Escúchenos en línea

Uno de los asesinos de monseñor Romero dispuesto a señalar al sicario

None | 24 de Marzo de 2006 a las 00:00

Miami – Álvaro Saravia, un ex militar salvadoreño que coordinó el asesinato del arzobispo de San Salvador, Oscar Arnulfo Romero, hace exactamente 26 años, dijo que está dispuesto a identificar al asesino y a contar la historia detrás del crimen, en una entrevista con El Nuevo Herald.

Saravia dijo desde la clandestinidad al diario en una entrevista publicada este viernes que está dispuesto a identificar al asesino de Romero pero que necesita garantías de que su vida no correrá peligro.

Afirmó que hay gente que participó en el crimen y que nunca fue señalada en el informe de la Comisión de la Verdad creada por la ONU para investigar las atrocidades cometidas durante la pasada guerra civil que dejó 75.000 muertos y 7.000 desaparecidos (1980-92).

"Ellos están gozando una vida libre de remordimientos habiendo sido los más comprometidos", dijo Saravia, "un día hablaré a calzón quitado. Si yo quiero un perdón que sirva tengo que decir la verdad, no voy a decir mentiras, y con las consecuencia que ella tenga".

El ex militar, que habló al diario desde algún país latinoamericano que no fue identificado, dijo que está escribiendo unas memorias y en ellas incluirá esos detalles. Saravia fue ayudante del ex mayor del ejército y jefe de los derechistas escuadrones de la muerte Roberto D'Aubuisson (fundador de la gobernante Alianza Republicana Nacionalista, Arena), quien murió de cáncer en 1992, señalado por la Comisión de la Verdad de la ONU como quien dio la orden de matar al arzobispo.

El ex militar también pidió perdón por el crimen, pero aclaró que cuando Romero fue asesinado "estábamos en un período de guerra".

"Quisiera que tomaran en cuenta que estábamos en un período de guerra. Podríamos haber estado muy confundidos en las acciones que hacíamos, pero creíamos fielmente en lo que estábamos haciendo y la cara de enemigo la mirábamos en él", dijo.

Fue Saravia quien contrató al sicario para matara a Romero, le ordenó a su chófer llevarlo y traerlo de la capilla en un hospital de cancerosos en donde el cura fue asesinado de un disparo al corazón mientras llevaba a cabo la misa, y le pagó posteriormente.

Nadie ha sido juzgado por el asesinato, y en 2004 un juez de California (oeste) halló a Saravia responsable por el crimen en un proceso civil y le ordenó pagar 10 millones de dólares a un familiar del religioso. Fue juzgado en ausencia y desde entonces se desconoce su paradero.

Acogen con esperanza anuncio de Saravia

San Salvador – Distintos sectores salvadoreños acogieron hoy con esperanza el anuncio del excapitán Alvaro Saravia, acusado del asesinato del arzobispo de San Salvador, Oscar Romero, de que pedirá perdón y denunciará a otros implicados.

El presidente de la Comisión de Derechos Humanos de El Salvador (CDHES, no gubernamental), Miguel Montenegro, declaró que "al final la verdad prevalece sobre la mentira y la verdad es el anhelo de todo el pueblo salvadoreño". Agregó que las declaraciones de Saravia "sobre los hechos que cometió responden a un proceso de exigencia y de triunfo de la población, principalmente de las víctimas de violaciones de los derechos humanos".

Para Montenegro, que Saravia "diga en estos momentos la responsabilidad de los funcionarios, tanto militares como civiles y del Estado, se constituye en empezar un proceso contra la impunidad, que hasta ahora han tratado de resguardar los gobiernos del partido ARENA".

"Espero que lo que hemos conocido hoy en esa nota amplia de tres páginas en el periódico (El Nuevo Herald, de Miami, Estados Unidos) implique ya que en el país entramos en una nueva etapa, así lo espero, así lo deseo, porque debe conocerse toda la verdad", declaró el obispo auxiliar de San Salvador, Gregorio Rosa Chávez.

