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Migrante hondureño cae en manos de la familia michoacana

Ciudad de México. Agencias. | 28 de Septiembre de 2013 a las 15:00

De todos es sabido que el crimen organizado se mantiene al acecho de los inmigrantes que cruzan territorio mexicano que van con dirección a los Estados Unidos, y que al final a muchos de ellos (migrantes) los reclutan por la fuerza o por su propia voluntad.

- En Tonosique, Tabasco, varios hondureños son acechados por el crimen organizado que los extorsiona

- Los migrantes que viajan con dirección a los Estados Unidos tienen que pagar hasta cinco cuotas en el momento que se transportan en el tren, más conocido como "La Bestia"

- Noé dice que tiene esposa y un hijo en Tegucigalpa. Espera recolectar una buena cantidad de dólares para regresarse a Honduras y poner un negocio

El diario Proceso.com.mx realizó un reportaje sobre las vivencias de un grupo de migrantes hondureños que tienen como destino la Unión Americana. Algunos de ellos tienen experiencia para realizar la travesía, pero otros demuestran que son aún unos novatos.

Pero todos por igual están a expensas del crimen organizado: por un lado La Mara ya es dueña de la plaza de Palenque; por otro, La Familia Michoacana recluta ahí a sus pasadores de droga, en tanto que las autoridades son omisas o cómplices. La política migratoria mexicana también contribuye a convertir en carne de cañón del narco a quienes buscan un futuro mejor.

La historia de los catrachos en suelo mexicano, Proceso.com.mx la cuenta así: "Oye viejo, ¿qué pasa si uno no puede pagar?", le pregunta Noé, migrante hondureño de 26 años, al joven "guía" originario de Belice y quien se hace llamar El Kidín.

Al hacer la pregunta Noé desvía la mirada hacia los enormes vagones color óxido de "La Bestia", el tren carguero encima del cual suelen viajar los indocumentados centroamericanos para cruzar México.

Lunes 2 de septiembre. La tensión se palpa entre los ocho hondureños que están sentados junto a las vías en la comunidad de Pakal-Ná, menos de cinco kilómetros al norte de Palenque, Chiapas. A unos pasos de ahí –donde se amontonan casitas de techos de lámina– policías y empleados de empresas ferroviarias sellan los vagones cargados de mercancías.

–¿De veras no ha leído las noticias acerca del tren? Pues no pasa nada si paga la renta, ¿me entiende? Pero si no paga, una vez arriba ya valió –advierte con frialdad El Kidín.


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