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Espionaje estadounidense a Brasil provoca fisura en vínculos bilaterales

Brasilia. Agencias. | 18 de Septiembre de 2013 a las 12:51

La decisión de la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, de aplazar su visita oficial a Estados Unidos ante la carencia de respuestas concretas de Washington sobre las actividades de espionajes contra su país entraña una fisura en las relaciones bilaterales.

Esta decisión fue respaldada por aliados que reconocieron la posición de Rousseff de defender la inviolabilidad de la soberanía nacional y los derechos humanos de los ciudadanos.

El líder del Gobierno en la Cámara de Diputados, Arlindo Chinaglia, afirmó que no tenía sentido visitar Estados Unidos, cuando no hay explicaciones de la Casa Blanca sobre las intercepciones de correos electrónicos y llamadas telefónicas a la mandataria, sus asesores y a la empresa Petrobras.

Esperaba una respuesta de este tipo, pues la jefa de Estado manifestó su malestar de manera pública con anterioridad y dejó claro la necesidad de contar con aclaraciones precisas de Washington, dijo Chinaglia

Su colega, el máximo representante del bloque de diputados del Partido de los Trabajadores, José Guimaraes, subrayó que esta postura de la dignataria fija una nueva conducta en las relaciones con Estados Unidos.

En su opinión, la gobernante actuó de manera correcta y cuenta con todo el apoyo y solidaridad de su agrupación, por cuanto se puso como prioridad la necesidad de Washington de respetar la soberanía de otros pueblos.

En medios políticos, se estima que esta posición de Rousseff tiene relación con asuntos sensibles: el respeto mutuo, la convivencia democrática entre los países amigos y el desinterés de la presidenta de visitar Washington para hablar sólo de espionaje.

Un comunicado de Prensa de la Presidencia señala que Brasil comprende la importancia y la diversidad de la relación bilateral basada en el respeto y la confianza, pero considera que las prácticas de interceptación ilegal de las comunicaciones y datos de los ciudadanos y las empresas son una amenaza seria a la soberanía y los derechos individuales.

Por ello, se estima que hubo una postura firme de parte de la dignataria que constituyó un claro porrazo a los vínculos bilaterales, pero que no conllevará a una ruptura, ni afectará la relación comercial entre las dos naciones.

Para la Casa Blanca, este aplazamiento resulta un revés, pues la visita de Estado de Rousseff era la única con categoría de Estado programada por el presidente Barack Obama para este 2013.

Tal acontecimiento sería considerado como una posibilidad para acercar posiciones, y ganar nuevos espacios en este país emergente, transformado en un importante actor regional e internacional.

Sin embargo, las revelaciones de espionaje realizadas por el exagente de la Agencia estadounidense de Seguridad Naciones Edward Snowden, asilado en Rusia, irritaron a Rousseff, quien demandó explicaciones rápidas y por escrito.

Las interrogantes de las autoridades brasileñas son muchas, sobre todo las referidas a qué problemas de seguridad nacional husmeaba Estados Unidos en Brasil, al decidir interceptar las conversaciones telefónicas de la presidenta, sus asesores y de la compañía Petrobras.

El malestar por ello es mayor, pues lesionó intereses tanto de política exterior como locales, indicaron expertos.

Además de posponer su visita oficial, la mandataria llevará el tema a la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde pretende cuestionar las posturas hegemónicas de la norteña nación, en su intervención el 24 próximo

En el plano interno, las autoridades brasileñas impulsan otras medidas para garantizar su seguridad, blindar sus comunicaciones y proteger sus secretos.

Se priorizó la compra de un satélite propio de comunicación, el cual será lanzado en 2016 y utilizado por las autoridades civiles y militares, así como se contará con líneas propias de fibra óptica para las conexiones con sus vecinos del Mercado Común del Sur (Mercosur).

Estas acciones denotan una postura clara de esta nación de defender su soberanía y los derechos de sus ciudadanos, actitud que no está muy acorde con la política de Washington, que desea aliados dóciles y subordinados.


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