El director del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana (IDHUCA), Benjamín Cuellar, comentó que "la hora de justicia ya viene y ahora le toca el turno al ofendido porque la lucha de las víctimas está triunfando".

La alcaldesa electa de San Salvador, Violeta Menjívar, se declaró "complacida" con la posición del militar, tras asegurar "es el primer paso hacia la reconciliación y en la búsqueda de las verdades ocultas en este país".

Sara Villafuerte, integrante de las llamadas Comunidades Eclesiales de Base, que participó este viernes en un homenaje al ex arzobispo, manifestó que Saravia "debe confesar hasta el último detalle de los involucrados en la muerte de monseñor Romero, aunque esos nombres son ya un secreto a voces en el pueblo".

El diputado Hugo Martínez, del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), dijo que "lo que el país necesita es la verdad de lo que ocurrió en los años de la guerra y, en ese sentido, me parece necesario que personas como ésta (Saravia) que están dispuestas a declarar más a fondo lo hagan". Martínez consideró que "si Saravia está dispuesto a pedir perdón creo que es un ejemplo que debería seguir el presidente Saca.

Salvadoreños recuerdan a monseñor Romero

San Salvador – La pequeña casa aún conserva las pertenencias del arzobispo, monseñor Oscar Arnulfo Romero, incluida su ropa salpicada de sangre tras ser asesinado de un disparo al corazón hace 26 años.

Fue el lunes 24 de marzo de 1980, recordó una religiosa que atiende la casita al mostrar el sitio y que pidió no ser identificada. La monja mostró un calendario que perteneció a Romero. En un espacio para un día lunes escribió 6.15 de la tarde, la hora de la misa en un hospital para cancerosos durante la cual fue asesinado por un francotirador. El sujeto, aún no identificado, disparó desde un auto que se había estacionado frente a la entrada principal de la capilla, en el mismo predio donde está actualmente la casita de Romero.

El incidente ocurrió en el inicio de los 12 años de guerra civil salvadoreña que concluyó con la firma de los acuerdos de paz en 1992, con el auspicio de las Naciones Unidas.

Un informe de la Comisión de la Verdad, creada poco después de ese logro, determinó que el autor intelectual del crimen fue el mayor Roberto DAbuisson, fundador del partido Alianza Republicana Nacionalista (Arena), actualmente en el gobierno. Sin embargo el asesino no fue capturado y los responsables tampoco serán castigados debido a una amnistía promulgada tras los acuerdos de paz.

Monseñor Romero y mártir, los pobres te llaman, figura escrito a la entrada de la pequeña vivienda, adornada con flores y un mural en el que se ve al religioso sentado, como si estuviera recibiendo al visitante. En el interior se resguardan algunas pertenencias, como un jabón seco, hojas de afeitar, zapatos, relojes, una pequeña cama, libros y fotografías, entre otros.

Cada 24 de marzo la casa es visitada por decenas de salvadoreños y extranjeros. En una muestra de respeto y aprecio, muchas personas se quitan los zapatos antes de ingresar, contó la religiosa que los atiende. Romero es considerado un santo, pese a que aún el Vaticano sigue estudiando su proceso de canonización desde mediados de la década pasada.

Oscar Romero, "la voz de los sin voz" en El Salvador, muerto hace 26 años

San Salvador – El arzobispo de San Salvador, Oscar Arnulfo Romero, considerado "la voz de los sin voz", fue asesinado el 24 de marzo de 1980 por un sicario pagado por la ultraderecha, pero su muerte lo convirtió en símbolo de una nueva iglesia con opción preferencial por los pobres.

