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Aldo Díaz Lacayo: guerrillero, diplomático, historiador, leal y comprometido

29 Julio 2020
Aldo Díaz Lacayo: guerrillero, diplomático, historiador, leal y comprometido

Por David Gutiérrez López, Revista Visión Sandinista, 26 de febrero de 2020

Aldo Díaz Lacayo, nació en Managua el 18 de octubre de 1936. Vivió entre el barrio San Antonio y San Sebastián. Es el hijo mayor de nueve hermanos del matrimonio de Adolfo Díaz Solórzano y Odilí Lacayo Rivas. Estudió la primaria y secundaria en el Instituto Pedagógico de Managua. Procreó cuatro hijos, de los cuales solo sobrevive el menor Xavier Díaz. Tiene dos nietas. En mayo de 2017 fue condecorado por la Asamblea Nacional con la medalla en oro, por su rescate, preservación y difusión de la historia de Nicaragua. Es presidente honorario de la Academia Diplomática José de Marcoleta, donde ha servido de formador de diplomáticos. Fue funcionario en el Departamento de Relaciones Internacionales (DRI) del FSLN. Desde el año 2002 es vicepresidente de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua y miembro de la Academia Nicaragüense de Ciencias Genealógicas (ANCG). Es propietario de la librería Rigoberto López Pérez.

Encontrándose en México en el año 1955, cuando apenas iniciaba sus estudios de medicina, le propusieron convertirse en el hombre que ajusticiaría al dictador general Anastasio Somoza García, fundador de la dinastía, asesino del Héroe Nacional General Augusto C. Sandino, junto a miles de nicaragüenses.

Somoza García era el jefe director de la Guardia Nacional de Nicaragua (G.N desde 1933) formada, financiada y entrenada por los Estados Unidos de Norteamérica a fin de mantener su hegemonía sobre el territorio nacional, controlando el país; apoyado y respaldado por su representante Somoza, que recetaba la política de las 3 P: plata para los amigos, palo para los indiferentes, plomo para los enemigos.

En abril de 1954, Somoza García descubrió una conspiración en su contra promovida y ejecutada por oficiales de la G.N y civiles que estaban en desacuerdo con el dictador que utilizaba a los cercanos colaboradores como cómplices de sus asesinatos, robos de propiedades y otros desmanes al estilo de la mafia organizada.}

La conspiración para matar a Somoza García consistía en realizar una emboscada a la altura del kilómetro 18 de la carretera sur, cuando el dictador viajara a su mansión veraniega en Montelimar, y ataques simultáneos a cuarteles de la G.N.

Este hecho dejó 22 muertos opositores (asesinados), que la guardia los justificó como muertos en combate. También fueron apresados y sometidos a múltiples y dolorosas torturas más de 18 personas, las cuales, si no estaban directamente involucradas, al menos habían escuchado de la conspiración.

El plan inicial organizado en México fue abortado. Al parecer, fue delatado por algún infiltrado. Aldo Díaz Lacayo, ahora con 83 años y recuperándose lentamente de un accidente que le provocó fracturas en una de sus piernas, recuerda ese memorable momento de su vida juvenil, cuando aceptó ser el que iniciaría el fin de la dinastía somocista.

Acción que posteriormente ejecutó el poeta Rigoberto López Pérez, ofrendando con ello su vida la noche del 21 de septiembre de 1956, cuando disparó un revolver Smith & Wesson de 5 balas, en la Casa del Obrero, en la ciudad de León, donde Somoza lanzaba su reelección para un nuevo período electoral.

Ocho días después el dictador expiró el 29 del mismo mes en un hospital de la zona del canal de Panamá, dominada entonces por los yanquis, desatándose de inmediato una brutal persecución, cacería, asesinatos y encarcelamiento de opositores, incluso hasta sus mismos allegados y simpatizantes resultaban sospechosos.

Regresó a Managua y cayó preso

Una vez abortado el plan en México, Díaz Lacayo retornó a Managua sin sospechar que la Guardia le seguiría los pasos al tener información secreta de sus actividades conspirativas en el exterior. Fue a mediados de febrero del año 1956, cuando Aldo fue capturado y sometido a torturas en las mazmorras de los sótanos de la antigua Casa Presidencial, ubicada en la loma de Tiscapa.

