Escúchenos en línea

El albergue San Juan Bosco cobija a inmigrantes que buscan cruzar la frontera

Nogales. EFE. | 22 de Septiembre de 2013 a las 16:30

El albergue para inmigrantes “San Juan Bosco” de Nogales, en el estado mexicano de Sonora, guarda entre sus paredes cientos de historias y de sueños no cumplidos, ya que a este lugar llegan cada día decenas de inmigrantes deportados o que pretenden ir de manera ilegal a Estados Unidos.

Este centro, ubicado a pocas cuadras de la línea fronteriza, fue fundado en 1982 por Juan Francisco Loureiro Herrera y su esposa Gilda Esquer, luego de que ambos vieran la necesidad de ayudar a los inmigrantes que regularmente llegaban a Nogales.

“Casi nadie los ayudaba y ellos se quedaban en las plazas, en la estación del ferrocarril, en la calle”, señaló Gilda Esquer, quien agregó que “antes era mucho más duro el frío y las nevadas” en la zona.

A lo largo de más de tres décadas de trabajo filantrópico, esta familia ha sido testigo de innumerables y conmovedoras tragedias.

“Antes de cruzar llegan aquí con la pareja y a los dos o tres días llega o uno o el otro, porque la pareja, o a veces los hijos, mueren en el desierto”, relató Esquer.

La propietaria estima que las olas migratorias en el área de Nogales tienen temporadas altas y bajas.

“Ahorita ya está subiendo un poco más. (Antes), por el calor y los peligros que hay, y tanta vigilancia en Estados Unidos, la gente se había detenido un poco”, comentó.

Cada día llegan a este albergue, que se mantiene con donaciones de la comunidad de Nogales, entre 70 y 80 personas, la mayoría de ellos con el fin de pasar la noche y salir a la mañana siguiente.

La propietaria señaló que en temporada alta pueden llegar a hospedar hasta 350 inmigrantes, muchos de ellos deportados desde el otro lado de la frontera con heridas de consideración.

“Llegan personas fracturadas, personas que las operan en Estados Unidos, pero que luego las repatrían para acá, entonces aquí las tenemos nosotros hasta que se recuperan un poco. Acabamos de tener a un muchacho que duró como diez días con la columna fracturada”, indicó.

Uno de esos casos es el de Silvia Espinoza, de 49 años de edad, que se encontraba acostada en uno de los camarotes de la sección de mujeres y que acababa de ser deportada con una fractura en su pie izquierdo, luego de intentar reencontrarse con sus cinco hijos en California.

“Amaneciendo el martes me fracturé el tobillo y así le seguí caminando hasta el sábado”, relató.

Señaló que cuando ya no pudo caminar más, un hombre que venía con ella salió en busca de ayuda y de esa manera logró ser atendida por agentes de la Patrulla Fronteriza.

“Migración fue que me levantó de allí y me llevaron al hospital”, indicó.

Espinoza manifestó que el cruce por Arizona es muy peligroso, ya que el terreno es difícil de caminar y, por ello, andaban de noche para evitar las altas temperaturas.

Luego de esta experiencia, afirmó que no volverá a intentar cruzar la frontera.

“Pasamos como tarántulas, arañas, que pasaban así de día, en la noche no se ven, en la noche se oían ruidos de animales”, relató, mientras esperaba que la recogieran para llevarla de vuelta a Tijuana, ciudad donde reside.


Descarga la aplicación

en google play en google play