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Dolor y abandono viven damnificados mexicanos

Acapulco, México. Diarios La Jornada y El Universal. | 22 de Septiembre de 2013 a las 13:24
Dolor y abandono viven damnificados mexicanos

Ante la falta de apoyo por parte de las autoridades, poco a poco, conforme han podido y luego de caminar hasta dos días, los representantes de comunidades indígenas en la Montaña Alta de Guerrero están llegando a Tlapa a solicitar ayuda. Los deslaves y desgajamientos de cerros sepultaron casas, destruyeron caminos y sembradíos.

Abel Barrera Hernández, director del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, denunció que en la Montaña el paso del ciclón Manuel dejó decenas de indígenas muertos, pero "las autoridades no tienen ojos para ver estas tragedias ni corazón para entenderlas. Hacen sus reuniones a puerta cerrada, y sólo hacen el recuento de daños materiales para pedir recursos, sin tomar en cuenta a la gente", lamentó.

Aseguró que el municipio más afectado hasta el momento es el de Malinaltepec, con 15 personas muertas, "el de Cochoapa, ocho muertos; ambos catalogados por el Coneval como municipios de extrema pobreza".

En Totomixtlahuaca, municipio de Tlacoapa, la crecida del río no sólo se llevó más de 60 casas, prácticamente la mitad del pueblo, también arrasó con el panteón y en San Luis Aca­tlán hubo cuatro decesos, pero falta conocer más información, porque se habla de decenas de desaparecidos, y eso lo vamos a conocer el próximo domingo en el poblado de La Ciénega, municipio de Malinaltepec, en donde los comisarios informarán de la situación en sus pueblos".

Frente a la "devastación" que se vive en la zona, preguntó: "¿Dónde está el DN-III? El viernes llegaron militares a Malinaltepec, se tomaron la foto y se fueron".

En la Montaña los daños son incuantificables y afectan a por lo menos 100 localidades de los 19 municipios que forman la región, en la que existen casi 650 comunidades con entre 200 y 3 mil habitantes. En esta zona habita 85 por ciento de la población indígena del estado.

El sábado hubo una reunión de evaluación de daños en la ciudad de Tlapa, a la cual asistieron los 19 presidentes municipales de la Montaña, el senador (PRD) Sofío Ramírez Hernández, originario de la zona y presidente de la Comisión de Atención a Zonas Marginadas, y Marcos Matías Alonso, secretario técnico de dicha comisión.

En entrevista, Ramírez informó que, de acuerdo con los reportes, el municipio de Tlacoapa tiene "pérdida total de mil 500 hectáreas de cultivos y de 600 viviendas; Alpoyeca presenta pérdida de 600 hectáreas, afectación de sus canales de riego, invernaderos y obras de protección ribereña; Metlatónoc está complemente incomunicado, tiene más de mil hectáreas afectadas e igual número de viviendas, y varias localidades no tienen energía eléctrica; Copanatoyac, Atlamajalcingo del Monte y Huamuxtitlán tienen su agricultura totalmente devastada, porque es la parte baja y el río Balsas inundó los campos".

Matías Alonso precisó que en la zona "la lluvia no cesa; todo es un escenario muy complicado, si no se hace algo en el futuro habrá mayor expulsión de jornaleros y más hambre; toda la producción agrícola se vino abajo. Esto pone a la Montaña en situación más vulnerable; requerimos atención del gobernador (Ángel Aguirre) y del presidente (Enrique Peña Nieto), ciertamente Acapulco es prioritario, pero también las regiones indígenas tienen prioridad".

Ramírez hizo un llamado a Peña Nieto para que también visite la región donde habitan mixtecos, tlapanecos, amuzgos y nahuas.

Santiago Aguirre, abogado del Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, comentó que, pese a la situación de emergencia en la Montaña, hasta ahora esta problemática no ha tenido más que una débil respuesta oficial, la cual, además, no toma en cuenta la realidad de la región ni que las comunidades tienen sus propias formas de organización.

Precisó que también se han confirmado fallecimientos en San Marcos, Metlatónoc. Un alud sepultó a cuatro personas y causó lesiones a varias más. Esta noticia llegó apenas el sábado a Tlapa por un indígena que caminó dos días desde la comunidad.

Comentó que otro desgajamiento de cerro en Cochoapa cayó sobre San Miguel Amoltepec y al parecer desapareció buena parte del pueblo. Para llegar allá se puede recorrer un tramo en auto y luego de ocho a 10 horas a pie.

