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Soberanía y diálogo en la política exterior: opiniones de Alejandro Bendaña

El Nuevo Diario. | 14 de Octubre de 2007 a las 00:00
Con un doctorado en historia por la Universidad de Harvard, Alejandro Bendaña es uno de los especialistas nicaragüenses en Relaciones Internacionales. (Fue secretario general de la Cancillería, durante el gobierno sandinista de los años 80). Presidente del Centro de Estudios Internacionales, CEI, Bendaña sopesa la actual situación geopolítica de Nicaragua, sus retos y desafíos.

Por Eduardo Marenco

Bendaña llama a imprimir un toque de realismo a la política exterior, instando a negociar con Colombia y Costa Rica los respectivos diferendos entablados en La Haya. ¿Cuál es su apreciación del fallo de La Haya en el caso con Honduras? Es un fallo equitativo, no se le dio a ninguna parte el cien por ciento. Hay dos problemas que surgen de ahí: el primero es que esto nunca debió haber ido a un tribunal. Eso nos costó millones y le hizo la bolsa a unos abogados. Lo que cabía era sentarse, negociar y llegar a un entendimiento. Ya no estamos en los ochenta, cuando había intereses geopolíticos agresivos contra Nicaragua. En segundo lugar, salir planteando que hay cantidad de petróleo y de gas me parece una irresponsabilidad, porque no está sustentado, y si existiera tampoco sería público. Y aun cuando existiera había que sacar los cálculos del costo. Y no hay que venderle a Nicaragua la idea de que si tenemos petróleo los problemas se terminan, en muchos sentidos volverían a comenzar. Tener petróleo hoy en día implica nuevas responsabilidades respecto al cambio climático, y con la cantidad de buitres y zopilotes nacionales y extranjeros que hay, esto sería una desgracia. Y en tercer lugar, el criterio que utilizó la Corte para otorgarle esos cayos a Honduras es posiblemente el mismo criterio que la Corte podría aplicar, y con mucha más razón, a San Andrés y Providencia, que es el ejercicio de la soberanía. La Corte es sensata, por lo que reforzamos el planteamiento de sentarse a negociar. ¿Cree que hay que sentarse a negociar con Colombia? Así es. Estamos en nuevo momento. Nos parecen irresponsables las declaraciones del vicepresidente de la República, acusando de colonialista e imperialista a Colombia. No señor. Colombia también es un país latinoamericano con el cual Nicaragua también debe tener algún entendimiento. Colombia tiene muchas dificultades en estos momentos con Estados Unidos. Se está reconfigurando su política exterior. ¿Quiénes somos nosotros para estarlo insultando? Más bien hay que extenderle la mano y ayudarle en la medida de lo posible a superar el conflicto interno militar. El presidente Daniel Ortega proponía al presidente Oscar Arias, de Costa Rica, que el caso del río San Juan lo vieran justamente por la vía extrajudicial. ¿Qué le parece ese planteamiento? Nosotros hemos tenido la tendencia equivocada a judicializar nuestras querellas y diferencias. Claro que hay un lugar para el derecho internacional, pero las cosas se resuelven hablando. La soberanía del río San Juan no se discute. Otra cosa es que Nicaragua en uso de sus derechos soberanos le diera alguna concesión a alguna empresa turística –que es lo que andan buscando– para desarrollar turismo allí, y que se haga en condiciones dignas. Y por supuesto, nada de guardias armados. Eso es inaceptable. Y en segundo lugar, un consorcio con empresas nicaragüenses y una tutela con mucho criterio ambiental. Si se puede hablar y evitar gastar millones, eso se discute. Sandino decía que había que ser centroamericanista, pero no terruñista. Hay una protesta de pescadores en el Golfo de Fonseca porque consideran que los hondureños y salvadoreños tienen mejores embarcaciones para pescar en aguas nicaragüenses, y se benefician del acuerdo del presidente Ortega con los presidentes Mel Zelaya y Tony Saca de explotar el Golfo en conjunto. ¿Qué piensa de esto? Eso hay que tomarlo en cuenta, naturalmente, pero con mucha más razón nos debiera de pesar el papel de empresas japonesas en las dos costas, donde arrasan con lo que no hay. Y eso sí es de interés nacional. Pero fortaleciendo las cooperativas pesqueras, asegurándoles un financiamiento con un crédito razonable a largo plazo, eso es una manera de asegurar su mal denominada competitividad, pero no andar militares en cada embarcación para exponerse allí a incidentes que a nada vienen. En vez de invertir en lanchas patrulleras, invirtamos en una flota pesquera. ¿Cómo valora la relación del gobierno con Estados Unidos? Un día Ortega dice que es la peor tiranía de la historia, y al otro negocia los misiles Sam-7 con mucho sentido pragmático. ¿Cómo comprender eso? Estados Unidos es una potencia debilitada a raíz de la derrota que sufre en Irak y a partir de la enorme dependencia del petróleo. Estados Unidos no siente que aquí están en riesgo sus intereses fundamentales que se aseguran por el Tratado de Libre Comercio que fue aprobado con los diputados sandinistas; a través del Pentágono y su relación con el Ejército, que ahora son broderazos, aquí vienen, pasean tropas, construyen puentes... ¿Qué diría Sandino?; y tercero, a través del Fondo Monetario que asegura que el modelo económico en este país sea abierto a los capitales norteamericanos. Habrá que acostumbrarnos a esa dualidad en política exterior. Lo que hay es una realidad. Me parece que hay una tendencia absurda de la derecha de que estamos volviendo a los ochenta. Los acercamientos que quiera tener el gobierno con otros países sí son ejercicios de política exterior soberana. Pero tengamos en cuenta que la soberanía nicaragüense ha sido cercenada durante 17 años, y este gobierno por las contradicciones que encierra, donde hay un grupo de capital que se entiende con el capital de derecha, no se ha propuesto como objetivo romper con esos tres mecanismos estadounidenses. ¿Qué piensa de la relación con Irán? ¿Qué gana y qué pierde Nicaragua? La relación con Irán la veo como una cuestión soberana. Cada país tiene derecho a desarrollar su soberanía y su modelo energético. Creo que lo que hay de por medio es cierto simbolismo, cierta afirmación de los valores de soberanía y de solidaridad. La derecha tiene una mentalidad de que Nicaragua es traspatio, hay que romper con eso; Nicaragua debe ser conocida, en la medida de sus posibilidades, con relaciones que nos enriquezcan culturalmente con África, con Asia. Pero condenarse de antemano a replicar la política insensata exterior norteamericana ya es volver a un colonialismo de Somoza. Ni en Honduras, Mel Zelaya que va a Cuba, hace eso. Episodios como los de Irán se aprovechan para alimentar la leña política aquí adentro. La Unión Europea está proponiendo un Acuerdo de Asociación con Centroamérica. ¿Qué ventajas puede obtener Nicaragua? Eso no es más que el Cafta versión 2.0, y el piso es lo que Nicaragua y Centroamérica ya concedieron a Estados Unidos. Lo medular en el acuerdo de asociación es comercio, finanzas, propiedad intelectual, régimen de protección a la inversión... toditito el rosario neoliberal. Hay un componente de cooperación, pero lo que te dan lo perdés en materia de comercio e intercambio y de cesión efectiva de soberanía. Aquí Unión Fenosa y otras transnacionales europeas podrán demandar al país como parte de la recolonización europea del tercer mundo. En la agenda de Lisboa se sentaron las grandes transnacionales con la Comisión Europea, que es una entidad política, y dejaron en claro lo que necesitan. Eso se vuelve el punto medular: privatizaciones, etcétera. No pensemos en Europa como en los países nórdicos, que nos van a ofrecer un modelo alternativo de desarrollo. No. Eso se acabó. ¿En el acuerdo con el FMI hay innovaciones o es más de lo mismo? Hay cosas que no aparecen. Ejemplo: las asignaciones constitucionales para los municipios y universidades, que sabemos que el Fondo las tiene entre ceja y ceja. En este acuerdo no aparecen esas condicionalidades. Eso es positivo, aquí se arma una bronca ya si el Frente Sandinista ahora lo viene a entregar en bandeja, sería el colmo. En cuanto al Seguro Social, la visión de fondo es privatizarlo, y ahí el gobierno sigue muñequeando. Pero con el paquete energético Unión Fenosa y el gobierno de España deben estar muy felices.

