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Mucho ruido para asumir el gobierno, pero ¿cuántas nueces tendrá Ortega?

Agencia AFP. Desde Managua. | 8 de Enero de 2007 a las 00:00
El líder sandinista Daniel Ortega retornará al poder en Nicaragua, tras 16 años en la oposición, para gobernar un país agobiado por el hambre, el desempleo y un enorme déficit social que deberá atender con escasos recursos económicos. Ortega jura el miércoles como presidente en una ceremonia inédita ante 14 jefes de Estado y de Gobierno y 61 delegaciones de alto nivel de América, Asia, Europa y África que llegarán para testimoniar este momento histórico en la vida política del país. La capital nicaragüense está tomada desde este lunes por unos 7.000 miembros de la policía y el Ejército que desarrollan un vasto plan de seguridad para garantizar la protección de los dignatarios visitantes y la movilización de unas 200.000 personas que participarán en un acto popular en la plaza La Fe Juan Pablo II, donde Ortega dará su primer mensaje. El mandatario electo, de 61 años, ganó las elecciones del 5 de noviembre pasado al frente de una alianza política integrada en su mayoría por antiguos enemigos, que se cobijaron bajo el alero del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) que enarboló las banderas de la paz y la reconciliación. El panorama que encontrará Ortega en su segundo mandato es diferente al que dejó en 1990, cuando entregó el poder a la presidenta Violeta de Chamorro, con un país polarizado y una economía destruida a causa de un conflicto armado de casi una década, el cual alentó y financió Estados Unidos. Ortega ya no viste el verde olivo de guerrillero que ha sustituido por camisa blanca y pantalón de mezclilla; luce una incipiente calvicie y ha moderado el discurso, principalmente hacia Estados Unidos, al que más bien se ha acercado para tener relaciones de mutuo respeto. También se reconcilió con la iglesia católica, que tuvo incidencia en su triunfo electoral y ha prometido no repetir los errores del pasado como las confiscaciones o la censura de prensa. Sin embargo, los problemas sociales que vive este país constituyen el más grande desafío para Ortega en su segundo mandato. Los gobiernos de Chamorro, de Arnoldo Alemán y del saliente Enrique Bolaños, que le antecedieron, impulsaron programas de ajustes macroeconómicos de la mano del Fondo Monetario Internacional (FMI), a cuyas rigideces atribuyen algunos analistas la galopante pobreza que afecta a un 70% de los 5,2 millones de nicaragüenses. Las estadísticas oficiales registran un desempleo abierto del 5,6% y un subempleo del 13%, aunque estimaciones no oficiales lo cifran en más de un 50% de la Población Económicamente Activa (PEA). Como parte de sus acciones para comenzar a atacar el problema de la pobreza, el gobernante electo invitó a empresarios e inversionistas a crear una alianza estratégica para combatir juntos ese mal y "acelerar el ritmo del crecimiento y desarrollo económico". También se apresta a negociar un nuevo programa de ajuste económico con el FMI en las próximas semanas, para sostener el equilibrio macroeconómico. El gerente del FMI para el hemisferio occidental, Anoop Sing, que se reunió con Ortega en Managua, dijo a la prensa que "le aseguramos al presidente electo que vamos a hacer de todo para seguir trabajando con ellos y ver cómo logramos establecer nuevas políticas económicas que ellos desean". El nuevo gobierno también se apresta a firmar un vasto programa de cooperación con Venezuela, que según el embajador de ese país, Miguel Gómez, podría superar por su envergadura a los que ese país tiene con Bolivia y Cuba. El plan contempla aspectos de cooperación en el ámbito energético, combustible, salud, educación, cultura, deportes, agua potable, reparación y reconstrucción de infraestructura de puertos y carreteras, entre otros.

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