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La mano yanki detrás del golpe

Quito. Por Juan Francisco Coloane, Argenpress. | 30 de Septiembre de 2010 a las 00:00
El movimiento de tropas que afecta la estabilidad política en Ecuador no es sorpresivo. Por el contrario, refleja un estado de situación que venía proyectándose desde que el Presidente Rafael Correa comenzó a revertir las prerrogativas de los enclaves tradicionales de poder. Uno de esos enclaves ha sido el ejército ecuatoriano, que ha mantenido un interés marcado por el ejercicio de la política y en el asumir la jefatura del Estado. Es difícil anticipar qué podría ser, si es un golpe movimiento para saldar cuentas pendientes internas o es el diseño estratégico para la región. En ambos casos es grave, aunque sería gravísimo que fuera más de lo último. Honduras con Zelaya vienen inmediatamente a la mente. No parecía creíble que Estados Unidos aún con la bonhomía de Barack Obama pudiera aceptar un modelo de socialismo de siglo XXI como lo profesa el presidente Correa. HiIlary Clinton estuvo en abril en Ecuador y pronunció elogios a la situación ecuatoriana, sin embargo la coyuntura actual es complemente diferente. La crisis económica mundial no cede, una guerra ad portas en Irán, un golpe estado incubándose en Pakistán, leyes draconianas en Estados Unidos y Europa para detener la inmigración, y un proceso acelerado de recuperación de la hegemonía de Estados Unidos en la región. En un momento reciente, en medio de la crisis económica y el desprestigio de EEUU por tener a George W. Bush en la presidencia, con Venezuela, Ecuador, Bolivia, y hasta cierto punto Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay convertidos en agentes antagónicos a la supremacía estadounidense, parecía inconcebible que la potencia mayor que es Estados Unidos perdiera la supremacía en la región que es la columna vertebral de su dominio en el hemisferio occidental Correa llegó al poder con mucha popularidad anunciando cambios, y con el tiempo surgió el proceso de la constituyente de reformar a la Constitución con un 80% de apoyo popular. En la situación ecuatoriana de transformación constitucional, los poderes tradicionales representados por los partidos políticos han sido mermados pero no han sido derrotados. Es posible que este movimiento de tropas no sea más que esta parte de la civilidad acudiendo a las Fuerzas Armadas para hacer salir del poder a este “usurpador” encarnado en la figura del presidente Rafael Correa. El presidente Rafael Correa fustigó agresivamente a la clase política tradicional. Un periodista ecuatoriano entrevistado afirma: “Correa ha insultado a los miembros de los paridos tradicionales que han manejado el poder por lo que han hecho con el país y le ha sido difícil dialogar con ellos porque las premisas son diferentes”. Parece que estos grupos políticos le “estarían pasando la cuenta” a Correa, y que el tema de la rebaja salarial en el ejército sería el pretexto para una decisión ya tomada en varios niveles. No se descarta el intenso proceso de lobby por parte de Estados Unidos para sacarle una mascada mayor al populismo de izquierda instalado en la región según la lectura del análisis acoplado a los alineamientos tradicionales. La continuidad de la tesis de autonomía del Gobierno de Lula, con la más que probable elección de Dilma Roussef en Brasil, inquieta demasiado al poderoso “establishment” de la política exterior estadounidense, que Barack Obama, lamentablemente no ha podido contener con su aire fresco de una nueva política internacional; lejos de la supremacía tipo guerra fría. Una fuente periodística contactada en un viaje que hice a Quito en marzo de este año, me informó entonces de la personalidad del Presidente Rafael Correa con un dejo de insatisfacción, producto de un antagonismo generado entre Correa y algunos medios; como siempre aquellos de mayor circulación e impacto en la opinión pública. Nos dice: “El presidente Correa tiene carácter mesiánico, y arrastra el problema de no haber arribado al poder con un partido político. Se apoya en un grupo heterogéneo y cuando habla del socialismo del siglo 21 es un grupo amplio que lo apoya, pero no es un partido político con inserción en las masas. Sin embargo también es apoyado por grupos que no profesan estos ideales”. El Ministro de Defensa Javier Ponce ha sido un brazo derecho en la administración de Rafael Correa y en la contención de los apetitos políticos de los militares ecuatorianos y al parecer en esta coyuntura su rol no ha tenido el peso esperado. “Javier Ponce es un periodista y escritor, pero en el fondo es un excelente analista político” dice nuestra fuente. “Proviene de una familia de izquierda de clase alta y el presidente Correa lo llamó para que manejara su oficina como su jefe de gabinete y después lo nombra en la cartera de Defensa”, agrega. El ministro Ponce es un punto muy oscuro en el mapa del Pentágono respecto a las figuras que no podían existir en la discusión del futuro diseño estratégico en la región. Para algunos sectores del militarismo es como un infiltrado. Aún así, el 23 de septiembre último se reunía con Robert Gate, el jefe del Pentágono. El izquierdismo de Javier Ponce le está significando un costo a la estrategia de Rafael Correa de introducir su modelo de socialismo de Siglo XXI. Rafael Correa no ha podido armonizar las obvias necesidades de participación popular con las demandas de los grupos tradicionales del poder, léase: banca, industria y agencias de servicios asociadas al capital transnacional en las áreas como energía, petróleo y telecomunicaciones. En este desencuentro, este movimiento de tropas ha encontrado el contexto propicio para su pronunciamiento decisivo. “Correa ha querido que lo aplaudan los medios y cuando comenzamos a decir ciertas cosas ya no le gustó”, nos dice nuestro interlocutor en marzo con visión profética. Escuchaba y pensaba en el gobierno de Rafael Correa con una oposición encubierta en apariencia, pero intensa y apasionada para recuperar el poder que no habían perdido, pero que se les estaba escapando de las manos. Los cambios que ha efectuado Rafael Correa en este corto tiempo, igual dejan la impronta que Ecuador no será nunca el mismo, y que las elites tradicionales deberían encontrar una forma de organización social más representativa y participativa, si es que desean seguir gobernando. Lo que ocurre en Ecuador, es la vieja polarización de la Guerra Fría entre socialismo o capitalismo fascista, pero con el ropaje nuevo adocenado de las transnacionales que vulgarizan todo hasta el punto que trafican con el poder en repúblicas y estados hechos a medias, con partidos políticos colocados en sus libretas de salarios e imposiciones. Ecuador ofrecía esa posibilidad bastante similar a la que planteaba Salvador Allende 43 años atrás; una apertura al poder del pueblo y al poder popular. Pero no. El cavernario capitalismo no puede. Es una estructura que en lo político es completamente irracional a la hora de contabilizar rentabilidad y sus leales soldados que golpean hasta masacrar. Todo se hace bajo la pantomima de la libertad, mientras los medios de información masiva son financiados por las mismas transnacionales que han cometido esos genocidios y se apoderan de la única instancia donde los pobres pueden negociar: El Estado. Fue Honduras, ahora es Ecuador, mañana será Bolivia, esperemos que no sea, o Venezuela, y cualquier manifestación de disidencia a este capitalismo tan tramposo, malo y caro como lo ilustraba el analista David Borizón. Cada vez más no hay que ser tímido respecto a la dicotomía: o socialismo o barbarie. Se acabó el tiempo de los análisis para contemplar o morigerar el comentario, es el tiempo de las opciones.

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