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Una ex contra se dedica a luchar por inmigrantes ilegales en EEUU

LaVoz.com. Desde Miami, Florida. | 28 de Octubre de 2007 a las 00:00
Los expertos dicen que el intento de Nora Sándigo por conseguir que la Corte Suprema detenga la deportación de inmigrantes ilegales con hijos nacidos en Estados Unidos no tiene futuro. Sándigo no se inmuta. Después de todo, no hay nada que no haya escuchado antes. Los opositores se mofaron cuando la activista de Miami y ex partidaria de los rebeldes nicaragüenses ("contras") se movilizó para tratar de detener la deportación de miles de inmigrantes centroamericanos que habían huido de las guerras civiles de la región en la década del 80. Después la mujer colaboró para interponer una demanda colectiva en su nombre, lo que hizo que el congreso aprobara una ley que les proporcionó protección en 1997. Los expertos dijeron lo mismo antes de que ella ayudara a otros miles de centroamericanos a conseguir protección temporal cuando se desencadenaron desastres naturales varios años después. "Tenemos que intentarlo. Todavía no hemos librado la batalla más dura", dijo Sándigo, una mujer pequeña y madre soltera de dos hijos. Inmigrantes indocumentados que viven en la Florida, Nueva York, California e Illinois ya le han pedido a Sándigo que sea la guardiana legal de sus 600 hijos a fin de que ayude a éstos si los padres son deportados. Unos 100 niños han sido incorporados a la demanda, que podría abarcar a unos 4 millones de inmigrantes ilegales sin antecedentes delictivos. Los niños nacidos en Estados Unidos son ciudadanos automáticamente, aunque sus padres sean inmigrantes ilegales. Si éstos son deportados a los hijos se les permite quedarse, pero la cuestión es con quién. La mayoría tiene que regresar con sus padres a un país y a una cultura que nunca conocieron, dice Sándigo. Su demanda busca permitir a los padres permanecer en Estados Unidos hasta que el Congreso apruebe una ley de inmigración que les conceda permanencia legal o hasta que el Departamento de Seguridad Interna les brinde otra posibilidad de quedarse. Sándigo dijo que la demanda era la única opción después que fracasó el miércoles en el Senado un proyecto para dar a algunos hijos de inmigrantes ilegales una posibilidad de residencia, lo que probablemente condenó cualquier otro proyecto sobre el tema este año. Sandigo, de 42 años, es una activista de inmigración poco común. No está vinculada con los grupos defensores de los derechos de los trabajadores ni grupos izquierdistas. Aunque ha trabajado en cuestión inmigratoria con demócratas como el senador Edward Kennedy, su virulenta oposición al gobierno sandinista de Nicaragua le ha valido el respeto de los republicanos conservadores en el Congreso, como también su apoyo al libre comercio. Ha visitado la Casa Blanca al menos cinco veces en el último año. "Es muy bueno tener a Nora tan involucrada en la reforma inmigratoria a nivel local, estatal y federal porque equilibra el espectro ideológico", dijo la representante republicana Ileana Ros-Lehtinen, que conoce a Sándigo desde hace más de una década. Sandigo huyó de Nicaragua siendo adolescente, dejando atrás a sus padres, después que el gobierno sandinista confiscó la finca de su familia. Durante la década del 80 suministró a los rebeldes "contras" ropa y "todo lo que fuera necesario" y más adelante sacó a su hermano de 16 años del país antes de que fuera enrolado en el ejército. Sándigo obtuvo la ciudadanía estadounidense en 1990. En los últimos años ha gestionado en favor de acuerdos de libre comercio con Latinoamérica, a los que se oponen muchos de los defensores de los inmigrantes que temen que dichos acuerdos no protejan suficientemente los derechos de los trabajadores ni los pequeños negocios. Sandigo dice que el libre comercio y la inmigración van de la mano. "No quiero que la gente diga que sólo estamos tratando de traer más inmigrantes a Estados Unidos. Quiero que la gente se quede en sus países y encuentre trabajo", afirmó. Mark Krikorian, director ejecutivo del Centro de Estudios de Inmigración, que favorece límites estrictos a la inmigración y la aceleración de las deportaciones, dijo que la demanda sólo alentará