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El Presidente Ortega y la Deuda Interna, por Adolfo Acevedo Vogl

Adital | 31 de Octubre de 2007 a las 00:00
El argumento que ha sido utilizado, desde el punto de vista del enfoque convencional del manejo de la deuda, es que el hecho de que un país sobre-endeudado recurra al default o la reestructuración de sus adeudos, implica que dicho país perdería toda credibilidad, y los inversionistas no volverían a colocar sus capitales en el país. En realidad, como ha hecho ver el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz (a este ya se lo dieron, Presidente Ortega, y además fue Jefe de Asesores Económicos de Bill Clinton y Vicepresidente del Banco Mundial), ni el análisis económico ni la evidencia empírica soportan esta visión. En realidad, la propia Ley de Bancarrota de Estados Unidos ha sentado la pauta para las propuestas de reestructuración de la deuda soberana de los países, tal como la presentada por la entonces segunda al mando del FMI (Fondo Monetario Internacional), Anne Krueguer. Se trata de encontrar un mecanismo que fuerce a los principales acreedores de un país - como la Ley de Bancarrota lo hace - para proporcionarle la posibilidad de recuperarse del sobre-endeudamiento, permitiendo que la deuda se pague en condiciones mas adecuadas a la realidad del país. Como lo muestra la experiencia, tanto de la aplicación de la Ley de Bancarrota, como de los procesos de reestructuración de deudas, muestran que sencillamente no es cierto que un acreedor que se ha descargado del peso agobiante de una deuda, no volverá a ser sujeto de crédito: a cualquier persona que ha logrado reestructurar sus deudas, le aparecerán agentes bancarios ofreciéndoles tarjetas de crédito, una vez que su solvencia se ha restablecido, tras la reestructuración. ¿O no es así? Con este argumento, se hace frente al planteamiento casi-histérico, de que la moratoria o reestructuración de la deuda conducirá a la pérdida de credibilidad y al colapso financiero del país, que nunca mas volverá a ser sujeto de crédito, y al cual no volverán los inversionistas. La teoría económica, y la evidencia empírica, nos muestran que no es el caso. Las razones la ha explicado ampliamente el mencionado Premio Nóbel de Economía (ya que el presidente menosprecia y denuesta a los pobres e ignorantes economistas nicaragüenses, que cometieron el atrevimiento de apoyar su iniciativa, y fueron tan igualados como para plantear que esta debería extenderse hasta lograr la reestructuración del conjunto de la deuda interna). Otro punto, muy diferente, es si un proceso de reestructuración con acreedores externos llevara al país a enfrentarse con las acciones punitivas de los gobiernos de los países de origen de dichos acreedores. En el pasado, los gobiernos de los países de origen de los acreedores enviaban sus navíos de guerra a bombardear puertos y ciudades de los países renuentes a pagar sus deudas. Sin embargo, ya en el siglo XIX, los default de deuda fueron lugar común en América Latina, y como corolario, los subterfugios que finalmente se tradujeron en importantes quitas del valor de la deuda. En el caso de Argentina, el caso fue extremadamente difícil. De un día para otro, el modelo de convertibilidad argentino, que era el modelo favorito del FMI, colapso, provocando una crisis económica sin precedentes, que lanzo de improviso al desempleo y la pobreza a decenas de millones de personas (en efecto, prácticamente de un día a otro). Para hacer frente a los vencimientos de sus deudas, el país hubiese requerido de una masiva operación de salvataje, que EEUU se negó a apoyar. Mientras tanto, el pago de intereses, contratados a tasas variables, se disparo, lo cual aumento de manera impresionante el déficit fiscal, y el FMI demando que el gobierno desatase medidas que agravarían aun más la caída recesiva, como un drástico recorte del gasto publico (distinto de los intereses), lo cual contraería la demanda agregada y agravaría al extremo la recesión y el desempleo. Demando una política monetaria restrictiva que, al elevar las tasas de interés, agravaría los problemas de las empresas que ya estaban en dificultades, aumentando el desempleo, que había alcanzado niveles impresionantes. En esas condiciones, Argentina declaró