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Siria en el colimador

La Habana. Por Elson Concepción Pérez, diario Granma. | 30 de Agosto de 2013 a las 09:18
Siria en el colimador

Todo parece indicar que ahora el ataque armado es contra Siria, pero los antecedentes son imposibles de obviar. En la Yugoslavia de 1999 Washington falsificó imágenes, fabricó hechos horrorosos que atribuyó a las autoridades serbias y luego tuvo que admitir que eran falsos. Durante varios días, y sin que el Consejo de Seguridad de la ONU lo aprobara, el Pentágono junto a la OTAN "cocinaron" el plan para lanzar los ataques contra el país balcánico.

Resultado: 78 días y noches de ataques contra Belgrado y otras ciudades y aldeas serbias. Miles de muertos y heridos. Guarderías infantiles, con niños dentro de ellas, fueron voladas en pedazos por los misiles crucero Tomahawk.

Días después el mundo supo que la llamada "limpieza étnica" que Washington usó como argumento para esas acciones, era una completa mentira y que en Kosovo lo que existían, más que todo, eran enfrentamientos entre albano-kosovares que querían anexar el territorio a Albania y los serbio-kosovares que defendían el derecho a vivir, como lo habían hecho desde hace miles de años, en esa, su tierra, bajo la protección serbia.

Pero ya era tarde. Los muertos se contaban por miles. El uranio empobrecido sembrado por los bombardeos mató y mutiló a miles, y dejó la huella de la muerte en otros cientos que aún hoy padecen de leucemia y otras enfermedades oncológicas.

Vi en la exYugoslavia con mis propios ojos, cómo habían quedado las guarderías, iglesias, edificios, las emisoras de televisión, y hasta la embajada china, entre los "objetivos" bombardeados por los aviones norteamericanos.

La ONU, ignorada por Estados Unidos y las potencias occidentales, ni siquiera una propuesta de sanción hizo aprobar por las bárbaras acciones y el irrespeto hacia su autoridad internacional totalmente desconocida.

En el año 2003, un presidente fascista en la silla de la Casa Blanca norteamericana, "fabricó" la existencia de armas prohibidas en Iraq y vínculos de la organización terrorista Al Qaeda con el gobierno de Sadam Hussein.

Con semejante discurso, y aún frescas las huellas de la humillación que causaran a Washington los ataques a las Torres Gemelas y el Pentágono, George W. Bush no tenía que hacer mucho esfuerzo para alistar hombres y medios y lanzarse por aire, mar y tierra contra Iraq, país cuyo gobierno poco hizo para defender su soberanía.

Al mismo gobierno iraquí al que Washington le brindó toda información de Inteligencia para que lanzara ataques químicos contra Irán en una guerra atroz que solo favoreció a Estados Unidos, ahora se le tildaba de poseer armas de exterminio masivo y de albergar en su territorio a terroristas de Al Qaeda.

A la semana de los ataques, ya la Casa Blanca reconocía, y el mundo, con pudor e incredulidad se enteraba de que el argumento de la agresión no era cierto y que en Iraq ni había ese tipo de armas ni se conocían a los hombres de Al Qaeda.

El Consejo de Seguridad de la ONU, al "enterarse" de la verdad o admitir la falacia fabricada por Washington, no pudo más que lamentar el error y pronunciarse con frases vagas para que no se albergara ninguna esperanza de crítica a los anfitriones de su sede.

Con Afganistán pasó otro tanto: buscaban a un Bin Laden que solo pudieron capturar y asesinar durante una oscura acción —aún hoy sin aclararse— en territorio de Paquistán.

El mulá Omar, presidente talibán despojado por las fuerzas de ocupación norteamericanas y de la OTAN, aun cojeando pudo perderse en territorio afgano y todavía hoy no se sabe de él. Más de 160 mil soldados norteamericanos y otros miles europeos, nada pudieron lograr en aquellas tierras, que no sea el acelerado deterioro gubernamental y los cientos de miles de víctimas civiles en uno de los países más empobrecidos de la geografía mundial.

Libia sufrió también la guerra mediática de las mentiras para justificar un ataque militar que masacró a pobladores, incluyendo al Presidente de esa nación. Hoy Libia es totalmente inestable y se conoce que fuerzas de Al Qaeda actúan en una buena parte de su territorio "liberado" por los yanquis.

Siria, el país árabe centro de los ataques —mediáticos y militares— es el objetivo actual. Para ello, Barack Obama, el marchito mandatario de turno, usa los elementos que emplearon otros presidentes en Yugoslavia, Iraq y Afganistán y ha acudido a las experiencias de cómo se inventaron aquellas guerras, para lanzarse a esta nueva aventura.

Para justificar los ataques a Siria, vuelve la invención de las armas químicas y para actuar a espaldas de la ONU, los gobiernos de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, han declarado que pueden hacerlo bajo el pretexto de una "crisis humanitaria".

En estas circunstancias inciertas se ha despertado el mundo hoy, en espera del accionar del gatillo letal contra una Siria dispuesta a resistir y defenderse, a la que Washington tiene en el colimador esperando la orden del todopoderoso Obama.


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