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El precio de la vida

La Habana. Por Sergio Gómez Gallo, diario Granma. | 21 de Octubre de 2013 a las 08:43

Nadie en su sano juicio se atrevería a calcular el precio de la vida. Sin embargo, los emporios farmacéuticos que controlan el mercado mundial de medicamentos llevan varias décadas intentándolo y han llegado a una obvia conclusión: es extremadamente alto.

Y así se lo están haciendo pagar incluso a quienes que no tienen cómo.

"Durante las últimas décadas ha habido un crecimiento exponencial de los costos de los tratamientos médicos, que se están volviendo impagables", aseguró el doctor Agustín Lage Dávila, director del Centro de Ingeniería Molecular (CIM) de Cuba, durante la I Conferencia de Estudios Estratégicos que sesionó la semana pasada en La Habana.

Existe una relación entre el acceso a las medicinas y el ingreso de los países. "El 15 % de la población mundial consume el 90 % de todos los medicamentos", según estudios de la Organización Mundial de la Salud (OMS), citados por el especialista cubano.

Según Lage muchas veces se intentan justificar los precios de los nuevos medicamentos por los altos costos que conlleva investigarlos. Pero, señaló, una gran parte de los gastos de las grandes corporaciones tiene otros destinos, como el marketing y la publicidad, en los que emplean más del 25 % de sus ingresos.

Las políticas de precio también se vinculan con las de propiedad intelectual, un fenómeno que no es tan antiguo como se piensa.

Durante la década de 1980, en plena vorágine neoliberal de Ronald Reagan, se crea el primer precedente de autorizar a universidades e instituciones estadounidenses que se financian con fondos públicos a vender sus patentes a empresas privadas.

Esta tendencia a canalizar el financiamiento público de la ciencia a la ganancia privada se universalizó a mediados de los noventa tras la instauración de la Organización Mundial de Comercio, que vela también por el cumplimiento de los sagrados derechos de la propiedad intelectual, pero no el de la salud, que está consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Asimismo, se imponen regulaciones universales para la entrada de medicamentos sin respetar sus características socioeconómicas. Según esta lógica, Haití debería tener los mismos requisitos para importar antibióticos que Suiza.

En cuanto a las insuficiencias científicas que golpean a los países en desarrollo, Lage mencionó que estos, con el 80 % de la población mundial y el 30 % de los científicos, solo producen el 4 % de las patentes.

Un fallo de las leyes del mercado

Lage consideró que la industria farmacéutica es un ejemplo claro del fallo de los mecanismos de mercado, pues no logra poner los recursos donde hacen falta.

La OMS insiste en señalar la llamada regla 90/10. Menos del 10 % de los recursos para nuevos medicamentos se dedican a enfrentar enfermedades que causan el 90 % de las muertes en el mundo.

El mercado, dijo Lage, funciona bien para dirigir al sector privado hacia la investigación científica y las intervenciones de salud, pero solo para quienes pueden pagar.

Citó el ejemplo de los antibióticos, que previenen millones de muertes al año pero que van perdiendo efectividad ante bacterias más resistentes. La investigación en este campo es poco atractiva para las investigaciones médicas de las farmacéuticas en comparación con las de enfermedades no transmisibles del adulto mayor, como la hipertensión y la diabetes —cada vez más frecuentes en el Primer Mundo—. Los enfermos deben tomar estos medicamentos de forma constante durante décadas, lo que es un gran negocio.

El director del CIM abordó la estrategia cubana, iniciada en la década de los ochenta del pasado siglo, de crear un Polo Científico para el desarrollo y comercialización de medicamentos y productos biotecnológicos en un ciclo cerrado, que actualmente agrupa a más de 7 000 científicos en una veintena de instituciones.

Estas empresas están creadas con el concepto de ciclo completo: investigación, desarrollo, producción y comercialización y refinanciamiento, lo cual reduce los costos.

Sin embargo, Lage señaló que resulta necesario un enfoque regional, ante las dimensiones de los problemas del acceso a los medicamentos.

Una de las dificultades que históricamente ha enfrentado América Latina, señaló, es la desconexión de la investigación de la producción y la falta de comunicación entre las instituciones de la región, que se relacionan más con sus similares de países desarrollados que entre ellas.

Consideró necesario la creación de una red de instituciones científicas e industriales latinoamericanas destinadas a introducir sus productos en el sistema de salud, que es el objetivo final.

También dijo que se debe romper el mito de que la investigación privada es más productiva que la pública. El financiamiento no viene de la industria en los países de altos ingresos, sino que en su mayoría es de presupuesto público, que después se convierte en ganancias privadas.


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