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El otro asesinato

Washington. Por Raquel Godos, agencia EFE. | 28 de Agosto de 2013 a las 10:28

El sueño de Martin Luther King era también el de Medgar Evers, un joven negro hijo de agricultores y veterano de guerra, cuyo asesinato, en junio de 1963, atizó la Marcha sobre Washington por los derechos civiles, de la que hoy se conmemora el 50º aniversario.

Su muerte conmocionó al país y fue inspiración para canciones, poemas, libros y películas en un año, 1963, sacudido por los atentados racistas contra activistas de color.

Nina Simone o Bob Dylan escribieron temas sobre la figura de Evers que quedarían para la historia, mientras que el filme "Ghosts of Mississippi", con rostros como los de Whoopi Goldberg o Alec Baldwin, relató su muerte.

Su asesinato fue un acicate más para las casi 300.000 personas que se congregaron en el Mall de Washington y ante las cuales Martin Luther King proclamaría, un día como hoy, su histórico anhelo de igualdad y justicia: "I have a dream".

Evers murió asesinado el 12 de junio de 1963, apenas unas horas después del discurso televisado del entonces presidente estadounidense John F. Kennedy en favor de los derechos civiles.

Le dispararon por la espalda, con un rifle, al volver a su casa tras una reunión con la Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de Color (NAACP, en ingles), con la que colaboraba.

Kennedy, que también sería asesinado solo cinco meses más tarde, trazó con sus palabras de aquella noche el inicio de la legislación de justicia social más radical en la historia de Estados Unidos, la Ley de Derechos Civiles de 1964. Un sueño que Evers compartió con King, pero no pudo llegar a ver.

Nacido en Decatur (Misisipí), el 2 de julio de 1925, era el tercero de los cinco hijos de James y Jessie Evers, agricultores y trabajadores en un aserradero. Su muerte, a los 37 años de edad, conmocionó a todo el país y sus restos recibieron honores en el famoso cementerio de Arlington, donde fue enterrado al calor de las más de 3.000 personas que acudieron a decirle adiós.

Criado en una familia humilde, a los 17 años, con la juventud apenas estrenada, Medgar abandonó la escuela secundaria para alistarse en el Ejército, todavía segregado, con el que llegó a participar en el Desembarco de Normandía (junio de 1944) y alcanzaría el rango de sargento.

A su regreso de Europa, Evers comenzó a implicarse en algunas organizaciones locales de derechos civiles, y en 1954, cuando el Tribunal Supremo estadounidense anuló la segregación en las escuelas públicas, fue uno de los primeros negros en solicitar la admisión en la Facultad de Derecho de la Universidad de Misisipí. Se la denegaron.

Cansado de las diferencias sociales entre blancos y negros, Evers acudió a la NAACP en busca de ayuda, y acabó convirtiéndose en uno de sus más importantes líderes.

Las amenazas de muerte no tardaron en llegar después de su implicación en el caso del pequeño Emmett Till, un chico negro de apenas 14 años, secuestrado en agosto de 1955 por un grupo de hombres blancos que habían oído rumores de que Till había estado flirteando con una mujer blanca.

El cuerpo del adolescente apareció tres días más tarde golpeado y desfigurado en el río Tallahatchie, en Misisipí.

En las semanas previas a su muerte, Evers fue objeto de una serie de amenazas. Sus investigaciones públicas sobre el asesinato de Till y su apoyo notorio a otras causas lo convirtieron en un objetivo de los extremistas.

El 28 de mayo de 1963, un cóctel molotov fue arrojado a la cochera de su casa, y cinco días antes de su muerte fue casi atropellado por un coche después de salir de la oficina de la NAACP en Jackson, donde entonces vivía.

La gota que colmó el vaso fue un pequeño discurso televisado que Evers dio en una televisión local, el primero en Misisipí, en el que expuso los objetivos de la lucha por los derechos civiles en la localidad apenas una semana antes de su asesinato.

A la justicia estadounidense le llevó más de 30 años condenar a su asesino, Byron De La Beckwith, a favor de cuya inocencia fallaron dos jurados compuestos íntegramente por blancos, pero su viuda, Myrlie Evers-Williams, logró que finalmente el asesino de su marido pagara por ello.

Su esposa, que más tarde volvería a casarse, continuó con el legado de Evers, e incluso llegó a ser elegida presidenta de la NACCP poco después de la condena contra De La Beckwith.

Myrlie fue, de hecho, una de las dos únicas mujeres invitadas como oradoras para acompañar a Luther King a los pies del monumento a Lincoln, pero finalmente no pudo asistir.

El pasado enero, Evers-Williams se convirtió en la primera mujer en pronunciar la oración de apertura durante la investidura del segundo mandato de Barack Obama, el primer presidente negro de la historia de Estados Unidos, quien además, aquel día, juró sobre una Biblia del doctor King.


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