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Camino al infierno

Ciudad Guatemala. Prensa Libre. | 1 de Septiembre de 2013 a las 12:37
Camino al infierno

Aunque el boleto de este tren de mercancías abordado ilegalmente por inmigrantes comienza siendo gratis, su precio va subiendo tramo a tramo, gracias a los sobornos y percances del trayecto hacia la frontera con EE. UU., hasta el punto de que a veces el pago es dejar la vida en el camino.

Lo apodan la Bestia y, según relatan los que se han subido, no podía tener un nombre mejor: “Se viaja a la intemperie, con riesgos de caerte, sol, hambre, por lugares remotos, te puede tumbar una rama de árbol, te puedes caer por sueño, te pueden bajar del tren y secuestrarte o extorsionar”, cuenta Rubén Figueroa, defensor de derechos humanos de México.

Figueroa ha trabajado en la última década cerca de los migrantes, en las vías, ayudando a las miles de personas que atraviesan cada año México, cerca de medio millón, procedentes de Centroamérica y con destino a Estados Unidos, en busca de trabajo y una vida mejor.

Y continúa en su lucha después de que dejara las vías de Huimanguillo, Tabasco, sureste de México, donde estuvo desde que el domingo recién pasado un tren se descarriló con unos 300 inmigrantes a bordo, de los cuales al menos 12 murieron bajo los pesados vagones, y quedaron 22 heridos.

El accidente hizo que ellos no pudieran acabar un viaje en el que, si todo va “bien” y se logran superar las adversidades, los viajeros tardarán entre 20 y 25 días en llegar a la frontera norte, en los que habrán desembolsado “como mínimo” US$1 mil 130.

Figueroa ha efectuado gran parte de su trabajo en el albergue La 72 de Tenosique, municipio de Tabasco, en el que arranca una de las rutas que toman los inmigrantes, que está a unos 60 kilómetros de la frontera con Guatemala.

Desde allí salió el tren que se descarriló hace una semana, aunque hay otra opción similar, aún más al sur, entrar por Tapachula, Chiapas, y tomar el tren en el municipio de Arriaga.

Estos dos tramos, cuyos trenes salen un día sí y otro no, son los “más tranquilos”, explicó Figueroa.

Caminos inciertos

Las dos líneas se unen en Medias Aguas, Veracruz, continúan hasta el centro del país y luego vuelven a dividirse, una hacia el Pacífico, otra hacia el Golfo de México, y ahí es cuando comienza el territorio salvaje. La ruta del Golfo es “más peligrosa”, la del Pacífico algo menos, pero “mucho más larga”, aunque las dos pasan por las rutas del trasiego de drogas y los inmigrantes se convierten en una mercancía más, víctimas y presas fáciles del crimen organizado.

Óscar, salvadoreño de 39 años, conoce todas las rutas, pues ha abordado tantas veces el tren que ya hasta se olvidó del número. Dos veces consiguió llegar a Estados Unidos, desde donde lo deportaron, y muchas otras se quedó en el camino y regresó a su país.

Ha vivido de todo, extorsiones, fugas y hasta una caída del tren de la que salió ileso y no corrió la suerte de muchos compañeros que mueren aplastados o sufren amputaciones.

Para él, lo peor es el sol. “Si llueve se moja uno, pero al menos viene un poco fresco y no se siente tan fatigado, pero como está el sol ahora. Soportar 14 o 16 horas de tren es duro”, relata Óscar.

También es duro enfrentarse a todas esas personas que tratan de aprovecharse de la vulnerabilidad de quienes no tienen nada y constantemente los extorsionan.

Entre ellos, asegura Figueroa, están los operarios del tren, que les piden dinero para poder continuar el camino y, a veces, les amenazan con no mover las máquinas si no pagan.

Y, lo peor, las mafias o carteles de la droga, muchas de las cuales cobran una cuota fija: US$100 en Ixtepec, Oaxaca; US$100 en Tierra Blanca, Veracruz; US$100 en Huehuetoca, Estado de México, y así sucesivamente.

