranques, piedras y chatarra quemada. La gente nos decía "con cuidado hijos míos", mientras otros brincaban emocionados al vernos pasar. Ahí nomás se me puso la piel de gallina, confirmábamos que el pueblo quería la paz.

Llegando casi a Jinotepe, en las inmediaciones del hospital privado HARMIN, nos pareció extraño que la gente estaba cerrando las puertas de sus casas. Poco después supimos que en las redes sociales habían publicado que "paramilitares" se habían tomado ese hospital, publicadas por los mismos que querían un golpe de estado. Sin embargo, avanzamos en nuestra misión.

Llegamos a Jinotepe. Los terroristas huían hacia el centro de la ciudad. Eliminamos el tranque de la Petronic, donde hicieron chanchadales: robos, secuestros, crímenes. Era el primer tranque de Jinotepe que caía. La consigna era: ¡adelante compañeros! ¡Aquí no se rinde nadie!

Destrucción por todas partes

Nos dimos cuenta que el daño era enorme: motos robadas y abandonadas, vehículos robas e incendiados, negocios allanados, tuberías de aguas destrozadas... en toda la Carretera Panamericana. Incluso, en el sector de HULESA, vimos una capilla evangélica destrozada, la que ocupaban para sus orgías. Los criminales ingresaron y saquearon la Cruz Roja, la sede de Los Pipitos e INATEC, autolavados, pulperías... ellos no perdonaron nada. Su objetivo era la destrucción.

En INATEC destruyeron las oficinas, robaron las computadoras de los laboratorios, dejaron limpios los talleres de mecánica automotriz, un desastre total. 

Entretanto, las palas mecánicas llegaban al cuarto tranque, cerca de la Comisaría de la Mujer, lugar que utilizaban para torturar y violar. Incluso, ahí escondieron a la compañera de la Policía cuando hicieron el parapeto de la presencia de la CIDH en el Colegio San José.

De repente, sentimos disparos que impactaban en árboles y en las palas mecánicas. Era un francotirador que desde la torre de la iglesia El Calvario intentaba derribar a uno de los nuestros, pero avanzamos y decidió huir. Poco después fue capturado.

Eran las 8 de la mañana del 8 de julio y los enfrentamientos ya estaban en Diriamba, Dolores y Jinotepe. Sabíamos que Tomas Maldonado, Roberto Samcam y Rodolfo Rojas, "Piel", los jefes criminales de aquellas jornadas sangrientas que vivió Carazo, iban a usar cualquier estrategia para impedir la liberación. Regaron "miguelitos" en las calles, bombas en los tranques, francotiradores en el antiguo Instituto La Inmaculada y el Reloj de Diriamba; en el Cuartel de Bomberos, el Torreón del UNAN y El Calvario en Jinotepe. Situaron muñecos en los árboles y espejos en los tranques para confundir, pero nada les sirvió.

Joao Maldonado y Roberto Álvarez "Pocholo", quienes asesinaron al compañero Bismarck Martínez el 29 de junio, se paseaban por las calles armados hasta los dientes con una ametralladora PKM que les facilitó Samcam.

Nuestros caídos

En el sector de Los Mameyes, le pegan un balazo a "Bigote", un compañero destacado de nuestro FSLN. Su garganta estaba destrozada.

Instantes después cae el compañero Palermo herido en la pierna y lo secuestran. Estando con vida, lo ejecutan sin piedad de un disparo en la sien, como lo hacía la Guardia Somocista. Palermo era originario de Santa Teresa, militante sandinista y productor; un hombre que no dudó en entregar su vida por la libertad y la Revolución. Su hijo siempre nos cuenta que fue uno de los primeros en integrarse como voluntario en la Brigada de la Paz.

A unos 500 metros, en el barrio Omar Torrijos, secuestran a otro compañero, Cándido Pérez Marcia, a quien sacan de una casa donde se había resguardado, lo golpean hasta desmayarlo, lo amarran, lo arrastran como un animal y lo siguen golpeando, mientras Melvin, alias Gasparín, otro de los asesinos de Bismarck, con un cuchillo le da varias estocadas en el abdomen. El delincuente Pocholo le dispara en la cabeza. Una mujer que huyó a Costa Rica, conocida como "la Pachecona", le cortó los testículos y colocan sobre su cuerpo inerte una de las tantas motos que robaron y le pegan fuego, al vehículo y al cadáver de Cándido. Este compañero era el secretario político del FSLN en la comunidad Las Crucitas, en el municipio de Niquinohomo.

Al mismo tiempo, el francotirador ubicado en el Torreón Universitario asesina a los oficiales Hilario Ortiz y Faber López, miembros de la Dirección de Operaciones Especiales de la Policía Nacional. A cada uno les acertó un disparo en uno de sus las piernas y una vez derribados, los remató sin piedad con un disparo en la cabeza.

En las inmediaciones de Hertylandia, otro francotirador, ubicado en el antiguo Beneficio la Castellana, asesina al joven Miguel Ángel Acevedo, miembro de Juventud Sandinista 19 de Julio.

La noticia de la muerte de nuestros compañeros se esparció rápido. Los golpistas celebraban sus crímenes como una victoria.

Sin embargo, perder a nuestros hermanos nos motivó aún más seguir adelante, inclaudicables hasta eliminar el último tranque de la muerte.

Diriamba fue liberada, Jinotepe fue liberada, las familias salían a las puertas de sus casas a agradecer a la Brigada de la Paz. Los policías pudieron salir de la estación en donde estaban secuestrados. La paz había regresado y los delincuentes habían huido. Luego supimos que llegaron a Costa Rica y muchos de ellos no se han atrevido a regresar.

Todo era alegría, pero sobre todo había fuerzas para reconstruir el daño que habían hecho. Todos recordamos aquella abuelita que sacaba su puño desde la ventana con una pañoleta roja y negra dándonos fuerzas para avanzar. Nos recordó aquella viejita que sale en las imágenes del 20 de julio de 1979.

Ya no está Palermo, ya no tenemos a Cándido y muchos otros que entregaron su vida por la paz, pero su legado quedará por siempre con nosotros y cada 8 de julio diremos juntos: ¡Que se rinda tu madre!


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