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El último día de Allende

Santiago. Agencias. | 9 de Septiembre de 2013 a las 12:01
El último día de Allende

Salvador Allende Gossens, fue electo presidente de la República de Chile el 4 de septiembre de 1970. Durante sus tres años de mandato, inició una transformación política y social para el pueblo chileno, ávido de justicia e igualdad.

El gobierno socialista chileno de ese entonces surgió por elección del Poder Popular, para dignificar y reivindicar a una sociedad esperanzada en un cambio que mejorara las condiciones de vida. "Nosotros vamos a hacer una democracia auténtica, porque va a participar el pueblo y no una minoría. Cuando un pueblo tiene conciencia de las metas que debe alcanzar, ese pueblo es capaz de sacrificios", prometió antes de asumir su cargo.

Allende desplegó políticas sociales dirigidas a dignificar a los ciudadanos; garantizar el derecho a la alimentación, eliminar el latifundio, nacionalizar la explotación del cobre, y fortalece los derechos laborales de los trabajadores.

"Crear una sociedad humana que asegure a cada familia, a cada hombre o mujer, a cada joven y a cada niño: derechos, seguridades, libertades y esperanzas", manifestó Allende durante una de sus muchas alocuciones dirigidas al pueblo.

"Que a todos infunda un hondo sentimiento de que están siendo llamados a construir la nueva Patria, que será también la construcción de vidas más bellas, más prósperas, más dignas, más seguras y más libres para ellos mismos", destacó en su momento el expresidente austral.

Estados Unidos no soportó que Allende encabezara un gobierno nacionalista, popular e independiente, y organizó un golpe de estado que culminó con la instauración de una feroz dictadura, encabezada por el jefe del ejército chileno, Augusto Pinochet.

Una investigación realizada por la periodista Mónica Gónzalez reveló que la dictadura de Pinochet desarrolló armas químicas para exterminar a opositores, planificó el primer atentado terrorista en Washington, se alió con exnazis y montó apariciones falsas de la virgen.

La periodista contó que un año después del golpe, Pinochet mandó asesinar a quien lo había antecedido en la jefatura del Ejército y recomendado su nombre a Salvador Allende: El general Carlos Prats. Un hombre con una brillante carrera militar, que murió junto a su esposa Sofía Cuthbert al estallar una bomba colocada a su automóvil en Buenos Aires.

El doble asesinato fue la antesala de la macabra Operación Cóndor, una confabulación de las dictaduras del Cono Sur para eliminar opositores ideada por Pinochet.

Pero dos años después, fue mucho más allá: El 21 de septiembre de 1976, a pocas cuadras de la Casa Blanca, en la capital estadounidense, otro coche bomba acabó con la vida del excanciller chileno Orlando Letelier y de su secretaria estadounidense Ronnie Moffitt.

Hasta antes de los ataques al Pentágono, en Washington, y las Torres Gemelas, en Nueva York, en 2001, el atentado a Letelier era considerado el primer acto terrorista en suelo estadounidense.

Según la investigación de Mónica González, la dictadura desarrolló también armas químicas, como el gas sarín, y los perfeccionó de la mano del químico Eugenio Berríos, quien fabricó sarín, soman y tabun, para ser usados en conflictos con países vecinos y contra opositores.

El químico fue asesinado en 1991 en Uruguay por militares uruguayos confabulados con la dictadura chilena para borrar los rastros de esos crímenes.

La justicia chilena encontró restos de sarín en el cuerpo del expresidente Eduardo Frei Montalva, muerto por una sorpresiva septicemia tras una operación rutinaria, en 1982, cuando empezaba a liderar una incipiente oposición.

Se investiga, además, si la muerte del poeta comunista y premio Nobel, Pablo Neruda, pocos días después del golpe y antes de partir al exilio, al ser sometido a un tratamiento contra el cáncer de próstata que sufría en el mismo hospital de Santiago, que pudo ser causada también por envenenamiento.

"En el uso de gas sarín y toxina botulínica no tenemos toda la cantidad de muertos", dice Mónica González.

Cuando comenzaron a sentirse las primeras protestas contra su régimen, a inicios de los 80, Pinochet buscó distraer a la población con unas misteriosas apariciones de la Virgen a través de un niño vidente.

Las apariciones en el pequeño poblado de Peñablanca llegaron a congregar hasta 100 mil fieles. El sacerdote Jaime Fernández fue designado por la Iglesia para explicar las apariciones. Al poco tiempo, descubrió que todo era una farsa de la dictadura.

El niño repetía lo que los servicios secretos le pedían -tanto mensajes católicos como críticas a la Iglesia-, mientras ellos quemaban paja y gasolina con una avioneta, formando nubes de humo. Para el sacerdote, fue todo un "espectáculo de carácter político. Un abuso en relación a la credulidad y la fe de la gente sencilla. Perdió la cabeza Pinochet".

Durante la dictadura de Pinochet se registraron tres mil 200 víctimas y 38 mil torturados.

Esta es una síntesis del último día de Allende en el Palacio de la Moneda, en Santiago.

6:20 a.m.

Suena el teléfono en la residencia presidencial de la calle Tomás Moro. El presidente Salvador Allende es alertado de que la Marina se ha sublevado en el puerto de Valparaíso.

Tras colgar, Allende avisa a su custodia y parte al palacio presidencial de La Moneda, en el centro de Santiago: después de meses de tensión ese martes 11 de septiembre de 1973 las Fuerzas Armadas finalmente se alzaron para derrocarlo.