Un francotirador asesinó a Romero de un disparo en el corazón. Su asesinato polarizó aún más la sociedad salvadoreña y estimuló el crecimiento de un movimiento insurgente surgido pocos años antes: el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Monseñor Romero fue merecedor de la reverencia del papa Juan Pablo II, el 6 de marzo de 1983, cuando se arrodilló frente a su tumba, hecho que fue interpretado por la iglesia local como una "muestra de solidaridad" ante la persecución que sufría, en el marco de la guerra civil. El gesto fue repetido por Juan Pablo II en febrero de 1996.

Poseedor de una convincente y abundante oratoria, Romero denunció la injusticia social y la represión militar.

De acuerdo a su biografía, nació el 15 de agosto de 1917 en el hogar integrado por Santos Romero y Guadalupe Galdámez en Ciudad Barrios, un pueblo enclavado en montañas y cafetales en el departamento de San Miguel, 156 km al noreste de San Salvador.

Segundo de ocho hermanos, Romero ingresó a los trece años al seminario menor de San Miguel y era conocido como "el niño de la flauta", por el pequeño instrumento de bambú que heredó de su padre.

En 1937 fue aceptado en el seminario mayor San José de la Montaña, en San Salvador. Siete meses más tarde viajó a Roma para estudiar teología, donde vivió las penurias de la Segunda Guerra Mundial. Oscar Arnulfo Romero fue ordenado sacerdote el 4 de abril de 1942 en Roma, donde aprendió a tocar piano y armonio.

La primera parroquia en la que trabajó fue la de Anamorós, un poblado de La Unión, en el este del país. Luego pasó a San Miguel, donde permaneció 20 años, hasta que el 2 de setiembre de 1967 fue nombrado secretario de la Conferencia Episcopal de El Salvador (CEDES).

El 21 de junio de 1970, Romero -de línea conservadora- fue nombrado obispo auxiliar del obispo capitalino Luis Chávez; luego obispo de Santiago de María, Usulután, el 15 de octubre de 1974, en momentos que comenzaba la represión contra campesinos organizados.

Sin tener la confianza del clero progresista, monseñor Romero fue ungido arzobispo el 23 de febrero de 1977, cuando tenía 59 años, y adoptó el lema "sentir con la iglesia".

El 12 de marzo de 1997, adoptó una línea de denuncia luego de que militares asesinaron, junto a dos campesinos, al connotado sacerdote jesuita Rutilio Grande, por lo que exigió una inmediata investigación al entonces presidente, coronel Arturo Armando Molina, su amigo personal.

El 23 de marzo de 1980, a pesar de las persistentes amenazas de muerte, Romero instó a los efectivos del ejército y cuerpos de seguridad a obedecer el mandamiento de Dios de "no matarás" antes que a sus jefes que les ordenaban disparar contra el pueblo. "Les ruego, les suplico, les ordeno, en nombre de Dios, cese la represión" fue la frase lapidaria que irritó a los militares y a los sectores de ultraderecha.

Al atardecer del 24 de marzo de 1980, mientras oficiaba misa en el hospital de cancerosos La Divina Providencia, un francotirador mató al arzobispo de un certero disparo al corazón.

Con la muerte de Romero estalló la peor parte de una guerra civil de doce años que había dejado una estela de 75,000 muertos cuando concluyó el 16 de enero de 1992, luego que el gobierno y la guerrilla firmaron un acuerdo de paz bajo la mediación de la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Una Comisión de "La Verdad" creada por la ONU, culpó como autor intelectual del asesinato al mayor del ejército Roberto D´Aubuisson, fundador de la gobernante Alianza Republicana Nacionalista (ARENA, derecha), quien murió de cáncer en febrero de 1992.

El 24 de marzo de 1994 se inició el proceso de beatificación de Romero a nivel local y desde 1996 la causa pasó a Roma. A principios de marzo, la Congregación de la Doctrina de la fe acordó iniciar el proceso de beatificación, tras concluir que Romero fue "un mártir de la iglesia, asesinado por su fe cristiana". El expediente se encuentra en la actualidad en manos de la Congregación para la causa de los Santos.


Descarga la aplicación

en google play en google play