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Desplazados en sur de México malviven en refugios

Ciudad de México. Agencias. | 4 de Agosto de 2013 a las 15:05

Florentino Soto, un campesino de 44 años, se dispone a regresar a Ixtayotla, un pueblo del convulso estado mexicano de Guerrero (sur) que luce prácticamente desértico tras el éxodo de centenares de sus habitantes atemorizados por la violencia del crimen organizado en la zona.

En las dos últimas semanas, alrededor de 1.000 habitantes de 13 comunidades de este empobrecido estado han abandonado sus casas ante las amenazas y agresiones directas de grupos no identificados de la delincuencia organizada, y muchos de ellos malviven en improvisados albergues habilitados por el gobierno estatal.

Florentino se encuentra desde el miércoles en uno de estos albergues del municipio Heliodoro Castillo, pero decidió volver por unas horas a su pueblo para chequear su casa y terreno, temeroso de perder su siembra y ganado.

Al llegar, la imagen del pueblo es desoladora. Mientras una decena de chivos, burros y perros deambulan por la abandonada cancha de baloncesto, otros animales tratan de rescatar la poca comida que queda al interior de las casas.

"Vamos a causar lástima a la ciudad, estamos bien pobres. ¿Qué vamos a hacer, de qué vamos a vivir?", se lamenta este campesino, consciente de que incluso si vendiera todo su ganado no le alcanzaría para una renta lejos de Ixtayotla.

Actualmente, no hay ni rastro de los más de 200 habitantes que solían vivir en este sencillo pueblo de montaña; sólo la presencia esporádica de patrullas militares y policías estatales que circulan con sus coches por los sinuosos caminos de terracería.

Sin embargo, sí que quedó un habitante en Ixtayotla: el vecino de Florentino, Víctor Manuel Torres, un joven discapacitado mental de 25 años que quedó solo en su casa luego de que su abuela, su única familiar, no lograra llevárselo el miércoles cuando huyó del acecho de grupos armados.

"¡Gordo!", saluda cariñosamente el campesino a su vecino, que apenas puede comunicarse, mientras le ofrece unas galletas y le anuncia que su abuela está por llegar a buscarlo en las próximas horas.

Son centenares las historias de mexicanos que tratan de resistir en Guerrero pese al azote del narcotráfico que vive el estado, productor de marihuana y ruta de trasiego de droga hacia Estados Unidos. Las autoridades no identifican a los grupos armados que se disputan el control de las zonas donde se han registrado los desplazamientos.

La inseguridad en Guerrero llevó a que este año en diversas comunidades se crearan los llamados grupos de autodefensa, formados por civiles que se han alzado en armas para, aseguran, defenderse de la criminalidad.

"El día lunes mi esposo salió a trabajar y ya no regresó. Se supone que lo agarraron, lo secuestraron y ahorita no sabemos nada de él", expresa afligida Leticia Rivas, madre de siete niños y vecina de Tetela del Río.

Secuestros, viviendas quemadas, vehículos e inmuebles baleados se están haciendo comunes en varios puntos de Guerrero, cuyo gobierno decidió reactivar el mecanismo de atención a desplazados luego de que el 17 de julio iniciara el éxodo de personas desde el municipio de San Miguel Totolapan.

Ese pueblo está ubicado en la convulsa subregión de Tierra Caliente que Guerrero comparte con el estado de Michoacán (oeste), en cuyo lado el gobierno tuvo que lanzar un operativo policíaco-militar para enfrentar al cártel Los Caballeros Templarios, a su vez enfrentado con el cártel Jalisco Nueva Generación.

En San Miguel Totolapan, las balaceras entre grupos criminales dejaron varias personas heridas y algunas casas incendiadas, lo que provocó que los habitantes se escondieran inicialmente en una iglesia y luego decidieran huir del pueblo.

"Tan pronto haya ese tipo de brotes los vamos a atender", dijo el secretario general de Guerrero, Jesús Martínez, al afirmar que algunos vecinos ya regresaron a sus hogares gracias a los operativos de vigilancia de la policía estatal en coordinación con el Ejército.

Pero en Heliodoro Castillo, enclavado en la sierra, hay más de 800 personas refugiadas, desde niños hasta ancianos, que pernoctan en colchones en la comisaría de los bienes comunales.

"Nosotros nos sentimos bien pero no es lo mismo. Tenemos el apoyo pero queremos nuestra casa", resumió una madre de dos hijos que prefirió no revelar su identidad.

Decenas de miles de mexicanos han tenido que huir de sus casas por la violencia que se vive en buena parte del país en los últimos años. Algunas localidades del norte del país incluso llegaron a ser completamente abandonadas.

En el gobierno de Felipe Calderón (2006-2012), durante el cual se perpetraron más de 70.000 asesinatos vinculados con el crimen organizado, también hubo unos 150.000 mexicanos que tuvieron que desplazarse por la violencia asociada al narcotráfico, según datos de Amnistía Internacional.


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