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Inmigración y salud

Santo Domingo. El Nuevo Día | 16 de Septiembre de 2013 a las 16:06

Hace un siglo, el europeo dominaba la población inmigrante hacia Estados Unidos. Hoy, el hispano representa la mitad de esa población. En 2011, 52 millones (un 16%) de los estadounidenses eran de ascendencia latina.

Esos inmigrantes buscan las oportunidades que ofrece el sueño americano para mejorar cada aspecto de su vida: educación, empleo, ingreso económico, salud. Lo que el hispano no imagina es que su intento por incorporarse a la vida estadounidense puede ser nocivo a su salud.

Tampoco imagina que el estilo de vida que imperceptiblemente se apresta a reemplazar, podría ser el mejor pasaporte que trae consigo para su salud.

A mayor tiempo viviendo en Estados Unidos, peor es la mortalidad y morbilidad del hispano inmigrante. Sus hijos podrán tener acceso a mayores y mejores oportunidades para muchas cosas, pero sus vidas serán más cortas que las de sus padres. De hecho, los inmigrantes latinos viven un promedio de tres años más que sus descendientes nacidos en Estados Unidos.

Llegar al país que tiene el sistema de salud más tecnológicamente avanzado del planeta, no garantiza una vida saludable. Y es que el ventajoso modelo cultural que trae el hispano de su país de origen se va erosionando lentamente. Entonces, adopta progresivamente los nocivos estilos de vida que acompañan al sueño americano: fumar, beber, vida sedentaria, alto consumo de calorías, azúcar y grasas.

La cantidad y accesibilidad de alimentos poco nutritivos, hamburguesas gigantes, papitas fritas, refrescos y postres, van desplazando la comida casera más saludable que dejaron atrás, la cual tenía más fibra, menos carne, menos azúcar, grasas y calorías. Y aunque su salud eventualmente se deteriora, es admirable que la población hispana de Estados Unidos todavía mantenga una esperanza de vida más prolongada que la del blanco no hispano.

El comportamiento de los inmigrantes es determinante para su salud, no importa las ventajas que puedan adquirir en poder económico y educación. Nunca debe abandonar los buenos estilos que trae consigo. Debe concentrarse en adoptar aquellas nuevas conductas que propendan a mejorar su calidad de vida.

Estados Unidos es rico y poderoso, pero no necesariamente puede garantizar al inmigrante una vida larga y saludable. Ésa es una responsabilidad individual indelegable que nos acompaña a donde quiera que vayamos.


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