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Padre D´Escoto recuerda a San Romero de América

San Salvador. Por Odalys Troya Flores */PL | 27 de Mayo de 2015 a las 04:42
Padre D´Escoto recuerda a San Romero de América

Con la beatificación del arzobispo salvadoreño Monseñor Romero una parte de la justicia llega a este caso, luego de 35 años de su asesinato en medio del ejercicio pastoral.

Su muerte, a manos de un francotirador que cumplía las órdenes del mayor Roberto d' Aubuisson, fundador del partido de derecha Alianza Republicana Nacionalista y de los grupos de exterminio conocidos como los escuadrones de la muerte, sigue en la impunidad.

El crimen y un grupo de acontecimientos que le sucedieron marcaron la historia de El Salvador y también de la propia Iglesia Católica que este 23 de mayo reivindicó una añeja petición del pueblo y de muchos feligreses, quienes admiran la entrega del beato a defender a las víctimas de la represión y la pobreza.

El 24 de marzo de 1980, Monseñor Romero fue asesinado mientras oficiaba una misa en la capilla del hospital La Divina Providencia en San Salvador; seis días después tuvo lugar su funeral al aire libre, de cuerpo presente, en las puertas de la Catedral Metropolitana.

En los alrededores se aglutinaron más de 50 mil personas que acudieron para rendir tributo a Romero, quien dedicó su ejercicio pastoral a defender a los pobres, cuyos derechos violaban los militares, la Guardia Nacional, los dueños de las riquezas y el propio Estado.

Representantes eclesiásticos de varios países y de organismos humanitarios estaban en las exequias para honrarlo y despedirlo, entre ellos el sacerdote Miguel D' Escoto, actualmente asesor del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, para política exterior.

En entrevista con Prensa Latina en El Salvador, expresó su emoción por el acto de beatificación de Monseñor Romero y rememoró conmovido los acontecimientos durante su funeral.

"Es muy doloroso recordar", dijo D' Escoto, quien era entonces canciller del gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Narró que el mismo día que lo asesinaron, recibió por la mañana una carta de Monseñor en la cual agradecía mucho la invitación del presidente, Daniel Ortega, para que descansara algunos días en Nicaragua.

Recordó que el mandatario le pidió que le escribiera a Monseñor Romero para invitarlo a descansar unos días con ellos porque consideraba que estaba agotado con tanto esfuerzo en el contexto represivo de El Salvador.

Romero le respondió que iría después del Domingo de Resurrección y se quedaría en su casa la Semana de Pascua, añadió D' Escoto.

"Yo recibo la carta, llamo a Daniel (Ortega) para decirle que Monseñor Romero le había respondido, pero más tarde voy donde él para enseñarle la misiva y planificar algo", contó.

Después volvió a su casa y al entrar sintió el timbre del teléfono: "era el embajador nicaragüense Aldo Díaz Lacayo llamándome para decirme que acababan de ametrallar a Monseñor Romero celebrando misa en la capilla de un hospital", rememoró.

"Entonces todo cambió, fui yo quien tuve que venir para El Salvador, su tierra, y presencié toda aquella cosa espantosa", dijo el sacerdote católico Maryknoll al referirse a los funerales del beato Romero.

Explicó que él celebraba misa ese día 30 de marzo, al lado del cardenal Ernesto Corripio y Ahumada, arzobispo emérito de México, cuando de pronto francotiradores desde los edificios alrededor de la plaza cívica abrieron fuego contra el público.

"Fue como un tsunami humano, la gente vino corriendo a la Catedral y el altar que estaba en las gradas se fue por los aires" con la estampida, contó.

"Hasta las hostias se fueron y yo sentí también que me iba como arriba de una ola y fui a caer a unos 20 metros, encima nada más y nada menos que de un gran amigo: monseñor Sergio Méndez Arceo, un obispo tremendamente solidario con Cuba, con Nicaragua, con todos los revolucionarios", relató.

Refirió que dentro de la iglesia se refugiaron muchas personas, había muertos, otros desmayados, y los más bajitos apenas podían respirar en el tumulto. Afuera se escuchaban los disparos y los gritos.

En medio de esa situación Napoleón Duarte, entonces de la Junta Revolucionaria, lo llama por teléfono, y aunque le fue difícil hablar con él en aquellas circunstancias, se las ingeniaron en la Catedral y lo logró.

Lo llamó para decirle que le enviaría un carro de bomberos para rescatarlo de aquella situación, detalló.

"No, Napoleón, yo voy a ser el último en salir de aquí", le respondió a Duarte con quien -asegura- tenía una buena amistad.

Estaban sacando a la gente de la Catedral en fila, uno a uno, con las manos en la cabeza, como sospechosos, para una iglesia que estaba como a unas cinco cuadras, describió.

Le dijo a Duarte que le explicara a quienes sacaban a la gente de la Catedral que él no levantaría las manos y "que hicieran lo que quisieran".

"No me pasó nada, no levanté las manos, fui el último en salir de la Catedral y de ahí regresé a Nicaragua", detalló Miguel d'Escoto.

Aseguró que aquel día de los funerales de Monseñor Romero "fue tremendo", tiraban a la gente que corría desesperada para guarecerse.

Monseñor Romero es un mártir, y su martirio es muy parecido al de Jesús que fue crucificado, aseguró d'Escoto, quien presidió 63 Período de Sesiones de la Asamblea General de Naciones Unidas.

La crucifixión -enfatizó- es la pena de muerte exclusivamente para los antiimperialistas. Jesús era fundamentalmente un antiimperialista porque predicaba el reino de Dios en la Tierra, una gobernanza donde imperara la justicia, la inclusión.

"Es decir, la revolución, los sueños de Fidel (Castro), de Daniel (Ortega)", resaltó Miguel D´ Escoto.

El sacerdote y político nicaragüense aseveró que en América Latina después de Fidel han surgido otros profetas como Hugo Chávez, Daniel Ortega, Evo Morales o Rafael Correa.

Manifestó su fervor por la beatificación de Monseñor Romero, acto que considera una reivindicación de su lucha a favor de los pobres, de los desposeídos, la igualdad y la justicia.

En 1984, el papa Juan Pablo II suspendió a Miguel D Escoto del ejercicio del sacerdocio por su participación en el gobierno sandinista y su actividad política.

Treinta años después, el 4 de agosto de 2014, el papa Francisco levantó la suspensión a divinis que pesaba contra él.

*Corresponsal de Prensa Latina en El Salvador.


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