El sacerdote Alejandro Solalinde, director del albergue Hermanos en el Camino de Ixtepec, considera que más allá de si el accidente del domingo último fue culpa de la lluvia o de que robaran los rieles, la “responsabilidad es del Gobierno”.

Indiferencia oficial

“El Legislativo había propuesto un permiso temporal de tránsito para que pudieran llegar a EE. UU. y no tuvieran que irse por los trenes, pero el gobierno pasado de Felipe Calderón negó esto”, recordó Solalinde.

“Ahora los migrantes siguen como si nunca hubiera existido la ley, teniéndose que ir por rutas peligrosas donde son presa de la delincuencia organizada”, señala Solalinde.

En opinión de este férreo defensor de inmigrantes, México no ha hecho nada por regular el paso por sus fronteras porque tiene “un compromiso” con Estados Unidos, “la contención del flujo migratorio”.

Hay “una cacería de inmigrantes en todo el territorio mexicano”, asegura Figueroa tras recordar que en ese país “se pueden encontrar retenes y puntos de revisión migratoria en todo momento”.

Si los inmigrantes pudieran entrar en forma documentada al país, añade Figueroa, bajarían las ganancias de las autoridades provenientes de las extorsiones y esto no conviene, por lo que las denuncias de los defensores, muchas veces bajo amenazas de muerte, siempre quedan en papel.

“El caso del tren ilustra una parte de los peligros a los que se enfrentan a diario quienes viajan por mar o tierras mexicanas con la intención de llegar a Estados Unidos”, cita Abel Núñez, director del Centro de Recursos Centroamericanos.

El domingo 25 de agosto, por causas todavía por confirmar, uno de los trenes de carga en los que los migrantes suelen viajar en condiciones de extrema inseguridad hacia Estados Unidos, se descarriló en Tabasco, sureste de México. De los 12 muertos, ocho eran hondureños.

Territorio salvaje

Si bien les va, los indocumentados centroamericanos deben pagar más de US$1 mil por extorsiones en su travesía en tren por territorio mexicano.

Viajan sobre el lomo del tren de carga que recorre México de sur a norte, donde sufren lluvia, frío y los implacables rayos del sol.

La travesía por México llena de peligros tarda 25 días o un mes.

Para no caerse del tren,  debido a que se quedan dormidos, los inmigrantes se amarran a las escaleras o hierros.

Deben ir atentos porque una rama de árbol puede derribarlos del techo del ferrocarril.

Pueden ser secuestrados por delincuentes o los miembros de los carteles de las drogas, para pedir rescates a sus familias.

En el trayecto del tren son asaltados o deben pagar “cuotas” a los delincuentes, pero también a los maquinistas.

El hambre y violaciones a las mujeres son  otros de los enemigos.

Los accidentes de tren son  también  uno de los riesgos, como ocurrió en Tabasco hace una semana.

Robaron tornillos

El robo de piezas fue la “causa determinante”  del descarrilamiento del tren de carga el domingo 25 de agosto último en el estado mexicano de Tabasco  (sureste), en cuyo techo viajaban clandestinamente cerca de 300 inmigrantes centroamericanos, y que dejó al menos 12 muertos, informaron  autoridades mexicanas.

“El robo de una pieza metálica que une dos rieles, conocida como planchuela, y los tornillos que la fijaban fue causa determinante para el accidente”, señaló en un comunicado la Secretaría  de Comunicaciones y Transportes en base al dictamen de técnicos de la operadora de la línea ferroviaria.

 El tren de carga, conocido como la Bestia, es utilizado por los inmigrantes para viajar a través del territorio mexicano para llegar a la frontera con Estados Unidos, arriesgándose a caídas, sobornos, asaltos y secuestros.

Residentes en Estados Unidos

Un total de 5.3 millones de centroamericanos —en una región de 45 millones de habitantes—, sobre todo de Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua,  vive en Estados Unidos. El total de las remesas que envían equivalen al 7% del producto interno bruto  (PIB) del Istmo, según datos del Consejo Monetario Centroamericano.

Migración reporta por centenas los muertos cada año en su travesía por México.


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