Barrera Hernández afirmó que al menos 10 pueblos de Malinaltepec se perdieron; "requieren su reubicación; en el de La Lucerna, 400 personas viven a la intemperie; en El Tejocote 360 indígenas se fueron al cerro; en el de Unión de las Peras, son 500 personas en el cerro, y en Filo de Acatepec, 120 indígenas huyeron del pueblo".

Comentó que "la gente está viviendo con temor a que se les vengan abajo. Están albergados bajo plásticos, y los niños de están enfermando, no sólo no tienen nada para comer, sino que no pueden siquiera descansar, porque no alcanzan a secar su ropa. La leña no enciende, porque está mojada".

Jaime García, del Centro de Investigación en Enfermedades Tropicales, de la Universidad Autónoma de Guerrero, señaló que, ante la falta de apoyos, las labores de rescate, prevención y ayuda han recaído en la sociedad civil, las autoridades comunitarias, comisarios, ediles, policía comunitaria y la gente, que se está organizando frente a un escenario desastroso.

"La zona agrícola que abarca Copanatoyac, Atlamajalcingo del Río, Tlapa, Tlaquiltzinapa, Atlamajc, Ixcateopan, Alpoyeca, Tecoyo, San Pedro, Tlaquiltepec, Santa Cruz, Buenavista, Conhuaxo, Tlaltquetzala, Huamuxtitlán y Xochihuehetlán quedó devastada por la creciente de los ríos. En la zona baja, puentes como el del Zopilote, fueron derribados por la creciente. En ese mismo lugar la laguna de Huamuxtitlán se desbordó".

De luto y sin ingresos está La Pintada

Seguramente para hacer honor a su nombre, en La Pintada pasaban la brocha por todo lugar público cuando la ocasión era propicia. Por eso todavía hoy, en la parte que logró salvarse de la avalancha de tierra bajo la cual se encuentran 68 de sus habitantes, el blanco, verde y rojo de las fiestas patrias se ve en los faroles, las bancas y el quiosco...

Otros serán desde ahora los colores para el 16 de septiembre en esta comunidad.

Hoy los 40 habitantes que todavía permanecen aquí y el propio presidente Enrique Peña Nieto –quien llegó por primera vez a recorrer el lugar– coincidieron en dar prácticamente por perdida toda esperanza de encontrar a alguien más con vida.

El mandatario les habló primero de la extraordinaria cantidad de lluvia que cayó en casi todo el país hace exactamente una semana y de cómo Guerrero fue el estado con más afectaciones. Pero aquí, en La Pintada, lamentó, "se vivió una terrible desgracia, por el número de familias, por la forma en que ocurrió cuando estaban reunidas en un convivio.’’

Con las lágrimas asomándose pese a sus esfuerzos por reprimirlas, Iván Alberto Adame Gallardo, de 12 años, narra: "En el zócalo casi todo el pueblo se había reunido para el festejo del día de la Independencia". Esto, dice, quizá evitó una tragedia aún mayor, pues al desgajarse el cerro, las toneladas de tierra quedaron con una precisión casi sobrenatural justo a un ladito de la plaza.

Fueron como potentes explosiones. La primera como a las 15:30 y la segunda, devastadora, a las 19:30.

Iván, quien deambula quizá como el único de su edad aún aquí, no logra entender. Sus padres se salvaron, no así 14 de su familia: dos hermanos de su papá, sus esposas, sus primos...

Y en el mismo tono habla el comisario ejidal, Pedro Bartolomé Rodríguez, quien apenas con unos hombres más recibe al presidente Enrique Peña Nieto pasado el mediodía.

Sin embargo y no obstante haber escuchado al mandatario ofrecer la ayuda inmediata para poner a salvo a la población –casi todos en albergues de Acapulco y otros con sus familiares en Atoyac– y darle alimentación antes de pasar a tomar la decisión sobre si redificar o reubicar a La Pintada, es Sofía Núñez quien plantea las cosas en su justa dimensión:

"Pues ya que Dios nos dio permiso de salvarnos, ¿ahora a nuestros hijos adónde los vamos a meter a la escuela? Necesitan continuar o van a perder el año escolar. Muchas de nuestras familias no saben si estamos bien. Nadie sabe nada. Necesitamos que de verdad su apoyo sea como debe ser, que no nada más ahorita sean palabras, porque tuvo que ocurrir esto para que usted viniera".

Siguió: "Si todos lo elegimos a usted y no había venido hasta ahorita; y lo necesitamos, de verdad lo necesitamos: que nos reubique, que nos arregle todo, que no nos falte nada. Somos muchas personas las que necesitamos de usted".