En ese mismo año se celebraba en Nicaragua y Centroamérica el centenario de la Guerra Nacional, iniciada en 1856–1857 contra los filibusteros yanquis comandados por William Walker y Byron Cole, (los filibusteros llegaron llamados por los Legitimistas, Calandracas de León, que luchaban contra los Democráticos de Granada, llamados Timbucos). La guerra de los Timbucos y Calandracas.

Los filibusteros uniformados y bien armados fueron derrotados en la memorable batalla de San Jacinto el 14 de septiembre de 1856, en el municipio de Tipitapa, defendida por 160 patriotas, en la cual se destacaron 60 autóctonos llamados "indios flecheros" que viajaron a pie desde Matagalpa a la hacienda, donde los yanquis hambrientos buscaban cómo robar ganado.

Andrés Castro, sargento de esa gesta, pasó a la historia como el nicaragüense que derribó de una certera pedrada al invasor rubio que pretendía cruzar la trinchera.

El dictador lo expulsó a El Salvador

En junio de 1956, cuando Aldo Díaz Lacayo llevaba cinco meses de prisión, fue expulsado a El Salvador por órdenes del dictador Somoza García. Fue conducido en un avión de la aerolínea TACA, custodiado por agentes de seguridad.

Somoza fue convencido por el doctor José Guillermo Trabanino, (salvadoreño), entonces primer secretario de la Organización de Estados Centroamericanos (ODECA), fundada el 14 de octubre de 1951, de que por las cercanías de la celebración del centenario de la Guerra Nacional no "era conveniente" tener prisioneros políticos, porque deslucirían las festividades.

Establecido en El Salvador, Aldo comenzó a contactarse con los exiliados y conspiradores nicaragüenses en contra de Somoza. Tras el ajusticiamiento del dictador Somoza García, la comunidad nicaragüense estalló en una desbordante alegría y algunos consideraron que estaban dadas las condiciones para iniciar una revolución armada en Nicaragua.

Con el general Raudales

En marzo de 1957 un oficial ex G.N, Luis Alonso Leclaire, invitó a Díaz Lacayo, a quien le decía "ñiño" (con doble ñ) a viajar a Tegucigalpa, Honduras, donde le presentó al legendario general Ramón Raudales, uno de los 30 que conformaron el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional (EDSN) del General Sandino, quien a los 68 años, con su movimiento dio continuidad a la lucha sandinista primero contra la intervención de tropas norteamericanas y luego contra la dictadura de Somoza.

Raudales, un adinerado hacendado que había luchado con Sandino desde 1927, se había refugiado en Choluteca, Honduras, tras la masacre y persecución de Somoza contra los sandinistas en Nueva Segovia, después de febrero de 1934 cuando ordenó el asesinato del General Sandino. Raudales vivió en Honduras con el seudónimo de "Luis Rodríguez", afirma Díaz Lacayo.

La única vez que Aldo tuvo un grado militar fue en el movimiento guerrillero de Raudales, quien lo nombró teniente y secretario de leyes y relaciones. Durante una primera incursión del grupo guerrillero formado entre 15 o 20 hombres, sostuvieron un choque armado con efectivos de la G.N, pereciendo un solo combatiente de apellido Rodríguez Castro. Según otros testimonios, en ese enfrentamiento la G.N habría sufrido 8 muertos y al menos 17 heridos, cuyas armas y pertrechos fueron recuperados.

El movimiento armado tenía la promesa del conservador y oftalmólogo Fernando Agüero Rocha y de Peter Vivas Benard, de apoyar en las ciudades con levantamientos armados, situación que no ocurrió.

Una tarde de 1958, cuando incursionaron en una población del norte, atacaron un pequeño cuartel G.N. donde murió un soldado y dos se rindieron. Creyendo que era Murra o Susucayán, en Nueva Segovia, Raudales le encargó hablar ante un nutrido grupo de pobladores para invitarles a unirse a la lucha. Nadie respondió. Todos se fueron a sus casas. Esa indiferencia constituyó un golpe duro para Raudales y sus hombres, pero no les bajó la moral.