El FSLN, Unión Fenosa y la movilización popular

El presidente Daniel Ortega declaró Día de Duelo Nacional el 12 de octubre por el genocidio de la conquista, pero en la realidad está otorgando grandes concesiones a Unión Fenosa en el programa económico suscrito con el FMI. El gobierno hizo importantes concesiones a Unión Fenosa en el programa económico acordado con el Fondo Monetario Internacional, FMI, como promover "penalidades criminales para desincentivar el fraude eléctrico", denunció Alejandro Bendaña, Presidente del Centro de Estudios Internacionales, CEI. "Aquí prácticamente se dice que le van a echar la Policía a los que no paguen", afirmó Bendaña, tal como ya lo contemplan las reformas al Código Penal que ya ha aprobado la Asamblea Nacional. ¿Y dónde están las penalidades a Union Fenosa?, se pregunta uno de los principales impulsores del Tribunal de los Pueblos, iniciativa que se echó a andar esta semana en Nicaragua. "Hace una semana condenaban el capitalismo salvaje, y ahora firman un acuerdo económico de corte neoliberal, sin mayores diferencias estructurales con Bolaños", señaló. Bendaña hizo un llamado a construir un nuevo modelo energético, menos consumista, con criterio de ecología política y autosustentable. "El camino de la soberanía también es el camino de la soberanía energética", expresó, pero las mismas tendencias indican que aumentará nuestra dependencia petrolera. También instó a romper con el dogmatismo acerca de las reservas internacionales, que limita el gasto social, y al resguardarlas en dólares, se pierde rendimiento, no así si estuviesen en euros. "Con la catástrofe que azotó al Caribe, aquí habríamos tenido base política como para sacar cien millones de dólares de las reservas y atender la emergencia. Habríamos podido decir que los Cenis no se pagan porque son ilegítimos, al igual que algunos componentes de la deuda externa, eso sería un derecho soberano del país y habría sido justificado por la catástrofe", señaló Bendaña. Es un paso audaz, señaló, como el dado por el presidente Rafael Correa en Ecuador, donde conformó una comisión para examinar la deuda externa, para investigar cuál fue robada y nunca llegó al pueblo. "Tenemos un entorno exterior con las relaciones con Venezuela y el nuevo movimiento en América del Sur que da cierto espacio", advirtió. El problema, finalizó, es que recobrar la soberanía es un trabajo propio de la presión popular, pero el Frente Sandinista, señaló, en lo que menos está interesado es la movilización popular.

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