En respuesta, el Presidente dijo comprometerse con La Pintada para, "junto con ustedes, inaugurar, hacer nueva a la comunidad en un lugar muy cercano a éste... esta desgracia me ha comprometido, y aquí estoy. No he querido apartarme... Voy a regresar. Es un compromiso".

Los hombres de aquí reivindican su oficio y tradición de caficultores. Hablan de sus matas y del grano perdido ese día, porque ‘’como el precio está tan bajo lo teníamos guardado en las bodegas que se llevó el deslave".

Así, de luto y sin ingresos está La Pintada.

De salida, la tropa, oficiales y jefes tanto de la Marina como del Ejército se colocan en formación para recibir de su comandante supremo, el presidente Peña, el reconocimiento a su esfuerzo para remover, hasta hoy con pura pala y pico, las toneladas de tierra que cayeron sobre este pueblo cafetalero de la montaña del sur.

«Pude ver como la corriente se llevó todo»

Caminaba con dificultad al lado de su nieta, quien la iba sujetando del brazo. La mujer de 60 años se llevaba el cobertor a la cara para limpiarse las lágrimas y decía insistentemente: "El agua se llevó las casas y se vino un derrumbe".

"Fue en el Edén, ahí perdimos todo", decía llorando Plácida Bravo Torres, quien en seguida auxiliada por socorristas de la Cruz Roja en la base aérea de la Secretaría de la Defensa Nacional, fue rescatada junto con 15 personas por un helicóptero del Ejército.

"Vine con mi esposo y mis dos nietas, que se quedaron huerfanitas", repetía la mujer a quienes la auxiliaban y lamentaba con ellos que había perdido su casa.

"Se vino el derrumbe y la creciente traía palos y piedras. Tapó mi casa. Mis hijos me sacaron hacia arriba, donde no estaba escurriendo el agua, pero nosotros todo perdimos, todo se llevó el agua y dos de mis dos hijos se quedaron allá", insiste Plácida, quien pide se rescaten a sus otros dos nietos.

Contó que se salvó de ser arrastrada por el agua y el lodo gracias a sus hijos. "Pero sí se llevó una familia grande; mucha gente perdió todo, nos quedamos sin nada".

La situación en el Edén ha incrementado la preocupación de quienes ahí siguen y de las autoridades, que además del proceso de rescate y apoyo, enviarán a un geólogo a esta comunidad del municipio de Atoyac.

Se ha incrementado la atención. A los centros de mando llegan numerosos mensajes de auxilio, en uno de estos, se organizaban para ir de urgencia por un niño grave y llevar al puerto de Acapulco a otros de los afectados.

Sigue lloviendo y creciendo los caudales del agua, por lo que también aumentan los riesgos por deslaves y con ello la preocupación de la gente que ahí está.

Plácida Bravo cierra los ojos al recordar su tragedia: "Estaba en mi casa, pero el agua venía muy fuerte, casi me lleva si no es por mis hijos que se quedaron allá", insistía y comentaba: "A mí me llevaron a la parte de arriba de la cuadrilla, después nos llevaron a la secundaria del Edén y de ahí nos trajeron hasta acá".

Su nieta Yotzajandi Juárez Cortés, de 10 años, quien iba con su hermanita María de Lourdes, aún menor, pide que vayan por dos de sus hermanos que se quedaron en el Edén. "Me da miedo que les pase algo porque se derrumbó el cerro. Se llevó casas. Vi cómo se llevaba la casa de doña Chela".

«Salvé a mi familia con el agua hasta el pescuezo»

A unos metros del río de Cayuca –uno de los más caudalosos del estado de Guerrero– se establece un pueblo llamado San Diego. Allí viven aproximadamente 100 personas. Las casas son de ladrillos, cemento y techos de adobe. La madrugada del domingo 15 de septiembre, a la 1:16 horas, los gritos de un vecino, al que se le inundaba su casa, alertaron a todos los habitantes.

María Luisa García Martínez, de 42 años, se despertó con los gritos. Cuando pudo incorporarse y salir de su casa, el agua "le llegaba hasta el pescuezo", lo único que pudo hacer fue sacar a los ocho integrantes de su familia en una panga, incluidos tres hijos pequeños, pues el pueblo estaba inundado.

La furia de la corriente del agua que bajaba de la montaña arrasaba con todo. Casas, ganado, automóviles y llegó a subir metro y medio. Hasta el martes, el nivel del agua cedió.

Después de la tempestad, los habitantes de San Diego regresan a sus casas para saber el saldo del embate del huracán Manuel.

La única forma de entrar es caminando, pero a cada paso los pies de sus habitantes deben sumergirse casi un metro para poder avanzar. La comunidad está detenida. Las puertas, algunas ventanas y vehículos quedaron atrapados entre toneladas de lodo.