el default de deuda, suspendiendo el pago de US$ 100 Miles de Millones, puso fin al régimen de convertibilidad, depreciando un tipo de cambio masivamente sobrevalorado, implemento controles de cambio para estabilizar después el tipo de cambio y la inflación, y una política monetaria más flexible, que permitió mejorar la situación de las empresas en problemas. Al desaparecer el abultado pago de intereses, y aumentar las recaudaciones como resultado de la recuperación de la economía que se produjo al poco tiempo - así como de la reintroducción de impuestos sobre las exportaciones, que estaban teniendo ganancias extraordinarias y un rápido crecimiento tras la devaluación - el déficit fiscal desapareció - por una vía opuesta a la exigida por el FMI - y se convirtió en superávit. Luego, Argentina, después de esta "moratoria forzosa", por motivos de fuerza mayor, en el pago de su deuda, emprendió uno de los procesos de reestructuración más profundos y exitosos de la historia, que culmino con una quita del valor presente de dicha deuda, de casi el 80%. El Presidente debería reclamar a sus asesores por hacerle decir cosas que comprometen su credibilidad: Venezuela no tuvo nada que ver con esta reestructuración, que fue totalmente de manufactura gaucha. En lo que Venezuela apoyó a Argentina, no fue en este proceso, sino posteriormente, en Diciembre de 2005, cuando Argentina, tras reestructurar su deuda con acreedores privados extranjeros, repagó toda su deuda, por anticipado, con el FMI, desencadenando un proceso que culminaría con la actual crisis de ese organismo. Pero esto fue cuando la reestructuración de la deuda con los acreedores privados, ya se había producido. El Presidente parece argumentar que si el país se plantea la reestructuración a fondo de la onerosa deuda interna, se enfrentaría con el capitalismo global, y el país amenazaría con derrumbarse, como resultado de este enfrentamiento - que él, por otra parte, no parece preocuparle, cuando incursiona áreas mucho mas sensibles para el imperio global. En realidad, los propios funcionarios legales más cercanos al Presidente, conocen la capacidad de forzar una negociación, que le otorga la situación legal de esta deuda, al Estado. Lo más probable es que el Presidente, mas que un temor de que tocar esta deuda le produzca un enfrentamiento a muerte con el imperio global, tenga presiones de los poderosos grupos que detentan estas deudas, con los cuales el ha forjado una relación muy cercana, y que, junto con la alianza estratégica con el PLC, y con la Iglesia, el aprecia como los elementos estabilizadores fundamentales de su gobierno. No en vano su gobierno ha invertido tantos esfuerzos y tiempo por ir forjando y consolidando esta relación, a tal punto que los empresarios, a pesar de la retórica del Presidente, parecen sentirse confiados y seguros bajo su mandato, y alaban la "responsabilidad" de sus políticas. Finalmente el Presidente, ha emitido denuestos contra un grupo de economistas que cometió el pecado de respaldar su iniciativa de moratoria del pago de la deuda interna, pero planteándole que este debe ser el primer paso para avanzar hacia la reestructuración a fondo de la misma. Por alguna razón que resulta difícil entender, el Presidente ha considerado importante atacarlos. Rechazó las opiniones de especialistas económicos sobre el tema de la deuda interna, a quienes llamó "los sabios" que viven opinando todos los días y que están de plantilla en los medios de comunicación… "Yo quisiera que esos sabios me dijeran como hacer, no pagando esta deuda inmoral - que es una deuda inmoral que por principio yo la condeno -, que me digan como haríamos, no pagando esta deuda, para mejorar las condiciones de los trabajadores del sector salud, del pueblo pobre, frente a un esquema de dominación global imperialista que nos tiene amarrados a todos" "Si un sabio aquí me dice, que agarrando todo ese dinero, 8 mil millones y repartiéndolo alegremente, no se hunde la economía nicaragüense, seguramente les dan el premio Nobel de la economía, porque ni Fidel (Castro), ni (Hugo) Chávez, ni nadie han podido encontrar la fórmula" (?????). Bien: para verdaderamente finalizar, ya que el Presidente opina que un país pobre y pequeño no puede enfrentar soberanamente su problema de deuda, le