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Presos sustituyen a latinos en el campo de Idaho

St. Anthony. El Diario de El Paso. | 25 de Octubre de 2011 a las 00:00
Los exhaustos trabajadores se levantan aquí, en el corazón de la región de la papa de Idaho, ávidos de otro día al aire libre. Son presos, empleados por el Departamento Penitenciario del estado para recoger, clasificar y empacar las papas durante la temporada de cosecha. “Este es el primer año en que hacemos una recolección”, dice Steve Little, guardián del St. Anthony Work Camp, un campamento laboral de mínima seguridad. Antes de esta temporada, explica, los presos trabajaban principalmente en plantas de procesamiento y en cocinas, no en campo abierto. Sin embargo, la mano de obra agrícola es tan escasa que los presos ahora recogen y embolsan papas, explica Little. A pesar de la alta tasa de desempleo en Estados Unidos, muchos agricultores tienen dificultades para encontrar manos dispuestas a trabajar en sus granjas. Desde Arizona hasta Alabama, los estados se han vuelto cada vez más estrictos con el trabajo de inmigrantes indocumentados mediante la aplicación de duras leyes para los empleadores. Uno de los resultados es que algunos trabajadores sin autorización para laborar en este país son reemplazados por delincuentes. Hay tanta demanda por los reos supervisados por Little que los empresarios operan aquí bajo el principio de “usar o perder”: aquéllos que deciden prescindir del trabajo penitenciario en un momento no pueden recuperarlo más tarde. El reemplazo de la fuerza laborar en los campos no siempre ha funcionado bien. Cuando Georgia enfrentó una preocupante escasez de jornaleros a principios de este año a raíz de las nuevas normas de empleo, personas en libertad condicional fueron enviadas a cubrir unas 11 mil vacantes de cosecha de productos tales como pepinos. Las autoridades pidieron a sus reclusos que trabajaran en las granjas y muchos lo hicieron. Sin embargo, los agricultores se quejaron de que muchos de ellos carecían de preparación y renunciaron. Este mes entró en escena Alabama. En el contexto de sus estrictas y nuevas leyes que tratan de eliminar el trabajo de inmigrantes indocumentados en el estado, John McMillan, comisionado del Departamento de Agricultura e Industrias de Alabama, anunció que buscaría programas de trabajo de cárceles para llevar mano de obra a los campos. El programa de Idaho ha estado en vigor por más de una década, sin embargo no está ampliamente difundido, en parte para evitar la crítica de que los presos están quitándoles oportunidades laborales a los desempleados estadounidenses. Los propios reclusos están muy entusiasmados con sus empleos. Algunos mencionan la posibilidad de ganar dinero extra —aunque no la reducción de la sentencia— recogiendo papa. La mayoría dice que los salarios, de hasta 7.50 dólares por hora, son superiores a lo que pagan por trabajo “interno” en las cárceles, como el servicio de lavandería, donde los pagos comienzan a 10 centavos de dólar la hora. “La mejor parte es que uno tiene la influencia del mundo real, al que finalmente todos regresaremos”, opina Thomas Alworth, de 36 años y condenado por robo. Debido a que es elegible para obtener libertad condicional en poco más de tres años, Alworth elogia también el plan de ahorro obligatorio, mediante el cual calcula que contará con entre 3 mil y 10 mil dólares cuando salga libre. El trabajo de los convictos tiene una historia oscura en Estados Unidos, de manera notoria en el sur del país tras la Guerra Civil, cuando miles de ex esclavos sufrieron lo que los historiadores señalan fue una especie de esclavitud de facto. En la actualidad, las leyes federales restringen la capacidad de los estados —y de algunos condados— que buscan ofrecer convictos a empresas comerciales. Dondequiera que se lo permita, las autoridades tienen que certificar que ningún otro trabajador está siendo desplazado y que los reos reciben los salarios vigentes.

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