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Crisis no afecta envío de remesas, dice estudio

EEUU. Agencias. | 28 de Noviembre de 2012 a las 17:46

Los países pobres del mundo sufren más que el resto en tiempos de crisis, entre otras razones porque reciben menos ayuda para el desarrollo. Pero los emigrantes siempre envían remesas a sus países. No fallan.

Desde el estallido de la crisis financiera el 2008, la inversión internacional en los países más pobres del mundo ha disminuido a la mitad. También la ayuda para el desarrollo es menor o lisa y llanamente se ha estancado. Y en la mayoría de los casos cada vez las cifras se alejan más de la meta que se impusieron los países ricos en la ONU: dedicar el 0,7 por ciento del producto interno bruto a la ayuda.

Pero al menos en una fuente de dinero sí pueden confiar los países menos desarrollados: los emigrantes que viven y trabajan en otros países, quienes a pesar de la crisis nunca dejan de enviar dinero a sus familias, e incluso mandan más que antes. Un estudio de la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo) muestra que la cantidad de dinero enviado en remesas ha subido desde que comenzó la crisis, y sigue en aumento.

Migración y economía

Para los países menos desarrollados, esas remesas son especialmente importantes para sus economías, explica Igor Paunovich, de la UNCTAD, a Deutsche Welle. El experto en desarrollo económico colaboró activamente con el informe de este año sobre los países menos desarrollados. Y para todos resultó llamativo que la segunda fuente de divisas de los países más pobres sean las remesas desde el extranjero, detrás de la ayuda oficial que llega desde países más ricos.

El año 2011 la suma de dinero transferido desde el extranjero por inmigrantes fue casi el doble que "la inversión directa por parte de empresarios extranjeros", dijo Paunovic. A pesar de la crisis, las remesas totales sumaron casi 27 mil millones de dólares (casi 21 mil millones de euros). Esas remesas son mucho menos proclives a bajar en tiempos de crisis, en comparación con otras fuentes de ingresos para los países más pobres, señala Paunovic.

En América Latina, casi tres cuartas partes de las remesas provienen de Estados Unidos, donde a partir de 2011 los inmigrantes latinos han tenido mejores oportunidades de encontrar trabajo, según datos del Fondo Multilateral de Inversiones del Banco Interamericano de Desarrollo. Mientras, las remesas desde Europa disminuyeron. Solamente en España el total de inmigrantes se redujo en un 2 por ciento. México es el país que más dinero recibe de sus ciudadanos que trabajan en otros países.

Dinero para la familia

Si bien el dinero que envían los inmigrantes va directamente a manos de sus familias, es igualmente una ayuda muy importante para la economía de todo el país, destaca Benjamin Schraven, experto sobre cambio climático y migración del Instituto Alemán de Desarrollo de Bonn. Ese dinero no sólo se gasta en las necesidades básicas del día,a día, sino también en salud o educación, e incluso puede generar más trabajo, como por ejemplo cuando es usado para construir una casa.

Sin embargo, estas remesas no son solo una bendición, dice Schraven, porque llevó a algunos Estados y a las familias a una dependencia financiera. En países más pequeños el envío de dinero por parte de sus emigrantes puede llegar a sumar hasta el 47 por ciento del PIB, como sucede con Tayikistán.

Inversión en fuerza laboral y educación

El experto de la UNCTAD Igor Paunovic ve en la dependencia de las remesas un potencial peligro : que finalmente los jóvenes de un país simplemente se dediquen a esperar el dinero que les llega por las remesas. Pero Paunovic reconoce que en la mayoría de los casos el dinero ayuda a familias enteras a salir de la pobreza.

El reporte de la UNCTAD también señala que las remesas adquieren importancia en otro frente: podrían ayudar a reforzar la banca y el sistema financiero de los países más pobres y convertirse, por lo tanto, en un pilar fundamental para inversiones posteriores. Y eso podría ayudar a bajar los elevados costos que implican las remesas para los inmigrantes. Benjamin Schraven afirma que "el Banco Mundial ha calculado que una transferencia de 200 dólares de Sudáfrica a Zambia le cuesta 45 dólares al inmigrante".


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