Blogs - Curas, celibato y pedofilia


6 mayo de 2010
Por Mario Fulvio Espinosa

Cuando la iglesia intenta suprimir la ley natural del "creced y multiplicaos" y sustituirlo con un artificio como el celibato obligatorio, está prohibiendo en forma directa la realización de procesos vitales para el pleno desarrollo social del ser humano. Esta imposición más temprano que tarde, afecta la vida síquica de los curas. Cualquier regla que comience con una negación, con un "NO" como el que impuso Dios a Adán y Eva, está destinada a producir una reacción de rechazo y de protesta.

El celibato entre otras cosas, es una renuncia a compartir el sentimiento más profundo que une los sexos de la especie humana: el amor. Es una castración virtual que parte de suponer que el castrado encontrará una recompensa sublimada en el privilegio del ejercicio sacerdotal y en la identificación profunda con Cristo, con el prójimo y la fe cristiana. Desde el punto de vista de la Iglesia el sacerdote se convierte en un ángel, esos seres imaginarios sin sexo que, según dicen, existen para hacer las diligencias divinas.

Pero los curas ni son ángeles ni espíritus etéreos, tienen un sexo que está sujeto a las primordiales leyes de la naturaleza que no acepta ficciones ni sustituciones virtuales. Sin embargo, a contrapelo de esta verdad, la idea del celibato como una sublimación ha sido aceptada como tradición entre las ovejas de la grey católica, se presume que es una cosa normal, buena y santa. La realidad nos dice otra cosa, existe un considerable número de sacerdotes que han renunciado al celibato y se han casado dejando a un lado sus votos sacerdotales, pero lo más lamentable es la proliferación de curas pedófilos y pederastas –fenómeno nada nuevo en la "santa" iglesia católica– , que van dejando por el mundo un sinnúmero de víctimas de su desatadas pasiones.

Por supuesto, la pedofilia y la pederastia están ligadas al mundo interno y externo de cada sacerdote, y puede alegarse que es difícil penetrar con la psicología en el ámbito personal de cada cura. Sin embargo, es sabido que una "castración virtual" no liquida el "eros" freudiano, sino más bien lo estimula y lo transforma en manifestaciones neuróticas que son producto de la misma soledad y de pasiones reprimidas.

En la búsqueda desesperadas de alivio, el reprimido acude a secretas complacencias como la masturbación, hasta que llega el momento en que su consciencia rechaza las cadenas y se enfrenta a un conflicto de fe e identidad y, con todos los riesgos que conlleva el escándalo en su rebaño de "ovejas", el cura rompe las amarras y se deja llevar por la vorágine sexual. Se convierte en un hipócrita sin moral, sabe que su victima, hombre o mujer –católica como él– enfrentará en secreto el acto "sacrílego" de relacionarse sexualmente o de ser violado/a por un "hombre de Dios".

Como tradición, el pedófilo y el pederasta han contado por muchos años con la complicidad del la "santa Madre Iglesia" que oculta esos pecados de sus servidores, y que reduce el castigo a una amonestación a través de la confesión del cura pecador, que al recibir la absolución sigue tan campante ejerciendo el sacerdocio.

En todos los casos la Iglesia, como los Ejércitos del mundo, se reserva el derecho de juzgar a sus delincuentes. De esos procesos poco sabe la feligresía pues, según la Iglesia, "en el escándalo está el pecado", y "peca más el que escandaliza que el mismo pecador". Es común entonces que la absolución del pedófilo o del pederasta sea asunto de confesionario.

Aquí cabe citar el caso del padre Dessi, que tuvo que ser acusado por sus victimas en un tribunal de Italia, porque aquí, en Nicaragua, no tenia caso enjuiciarlo por violación múltiple. Y que sorpresa fue saber que nuestra curia no sabía nada del caso y ni siquiera en lenguaje lacónico habló de eso. ¿Encubrimiento? ¿Omisión? ¿Complicidad? ¿Ocultamiento? ¿Negligencia? Yo no sé, pero todo fue "ad mejoren Dei gloria".

Salvo en la época medieval, cuando los santos papas escandalizaban a la luz pública, los pontífices y las altas jerarquías siempre han ocultado sus crímenes sexuales y los de sus curas. En Nicaragua las diócesis y las parroquias siempre han contado con curas que vuelan los hábitos al guindo y otros que pecan sin escandalizar. Saben estos tonsurados que sus amantes guardarán el secreto de sus ilícitos, y por lo general los hijos del pecado no saben quien es su padre, y si llegan a saberlo, guardarán en secreto su inmerecida vergüenza.

De ahí que por muchas ciudades, municipios y aldeas de Nicaragua sea un secreto a voces que "fulano es hijo del padre tal", pero a la jerarquía no le interesa saberlo mi hace nada por proteger a esos hijos bastardos de vergüenza. Por supuesto, la víctima propicia de esta relación pecaminosa es la mujer, pero eso no es nada nuevo puesto que el machismo cristiano data de la época de la creación, cuando Dios da vida a Eva para ser un apéndice sometido a Adán. Eva y las mujeres han sido y siempre serán pasajeros de segunda clase, y muchas veces de tercera o cuarta en el tren de la vida cristiana.

El problema de la pederastia y la pedofilia ya no es cuestión de fe ni de "opción de vida", sino es la respuesta que dan muchos curas a la castración virtual a que los somete su propia institución. En el ámbito de la psicología los sacerdotes, acosados por sus estímulos naturales y por sus necesidades afectivas, al ver el fracaso de mecanismos psíquicos de defensa, como son la negación del yo, la proyección, la intelectualidad, la auto-represión, la flagelación y el encierro, que en lugar de curarlos los llevan a padecer sufrimiento y deterioro mental, sucumben a esa sublimación y comienzan a vivir una doble vida que, por ser oculta, jamás les servirá para realizarse como seres humanos íntegros, como personas, ni les evitará estados de culpabilidad y de neurosis más o menos profunda.

Claro, en la imposición del celibato entran razones económicas de la Santa Madre Iglesia, ella no desea que el sacerdote tenga una familia formal pues ello supone reclamos económicos de manutención y herencia. El celibato deja a salvo a la Iglesia de estos obstáculos y garantiza menores gastos en el sostenimiento de los curas. Y esto también es relativo, sino recuérdese el óbolo que se pide a los fieles para socorrer a los curas ancianos que carecen de toda prestación social.

De cualquier manera la pederastia y la pedofilia constituyen una respuesta a la imposición y a la represión, estados psicológicos que ha sido estudiado y analizado por muchos psicólogos y psiquiatras del mundo que certifican que el fenómeno forma parte de la diferentes momentos de crisis que suelen desencadenarse cuando se entra a un desajustes entre el yo ideal y el yo real.

Según el Anuario de la Iglesia Católica Española, existen en el mundo 405, 795 sacerdotes activos a los que hay que añadir 100,000 que se han secularizado. Pues bien, de este gran total y, según investigaciones del profesor español Pepe Rodríguez, un 95 % se masturba, un 60 % mantiene relaciones sexuales, un 25 % soba a menores, un 20% realiza prácticas de carácter homosexual, un 12% es exclusivamente homosexual y un 7 % comete abusos sexuales graves contra menores.

A estos porcentajes afectivo-sexuales hay que añadir el notable 20% de sacerdotes ordenados que se ha secularizado y casado, o viven amancebados sin más ni más.

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