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Brasil: cercanía necesaria

Ciudad de México. Editorial Diario La Jornada. | 24 de Mayo de 2015 a las 04:29

La primera visita de Estado de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, a nuestro país, que se inicia mañana, es una buena noticia que trae consigo una perspectiva de acercamiento entre México y el país amazónico. Dicha aproximación se vuelve, en la circunstancia presente, necesaria y relevante para nuestro país, en la medida en que Brasil es, en muchos sentidos, un referente positivo para México ante las dificultades que enfrenta en la actualidad.

Para nadie es un secreto que la presidenta brasileña y el gobierno que encabeza no atraviesan por su mejor momento, agobiados por la conjura oligárquica en la que convergen la derecha partidista y los medios de comunicación; por los escándalos de corrupción que se han develado dentro del propio grupo en el poder, y por factores exógenos ineludibles, como el evidente recelo de Washington frente los ensayos de Brasilia por construir un orden mundial multipolar.

Con todo, la situación brasileña, aunque convulsa, no puede dejar de ser vista como una referencia para México, sobre todo en un momento en que nuestro país enfrenta las perspectivas de una recesión económica –con el consecuente crecimiento de la inequidad social–; en que la institucionalidad exhibe un déficit de legitimidad y representatividad, y en que la soberanía nacional está siendo sometida a un nuevo ciclo de vulneración en todos los frentes. En contraste, Brasil ejerce una democracia sólida y una manifiesta soberanía, y posee una economía fuerte e integrada, con sectores de tecnología de punta (como el aeronáutico) y una saludable diversificación de sus relaciones políticas y comerciales. Y si bien es cierto que la nación amazónica enfrenta una coyuntura de dificultades económicas, en el caso brasileño no puede soslayarse que las nubarrones actuales vienen precedidos de años de crecimiento que le permitieron, entre otras cosas, reducir la pobreza y la desigualdad y experimentar un crecimiento sostenido de la clase media.

El factor central de ese contraste en los escenarios es que Rousseff se ha enfocado en continuar la fórmula de gobierno de su mentor y antecesor en el cargo, Luiz Inacio Lula da Silva, consistentes en el apego a las políticas de libre mercado pero con un fuerte énfasis social y una clara orientación hacia la soberanía nacional y la integración regional. Aunque algunos han descrito la orientación de Rousseff como la más moderada de las propuestas transformadoras que hoy ejercen el poder en Sudamérica, el hecho indudable es que su ejercicio gubernamental ha permitido a Brasil recuperar su papel de potencia emergente y capaz de desempeñar un papel de primera línea en la política global.

Más allá de los factores internos, la presencia de Rousseff es un factor destacado en la configuración del equilibrio continental y mundial y un acicate fundamental al proceso de integración que se vive en América Latina. Como lo reconoció la mandataria en entrevista con este diario, otro factor principal para esa integración es México, por más que nuestro país haya decidido, en las últimas décadas, permanecer ajeno a procesos de reivindicación de las soberanías nacionales y de integración regional y que haya persistido en mantener la tradicional supeditación política, económica y diplomática hacia la potencia del norte. Sería deseable que, con motivo de la visita de mañana, nuestro país revisara la pertinencia de esas inercias.


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