Tras ese episodio, el general Raudales comisionó a Díaz Lacayo viajar a Honduras a buscar a Peter Vivas Benard para reclamarle de la prometida ayuda, pero nunca se concretó. En el país vecino Aldo enfermó de malaria. El 18 de octubre de 1958 en un combate con la G.N cerca de Jalapa, Nueva Segovia, el General fue herido de bala en la mandíbula, le subieron en una mula para sacarlo del sitio, pero durante el trayecto murió desangrado. Cuentan que pedía a señas (no podía hablar) que le dieran el tiro de gracia.

Posterior a ese combate, llegó hasta Tegucigalpa el comandante Julio Alonso Leclaire a visitar a Díaz Lacayo y al verlo que llevaba puestas las botas del general guerrillero se enteró que el continuador de la lucha de Sandino había caído en combate a los 68 años de edad, y con su muerte había finalizado de esa manera el movimiento guerrillero.

A Managua en 1959

Concluida la jornada guerrillera, el "Grupo Civil" del movimiento, integrado por Fernando Agüero Rocha, Guillermo Suárez Rivas, Denis Icaza y Aldo Díaz Lacayo, decidió retornar a Managua en distintos momentos.

Ese día del retorno de Aldo, al que sus padres fueron a esperar al aeropuerto entonces Las Mercedes para llevarlo a la casa del barrio San Sebastián, pasaron por la Plaza de la República donde una muchedumbre lanzaba vivas a la revolución cubana que acababa de triunfar, derrotando a la dictadura de Fulgencio Batista el primero de enero de 1959.

"Me empezaron a vigilar (la Guardia Nacional) y cierto día el periodista Eligio Álvarez Montalván, del Movimiento Nacional Revolucionario (MNR), que dirigía Álvaro Ramírez, me comunicó que me invitaban a irme a Cuba".

En abril del 59 Aldo viajó a Cuba, apenas tres meses y días del triunfo liderado por el comandante Fidel Castro Ruz. "Cuba en ese momento era un pandemónium, repleto de viejos militantes revolucionarios de diversos movimientos. De Nicaragua se encontraba, entre otros, la doctora Conchita Palacios", recuerda Aldo.

El comandante Ernesto "Che" Guevara en ese momento era el encargado de atender a los exiliados nicaragüenses, pero –según Aldo–, éste atendía solo a los antiguos y conocidos militantes, a él por su juventud no lo tomaban en cuenta. Fue entonces cuando tomó la determinación de buscar una entrevista para reclamarle y decirle que los únicos que iban a la montaña a empuñar las armas eran los jóvenes.

"No te preocupes, la lucha da los líderes", le respondió el carismático Che.

El Chaparral

A finales de mayo e inicios de junio, se organizó en Honduras el movimiento guerrillero conocido como El Chaparral con el apoyo directo del Che, quien designó como jefe militar por su experiencia al ex teniente G.N Rafael Somarriba, que al igual que muchos miembros de la oficialidad desaprobaban los desmanes de la dictadura de la familia Somoza, dominada en ese momento por los hijos de Tacho, Luis y Anastasio, el primero en la presidencia y el segundo al frente del control de las armas en la Guardia Nacional.

El Che nombró además a un grupo de combatientes cubanos, dirigidos por Onelio Hernández y Carlos Lugo, quienes formaron la columna Rigoberto López Pérez con 75 hombres, entre ellos el entonces joven estudiante Carlos Fonseca Amador.

La guerrilla acampó en El Chaparral, (departamento de El Paraíso, Honduras) en una hondonada en el borde fronterizo con Nicaragua, desde donde incursionarían a combatir a la guardia somocista. El 24 de junio los guerrilleros fueron atacados sorpresivamente con morteros, granadas y fuego graneado durante una hora, bajo el mando del capitán hondureño Andrés Espinoza, quien los conminaba a rendirse.

El militar hondureño a gritos solicitó hablar con el jefe Somarriba y les dijo que tenía órdenes de la embajada norteamericana y del mando militar hondureño de no hacer prisioneros, los querían muertos. Ante esa advertencia, los nicaragüenses continuaron el combate por dos horas más.

