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Cada vez más los latinos se lucen en el famoso Dodger Stadium

Los Ángeles. La Opinión. | 26 de Agosto de 2013 a las 19:31

Con orgullo portan el Valenzuela, el González, el Ramírez y últimamente el Puig, apelativos que llenan este monstruo llamado Dodger Stadium para disfrutar de un deporte que es considerado el pasatiempo número uno de los Estados Unidos.

En el Chávez Ravine el azul es indispensable entre los seguidores del equipo angelino, pero es un azul muy latino, como el que Óscar Rodríguez lleva con pundonor en el sombrero de mariachi mientras acompañado de su amiga Johana Pérez, aplauden y festejan que el lanzador sume un ponche más.

El hombre en el montículo es Ricky Nolasco, de descendencia mexicana, por eso no es de extrañarse que la canción que eligió para su presentación sea El Rey, interpretada por Vicente Fernández.

"Yo a Nolasco lo sigo en Twitter, el bato quería que le pusieran la canción 'Pacas de a kilo' (de Los Tigres del Norte), pero yo creo que no lo dejaron", comentó Óscar.

Cuando el turno al bate es para el tijuanense Adrián González, el Dodger Stadium se vuelve una fiesta con la música de El Mariachi Loco, apodo que bien le queda a este fanático de sombrero ancho y centelleante, porque la euforia del jonrón lo invade, como el que pegó el dominicano Hanley Ramírez en el primero de la serie contra los Red Sox de Boston.

"Eso es lo bonito del béisbol, por eso venimos al estadio, porque somos latinos y nos gusta apoyar a nuestra gente, porque ellos también pasaron por las mismas dificultades que uno como inmigrante y ahora son todos unos triunfadores", dijo Óscar con un cerveza en mano.

"Los jugadores latinos son un reflejo del éxito de los inmigrantes", secundó su amiga Johana.

Otro aficionado "de sangre azul" es Francisco Gómez, residente de El Monte, quien hasta se mandó hacer el jersey de los Dodgers, pero con su apellido y el número 72 (por su año de nacimiento).

Suele ir cada semana en familia, sus dos hijas se disputan el amor platónico de André Ethier (cuya madre es mexicoamericana), y aunque a su esposa ni le gusta el béisbol, se desquita con el Dodger Dog.

Junto a ellos está "Tom LaSorda", al menos es lo que dice la camiseta, pero en realidad se llama Miguel López, quien disfruta de unos súper nachos servidos en un casco de los Dodgers.

"A mi me gusta todo aquí en el Dodger Stadium, lo único malo es que ya no dejan hacer la carne asada en el 'parking' desde hace como cuatro años, creo que desde una vez que filerearon (navajearon) a un fan de los Giants, o tal vez sea una estrategia de los dueños para que compremos aquí la cerveza", dijo Miguel entre nacho y nacho.

En la fila para comprar cerveza y contando los $13.50 que cuesta la de bote de 24 onzas, Juan Sarabia también reniega del precio y de la prohibición de hacer fiesta.

"Andan vigilando, pasan en bicicleta, si te ven con la cerveza en el carro te multan", contó Juan sobre los guardias en el estacionamiento. "Por eso ya sale más caro venir al estadio, pero vale la pena, para mí vale la pena, es divertido".

A la mitad de la séptima entrada los 50,240 aficionados que llenaron la casa de los azules parecen fusionarse al unísono del "Take Me Out to the Ball Game", como esa pareja que en el abrazo une dos épocas gloriosas del equipo, él con la camiseta Valenzuela y ella con la de Puig.

"La gente se prende, aquí se hacen nuevos amigos", comentó la chica.

"Ya sabes cómo somos los latinos, donde hay fiesta, ahí estamos", agregó él. "Porque eso es el béisbol, es fiesta, porque la esencia del béisbol son los latinos".


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