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Ortega le canta algunas verdades a España sobre sus empresarios, sus embajadores y su política exterior

| 10 de Noviembre de 2007 a las 00:00
En medio del incidente entre el presidente venezolano y la representación española, el presidente Daniel Ortega pidió la palabra y formuló algunos duros cuestionamientos al comportamiento de los inversionistas españoles que llegan a América Latina, dichos que también molestaron al rey de España, Juan Carlos. "Esa empresa española (Unión Fenosa) llega a Nicaragua a ayudar, decía, a que la energía llegue a todo el país, se va a controlar el precio y todo lo demás. Llegó con los gobiernos peleles, nosotros no le hubiéramos dejado entrar a Unión Fenosa, no le hubiéramos entregado la distribución", afirmó el mandatario nicaragüense. "Le entregaron la generación del 47 por ciento de la energía a empresas privadas", pero "los inversionistas no compraron las empresas generadoras que estaban en mal estado, compraron mediante actos de corrupción las empresas generadoras que estaban en buen estado donde podían sacarle utilidades y ganar lo que estaban dando por la empresa en un año", señaló Ortega. "Son una mafia. Es una estructura mafiosa, tácticas gansteriles dentro de la economía global de las que son víctimas nuestros países por culpa de los (gobiernos) peleles", agregó. Ortega sostuvo que él es cuestionado en su país en este tema, porque "el estado de opinión es terrible en contra de Unión Fenosa. El 90 por ciento me cuestiona y me critica por qué no terminamos de asumir Unión Fenosa". Además, Ortega se refirió a la actuación de "embajadores españoles" antes de las elecciones en su país y dijo que reunieron en "la Embajada de España a las fuerzas de derecha para unirlas para que no triunfara el frente sandinista". "No creo que esa sea una política del gobierno español, pero la realidad es que lo ha hecho el embajador de España en Nicaragua y es conocido allá públicamente", agregó. El presidente Ortega aseguró que tampoco olvida que "el territorio español fue utilizado para bombardear la residencia del presidente de Libia, Muamar el Gadafi", en referencia a los bombardeos de la aviación estadounidense el 15 de abril de 1986 en los que murió la hija del líder libio. Esto es "historia reciente, de la época de la democracia, ya no estaba Franco", dijo Ortega, y añadió que España se prestó "solícitamente a la política terrorista de los yankis para bombardear la casa de Gadafi y asesinar niños". El monarca español dejó el plenario mientras Ortega criticaba el comportamiento de la empresa española Unión Fenosa. El rey no estuvo presente durante la interpretación del himno chileno, que cerraba los debates. El presidente del gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero, refutó los planteamientos de Ortega y dijo que los inversionistas españoles en la región habían invertido una gran cantidad de recursos, generando empleo local. Añadió también los recursos inyectados por España en materia de cooperación con la región. Sin embargo, según el canciller de España, Miguel Moratinos, al terminar la cumbre, Ortega acudió a ver a la delegación española para presentar algunas "explicaciones" y excusas.

Ortega exige a EEUU honrar el fallo de La Haya

En su discurso inicial el presidente Ortega exigió a Estados Unidos pagar 50,000 millones de dólares a Nicaragua por su guerra de agresión en la década de 1980. "Estados Unidos debe pagar a Nicaragua una compensación de 50.000 millones de dólares por la sanción que le aplicó en 1986 la Corte Internacional de La Haya", afirmó el sábado Ortega en un extenso discurso en el que pasó revista a intervenciones estadounidenses en el mundo. Ortega señaló que La Haya condenó a Estados Unidos por sus actos de terrorismo de estado contra Nicaragua. Afirmó que esos 50.000 millones de dólares corresponden a la compensación inicial de 17,000 millones de dólares más los intereses. Sin embargo, la sanción impuesta por el tribunal internacional fue condonada en 1990 por la recién electa presidenta Violeta Chamorro, quien había derrotado a Ortega en la elección presidencial. Ortega se extendió en su discurso por una media hora, lo que motivó a la presidenta chilena Michelle Bachelet, a pedir al resto de mandatarios que respetaran los cinco minutos acordados para sus intervenciones.

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