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Julio Buitrago héroe incaudicable

Managua. Radio La Primerísima | 15 de Julio de 2019 a las 11:40
Julio Buitrago héroe incaudicable

La militancia sandinista conmemora este lunes 15 de julio el 50 aniversario del asesinato del comandante Julio Buitrago, quien se convirtió en un héroe nacional, que nunca claudicó en sus ideales centrados en la liberación de Nicaragua, que en aquel entonces fue testigo de cómo el pueblo sufría por la Dictadura Somocista.

“No sé si uno aprende a saber cuándo ronda la muerte, pero en todo caso tenemos que acostumbrarnos a escuchar sus pasos y a huir de ella, no como cobardes, sino después que hayamos cumplido con nuestro deber”, escribió el comandante Julio Buitrago, poco tiempo antes que fuera asesinado por la genocida Guardia Nacional.

La tarde del 15 de julio de 1969 se convirtió en una fecha histórica que marca un momento inolvidable para el pueblo nicaragüense, porque es cuando Julio, el valiente joven de 25 años lucha por defender sus ideales y por amor a Nicaragua.

El comandante ese día se enfrentó el solo a más de 400 esbirros de la Guardia de Somoza que se hacían acompañar de un tanque y una avioneta asaltando la casa de seguridad donde él se encontraba, ubicada en el barrio Frixione o barrio Maldito.

Ese día llegó hasta ese vivienda la comandante Doris Tijerino, Gloria Campos, esposa del comandante Enrique Lorente, la hija de ambos de tres años, y Mirna Mendoza, otra compañera sandinista, quienes presenciaron parte de la lucha de Julio Buitrago.

La comandante Doris Tijerino expresó que en ese momento se encontraban en la parte de debajo de la vivienda por un motivo personal de Mirna Mendoza, cuando escucharon las botas de los guardias.

“Sentimos una carrera típica de botas por esa acera y un culatazo en la puerta que da a ese pasillo. Entonces Julio me indica que traslade a la niña, la hija de Enrique, porque Gloria estaba en la parte de atrás y me indica que se la entregue y se vaya, y que yo regrese. Ya la Guardia estaba entrando. Y regresé. Cuando ya regresé, ya había unos fusiles grandes asomando por ahí y Julio en la escalera”, contó Tijerino.

Según la comandante en ese momento portaba un revólver 38 calibre corto y logra ubicarse detrás de una columna cuando entra un guardia y se sujeta a ella tras ser herido. Otros guardias lo jalan para sacarlo y detrás iba ella, porque el hombre nunca se soltó.

“Honestamente, creí que iba a morir ahí, pero bueno, no me tocó, no me correspondió. ¿Por qué razón? No sé… Ahí, en esa acerita de la casa me mantuvieron sentada, prácticamente desde que me capturaron. Yo solo sentía los balazos a mi alrededor, pero no me dieron ni uno”, relató.

Señaló que estando sentada ahí llegó un guardia borracho, la levantó y le dio un golpe en el ojo. El operativo lo dirigía Samuel Genie, el jefe de la Oficina de Seguridad Nacional de Anastasio Somoza y el que piloteaba la avioneta de la Fuerza Aérea era un hombre de apellido Rivas, refirió.

“La última expresión del rostro que vi de Julio, fue que frunció el rostro, porque yo le lancé el revólver, porque yo no podía desprenderme del guardia y le pedí que me diera un balazo, porque era un acuerdo que teníamos. Pero él frunció el rostro y me dijo que no, y siguió subiendo. De ahí, fue que lo escuché cantar el himno, cuando yo lo oí cantar el himno fue que ya supe que estaba herido de muerte o ya no tenía municiones para defenderse”, dijo la comandante.

Mencionó que conoció a Julio siendo adolescente en el colegio Ramírez Goyena. Luego fue su responsable en la organización Juventud Patriótica Nicaragüense que aglutinó a jóvenes y reivindicó la bandera roja y negra y la lucha de Sandino, inspirada en la revolución cubana.

Después Buitrago formó parte de la Dirección Nacional del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y se le conoce como el “Padre de la Resistencia Urbana”, pues a él se le encargó ser el jefe y organizador de la Resistencia Urbana.

La casa de dos pisos donde cayó Julio Buitrago hace 50 años fue convertida en un museo que guarda la memoria del joven revolucionario sandinista y que con los orificios en sus paredes uno se puede imaginar cómo fue sometido a la artillería que le disparaba a diestra y siniestra, creyendo que en el lugar había decenas de hombres.


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