De pronto, una orden de alto al fuego de la parte hondureña cambió el rumbo del combate. El militar gritó que tenía nuevas instrucciones de respetar la vida de los que se rindieran. Así ocurrió, el resultado fue nueve muertos y 15 heridos de gravedad, entre ellos el comandante Carlos Fonseca, quien resultó con un pulmón perforado.

El fracaso de este intento guerrillero, en el que no participó la G.N. de Somoza, explica Díaz Lacayo que se debió a dos fallas: la primera, logística y la otra de orden subjetivo.

La primera se dio con el reclutamiento abierto de combatientes voluntarios de diversos países, con pocas normas de selección ideológica y de seguridad, sumado al rumor en la poca confiabilidad del ex G.N. Rafael Somarriba, quien había adquirido la nacionalidad norteamericana.

La segunda fue la confianza del mando en la palabra del entonces presidente hondureño Ramón Villeda Morales, en el sentido que les prometió tener garantías para que el ejército no les atacara, relata Aldo, entonces jefe de una escuadra guerrillera.

Tras el fracaso, el Che les retiró el apoyo

En agosto de 1959, tras el fracaso de la guerrilla, el comandante Che Guevara convocó a Rafael Somarriba y Aldo Díaz Lacayo a una reunión en La Habana, para analizar lo ocurrido y el futuro de la lucha contra Somoza.

El Che adoptó una postura relajada y con su traje verde olivo lanzó la pregunta. – ¿Qué opinan de los desaciertos que terminó en el fracaso?–Una coincidencia –respondió Aldo.

La respuesta del Che fue rápida como un rayo, tanto así que lo quedó viendo fijamente como queriendo penetrar en sus pensamientos, y esa frase Aldo nunca la olvidó: "Yo no creo en coincidencias fatales".

El Che fue enfático respecto a que no seguirían apoyándoles y rápidamente ordenó que les dieran un boleto de avión con destino a México.

Esta imagen tomada por el extraordinario fotógrafo Óscar Cantarero, capta a varias personalidades del sandinismo: de izquierda a derecha, René Núñez y su esposa Leana Vivas, Samuel Santos, el padre Miguel D'Escoto, Aldo Díaz Lacayo y Bayardo Arce Castaño.

Su carrera diplomática

De México viajó a El Salvador, donde se estableció durante muchos años. Con el triunfo de la Revolución Popular Sandinista, comenzó su carrera diplomática y su vida orgánica en el FSLN. En los primeros meses de 1980, el entonces canciller padre Miguel D´Escoto le llamó para ofrecerle la representación diplomática en México durante la presidencia de José López Portillo, con quien estableció una excelente relación, y quien tenía sentimientos de respeto y admiración hacia los sandinistas.

En 1982 finalizó su misión en México y retornó a la Cancillería para atender a los embajadores acreditados en el país. Posteriormente fue nombrado embajador ante Venezuela.

En febrero de 1990, cuando se encontraba en misión en Chile buscando la apertura de la embajada de Nicaragua en ese país, tras la caída de la dictadura militar de Augusto Pinochet y el ascenso a la presidencia del demócrata cristiano Patricio Aylwin, ocurrió la pérdida de las elecciones del gobierno sandinista.

Con la pérdida electoral del gobierno sandinista, Aldo paralizó todas sus gestiones. Llevaba la misión de restablecer las relaciones diplomáticas con Chile. Desde Managua le instruyeron que no se moviera, que consiguiera y preparara un estadio para un evento masivo al que asistiría el comandante Daniel Ortega Saavedra.

Efectivamente, el comandante Daniel asistió a la toma de posesión del presidente Aylwin y participó en un gigantesco mitin en el gimnasio Nataniel, en Santiago, Chile, evento durante el cual pronunció un encendido y extraordinario discurso que conmovió a la masa de chilenos que se acababa de librar de la dictadura de Pinochet, donde no solo sonaron los aplausos, también sonaron las descargas de ametralladoras disparadas por militantes del Movimiento de izquierda Revolucionaria (MIR), recuerda con orgullo nuestro entrevistado.

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