Ella comparte un terreno con otras cuatro familias, su patio lo habilitaron como garage para vehículos. El paso del agua dejó una capa de lodo y atrapó por lo menos seis camionetas.

Doña María Luisa trabaja día y noche para sacar el lodo de su casa y tratar de recuperar lo que más se pueda. Es un poblado de personas que se dedican a la agricultura y "bajan" cocos para vender.

Desde el lunes, poco a poco regresan a sus casas, pero no pueden ocuparlas ni trabajar debido a que están cubiertas de lodo, junto con sus vehículos. Sin embargo, hay un problema mayor, el calor de la Costa Chica de Guerrero no da tregua y empieza a secar el lodo.

Prácticamente todos los habitantes de San Diego se están refugiando en la iglesia de Espinalillo a la espera de que llegue la ayuda.

"Todo se nos echó a perder. Hemos estado comiendo aunque sea arrocito en la iglesia, nada más venimos a sacarle tierra a la casa. Ya no tenemos agua. No ha venido ninguna autoridad".

A esta población que se encuentra en la Costa Chica de Guerrero, es complicado llegar. Se encuentra a una hora de Acapulco. Pero al llegar a Coyuca las circunstancias se complican más, pues el puente de la comunidad que comunica a distintas regiones, entre ellas Espinalillo, se vino abajo en tres puntos distintos.

Esto provoca que policías administren el paso de los habitantes en grupos de seis. Pasan sobre el tramo del puente por el que aún se puede transitar. Un extremo está partido en dos, por ahí caminan los habitantes agarrados de una cuerda y al lograr pasar, deben bajar por un endeble puente que fue habilitado para que se comuniquen todas las poblaciones. Aquí, deben esperar su turno.

«Nos dejaron a la deriva», reclaman en Navolato

En Navolato, Sinaloa, el agua potable y alimento han escaseado. Aunque las autoridades locales difunden por la radio y la televisión local que los apoyos se están repartiendo las comunidades más afectadas, la realidad es muy distinta.

En el municipio de Navolato, una de la zonas más afectadas por el huracán Manuel, algunos poblados se encuentran incomunicados debido al desbordamiento de arroyos y ríos. En las comunidades Iraguato y Villamoros, los habitantes dicen estar desesperados por la falta de agua potable y alimentos. Por si fuera poco, desde el martes pasado no tienen luz, lo que dificulta conservar los alimentos.

"Desde hace dos días no tenemos comunicación con la cabecera municipal. Se nos acabaron los víveres, estamos a la deriva, abandonados. Necesitamos agua potable, comida. Esperamos apoyo del gobierno", comenta Israel Ruedo, habitante de Iraguato, donde el desbordamiento del río mantiene incomunicado al poblado, tras alcanzar más de dos metros de altura el nivel del agua.

En esta comunidad, el desbordamiento del río Humaya cubre una cancha de futbol, de la cual sólo se alcanzan a distinguir los ángulos de las porterías.

"Necesitamos agua, eso es lo importante. No tenemos dónde comprar y no podemos salir a adquirir víveres afuera de la comunidad. Las autoridades nos dijeron que nos iban apoyar, pero ya han pasado dos días y no hay nada. Como siempre, prometen pero no cumplen. Pedimos apoyo al gobierno, no queremos mucho, sólo agua y alimentos en lo que nos reponemos", menciona Eva Luz Vega, habitante de la comunidad.

Iraguato es una de las 36 comunidades más afectadas en Navolato. El presidente municipal, Evelio Plata, asegura que por lo menos 40 mil habitantes resultaron afectados, debido a las inundaciones.

Aunque se desconoce el monto de los daños por el huracán, el edil estima que pueden pasar varias semanas antes de que se restablezca la zona en su totalidad.

"Navolato depende de los recursos del gobierno federal. Esperamos que nos apoye para apoyar a las personas", explica el alcalde.

En la comunidad de Villamoros la situación es la misma. Los habitantes dicen que "nadie del gobierno se ha acercado a escucharnos. Llevamos dos días sin poder ingresar a nuestros hogares, todos se nos echó a perder. Pedimos ayuda, ellos siempre nos buscan para votos pero, ahora que los necesitamos, ni se aparecen", indica Carolina habitante de la comunidad.

"Parece que no pasó nada pero, la verdad, la estamos pasando mal. Guerrero no es el único estado que necesita apoyo; en Sinaloa pasamos por una situación muy delicada y triste. Por favor, ayúdenos", pide Miriam, habitante de Villamoros.


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