más inmigración ilegal. "Las relaciones familiares y el empleo son lo que atraen a la gente aquí", dijo. "Por otra parte, si tener un hijo nacido en Estados Unidos es garantía para no ir preso, entonces se convierte en un imán, sin duda". Sandigo dijo que no propugna fronteras abiertas y que es partidaria de mayor seguridad fronteriza, pero cree que los inmigrantes que han trabajado durante años en Estados Unidos no deberían ser separados de sus hijos ni obligados a desarraigarlos. Entre los niños incluidos en su demanda se encuentra Teresa Flores, de 15 años, de Yakima, Washington, e Iván Torres, de 8, de San José, California. Teresa y sus cuatro hermanos se despertaron en abril del 2006 para ver cómo los agentes de inmigración se llevaban a su madre a la rastra. La niña dejó la escuela para cuidar de su hermano menor antes de regresar a la ciudad mexicana de La Huerta, en Jalisco, donde su madre trabaja ahora como camarera. En Estados Unidos, donde vivió más de una década, la madre de Teresa ganaba lo suficiente para mantener a sus hijos. En México no. Teresa se vio obligada a trabajar y a la larga regresó a Estados Unidos para vivir con otra familia y ponerse al día con la escuela. "En Estados Unidos mi madre trabajaba en una planta empacadora de fruta. Trabajaba duro. Pasó más de su vida aquí que en México", dijo Teresa. "Como ciudadano, quiero hacerme oír. Quiero estar con ella". La madre de Iván no ha sido contactada por las autoridades de inmigración, pero ella y su marido, que administraba un servicio de porteros, dice que temen que pueda ocurrir en cualquier momento. Por eso incorporaron al niño a la demanda. "He visto por televisión demasiados casos de gente separada. No quiero llegar a eso. Temía incluso consultar a un abogado porque hay casos de fraude", dijo Noemí Salas, de 29 años, de Durango, México, quien vino a Estados Unidos en 1999 con un permiso de trabajo temporal y se quedó. El abogado Alfonso Oviedo interpuso inicialmente la demanda ante un tribunal federal de la Florida nombrando en ella al presidente George W. Bush y al Departamento de Seguridad Interna. Pero la retiró y la presentó directamente a la Corte Suprema debido a que la ley federal ha limitado severamente la potestad de los tribunales de menor instancia para oír casos de deportación, y particularmente las demandas colectivas. Es un riesgo, ya que la Corte Suprema rara vez acepta casos que no hayan pasado antes por otros tribunales. El profesor de derecho David Martin, de la Universidad de Virginia, que fue asesor general del Servicio de Inmigración y Naturalización en el gobierno de Bill Clinton, dice que aunque la Corte Suprema acepte el caso, las probabilidades de Sándigo son escasas. Los tribunales han dictaminado generalmente que no hay nada inconstitucional en que un niño estadounidense se vea obligado a vivir fuera del país, afirmó. "Depende de los padres determinar el caso de custodia. El niño no corre ningún riesgo en cuanto a su ciudadanía", dijo. Agregó que casos como los de Sándigo probablemente avalarán los argumentos de quienes apoyan revocar la ciudadanía automática de los hijos de inmigrantes nacidos en Estados Unidos. El abogado de inmigración Ira Kurzban, de Miami, quien ayudó a interponer la demanda de Sándigo en nombre de nicaragüenses en los años 90, coincidió en que el caso tiene escasas posibilidades en la Corte Suprema. Pero desestimó la noción de que plantear el caso resulte a la larga perjudicial para los inmigrantes. "Deberíamos ponerlos (a los padres) en la situación de que si no quieren llevarse a los hijos, éstos tengan que convertirse en una carga pública? ¿O debiéramos tener una política humanitaria que permita a los padres quedarse bajo ciertas condiciones?", preguntó. Sandigo deja los detalles legales a otros. Además de administrar el grupo American Fraternity, sin fines de lucro, de apoyo a los inmigrantes, es propietaria de un hospicio para ancianos y una pequeña firma de inversiones en bienes raíces. Pero en algo es categórica. "Al enviar a los padres de regreso, ¿qué estamos creando aquí?", dijo. "Estamos creando niños que van a ser resentidos. Estamos creando enemigos dentro del país".

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