cuento la experiencia de Bolivia, en 1985, cuando ese pobre país, atravesaba una grave crisis, y el FMI estaba en la cima de su poder. Jeffrey Sachs, ex Guru económico de la Universidad de Harvard - de la cual depende el mismísimo INCAE -, y uno de los economistas mas reconocidos de nuestro tiempo, relata su experiencia como asesor del programa de estabilización ortodoxo de Bolivia en 1985, que lo llevó a enfrentarse al FMI en este punto: "Ahora que Bolivia se había estabilizado, el FMI presionaba para que se reanudara el pago de la deuda. Yo opinaba que, en aquel momento, semejante medida no haría sino llevar a Bolivia a una crisis política y de vuelta a la hiperinflación. Exigiría unas cargas políticamente inaceptables sobre los pobres de Bolivia... El FMI, por su parte, decía que no había alternativa: debía reemprenderse el pago de la deuda. Al empezar la comida, pronuncié un breve discurso en el cual señalé que reanudar el pago de los intereses de la deuda era completamente inadecuado y que las crisis de la deuda del pasado se habían resuelto con importantes reducciones de la misma por medio de una u otra estratagema...En efecto, Bolivia y muchos otros países no habían realizado sus pagos en la década de 1930, y en la de 1940 se les había condonado la deuda... Mientras yo hablaba, el jefe de la misión del FMI fue enrojeciendo cada vez más. Le irritaba profundamente oír aquella clase de discurso radical de la boca de un asesor. Finalmente, exasperado, dijo: "Eso es inaceptable, profesor Sachs. Jamás someteremos semejante programa a la aprobación de nuestra junta". Ante mis nuevas protestas, afirmó: "Cuando llegue a casa, llamaré a Bill Rhodes, que también dirá que esto es completamente inaceptable". Casi me caí de la silla, porque Bill Rhodes era un alto ejecutivo del Citibank con responsabilidades sobre la deuda latinoamericana... Hice una pausa y luego repliqué con desdén: "vaya, ahora sí que lo entiendo. Déjeme que les explique a mis amigos bolivianos lo que acaba de decir: ¿Va a llamar al Citibank para averiguar si las medidas políticas bolivianas son adecuadas?. Así pues ¿la estrategia del FMI sobre la deuda la van a determinar los bancos internacionales?". Se puso furioso, cerró su cuaderno de notas y se levantó, anunció que se había acabado la reunión y salió de la sala seguido a toda prisa seguido a toda prisa por los demás. Sin embargo, lo asombroso es que después de aquello el FMI jamás volvió a pedir a Bolivia que pagara la deuda" (Op.cit, 2006). Es decir, el mundo no se vino abajo, y posteriormente Bolivia procedió a reestructurar su deuda. Como se sabe, este economista de Harvard, finalmente dejó de asesorar gobiernos en la aplicación de programas de estabilización ortodoxos, y ahora se dedica a tiempo completo, desde el "Instituto de la Tierra", a investigar y proponer vías y métodos que contribuyan a sacar a millones de seres humanos de la pobreza extrema, llegando a convertirse en el principal asesor del Secretario General de la ONU en este campo. Nicaragua, por su parte, encara el siguiente dilema: o pagar a toda costa la onerosa e ilícita deuda interna que agobia las finanzas públicas en los términos contractuales establecidos, cuyos vencimientos además se concentran en el período en que el país debiera estar haciendo un esfuerzo sobrehumano para invertir en capital humano - para intentar remontar el enorme rezago que tiene en este campo -, o por el contrario, efectuar las inversiones indispensables para cumplir los ODM y encarar la gigantesca deuda social que existe con los millones de seres humanos que habitan el país. Además de ello, es preciso recordar que el pago de dicho servicio mediante los ingresos fiscales provenientes de una estructura tributaria marcadamente regresiva, estaría representando una redistribución regresiva del ingreso, de una magnitud nunca antes vista, desde las grandes mayorías de menores ingresos, hacia los sectores más ricos del país. Ahora bien, cuando el Presidente Ortega insinúa que quienes hablan de reestructurar A FONDO esta deuda, son irresponsables, entonces él reconoce que, como dirigente de oposición, fue un total irresponsable, si acaso todavía recuerda sus encendidos discursos. Y usted, ¿qué opina?

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