En los principales cuarteles del país, sin embargo, la actividad comenzó poco después de la medianoche: los tanquistas calentaron los motores de los blindados, los aviadores asistieron a los "breafing" de vuelo y los generales realizaron los últimos llamados telefónicos para verificar la subordinación de sus tropas.

Mientras se trasladaba a La Moneda, Allende comprende que el Golpe se apresuró para evitar que pudiera concretar su proyecto de convocar un plebiscito, en un esfuerzo desesperado para salvar al gobierno de la Unidad Popular, la coalición izquierdista que con mil días en el poder agonizaba tras un extenuante enfrentamiento con la oposición, integrada por la derecha y la democracia cristiana.

El enfrentamiento había comenzado desde el día de su victoria electoral, el 4 de septiembre de 1970, cuando prometió una revolución socialista "a la chilena", a la que Estados Unidos se opuso ante la amenaza del surgimiento de una "segunda Cuba".

7:30 a.m.

Allende ingresa al palacio de La Moneda empuñando el fusil AK-47 que le había regalado el líder cubano Fidel Castro y la convicción de que no lo sacarían vivo del edificio.

Vestido de traje y corbata, organiza de inmediato la resistencia: le entrega armas a los colaboradores que decidieron permanecer a su lado, no más de 40 personas entre ministros, amigos y su guardia privada.

En otro lugar de Santiago opera el estado mayor de la rebelión, integrado por los comandantes de las tres fuerzas militares: el general Augusto Pinochet, el almirante José Toribio Merino y el general de aviación Gustavo Leigh, más el jefe de la policía, César Mendoza.

8:30 a.m.

Se difunde la primera proclama del golpe, en la que se exige la rendición a Allende, se ordena a las personas permanecer en sus casas y a la prensa "adicta a la UP" (Unidad Popular) a suspender sus actividades a riesgo de recibir "castigo aéreo y terrestre".

Al interior del palacio presidencial, Allende permanece sereno y determinado.

"Era una mezcla muy fuerte y curiosa. Es difícil ver a una persona que al mismo tiempo tuviera ese grado de serenidad y una decisión tan clara: inmediatamente se puso a organizar a la gente", relata a la AFP su hija Isabel Allende, que lo acompañaba ese día.

"Conversó con sus asesores, secretarios, ministros y ayudantes, diciéndoles que abandonaran el palacio, que él no quería muertes innecesarias y que era importante dar el testimonio de lo que estaban ocurriendo", agrega.

9:15 a.m.

Comienza el ataque. El ejército sublevado abre fuego contra La Moneda.

Desde las ventanas de La Moneda y de algunos edificios cercanos, francotiradores disparan contra los soldados.

Cuando los ataques se intensifican, Allende reúne a quienes seguían combatiendo y los invita nuevamente a abandonar el palacio.

El mando militar se comunica con Allende, le exige la rendición y le ofrece un avión para abandonar el país.

"¡Rendición incondicional, nada de parlamentar. Rendición incondicional!", exige Pinochet, un diálogo captado por radioaficionados.

"Se mantiene el ofrecimiento de sacarlo del país... Y el avión se cae, viejo, cuando vaya volando", agrega, provocando risas en su interlocutor, el jefe del Estado Mayor Patricio Carvajal, que intentaba negociar con Allende.

"¡El Presidente no se rinde!", responde Allende, descolocando a los golpistas, que le dan un ultimátum: o se rinde o bombardean La Moneda a las 11 de la mañana.

Teniendo como telón de fondo los disparos de los tanques y el vuelo rasante de los dos aviones Howker Hunter, Allende comprende que el golpe avanza sin tregua y decide difundir un último mensaje al país:

"¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo", dice Allende, con voz firme pero serena.

"Tengo la certeza de que la semilla que hemos entregado a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá segada definitivamente", agrega, antes que sus palabras fueran silenciadas.

"Se estaba despidiendo, agradeciendo a los jóvenes y las mujeres y a todos aquellos que lo apoyaron, pero habló claramente y al mismo tiempo nos estaba dejando un mensaje de esperanza", dice su hija Isabel.

11:50 a.m.

Comienza el bombardeo aéreo. Dos Hawker Hunter arremeten sobre el palacio.

Algunos cohetes estallan en el interior del edificio, que comienza a incendiarse y emitir gruesas columnas de humo.

Un pelotón de militares ingresa al patio central.

Cercados, los últimos combatientes bajan por la ancha escalera desde la planta alta de La Moneda para entregarse. En ese instante escuchan un disparo.

El líder socialista, de 65 años, se había suicidado de un balazo bajo la barbilla con el fusil regalado por Fidel.

14:00

Suena el teléfono en la residencia presidencial de la calle Tomás Moro. El presidente Salvador Allende es alertado de que la Marina se ha sublevado en el puerto de Valparaíso.

Allende ingresa al palacio de La Moneda empuñando el fusil AK-47 que le había regalado el líder cubano Fidel Castro y la convicción de que no lo sacarían vivo del edificio.

Teniendo como telón de fondo los disparos de los tanques y el vuelo rasante de los dos aviones Howker Hunter, Allende comprende que el golpe avanza sin tregua y decide difundir un último mensaje al país:

Sobreviene el asalto final. Soldados avanzan hasta la planta alta y en el Salón Independencia, tumbado sobre un sofá, hallan el cadáver de Allende. "Misión cumplida. Moneda tomada. Presidente muerto", anuncia el mando golpista.


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