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Inmigrante indocumentado llamado Pinocho

Nueva York. DPA. | 10 de Octubre de 2013 a las 15:21

Partir en búsqueda del "american dream". Cruzar la frontera con los Estados Unidos en compañía de otros coyotes mientras se esquivan las sirenas de policía. Alcanzar el sueño y despertar en una sociedad que te condena a ser un trabajador de tercera, donde tu cultura y tu identidad están cada vez más lejos, más olvidadas. Es la historia de millones de inmigrantes latinos que alcanzan territorio norteamericano cada año pero también, gracias a una obra de teatro de títeres, la de "Pinocho".

El célebre cuento de Carlo Collodi, basado en la historia de un muñeco de madera que se convierte en niño y a quien las malas compañías le empujan a abandonar el colegio, es la base sobre la que el actor y productor Manuel Antonio Morán construye una metafórico relato sobre la inmigración latina en Norteamérica. "Las similitudes entre el cuento original y el drama de la inmigración son enormes", asegura Manuel Morán, un puertorriqueño en cuyas venas el teatro circula desde los ocho años.

Pinocho o PinoNacho, en su afán de conocer ese "mundo fantástico al otro lado de la frontera", desoye los consejos de su anciano padre y se condena a si mismo a una vida de sufrimiento, de desconsideración y trabajo duro. Se torna un burro de carga, siguiendo la propia metáfora del cuento original en el que a Pinocho le crecen las orejas de este animal. La famosísima nariz de Pinocho también crecerá cuando este, forzado por su nueva y desagradable realidad, recurra inevitablemente a las mentiras.

No faltan otros protagonistas del cuento, como el Stromboli o Carnivalero, caracterizado en esta versión teatral como un polémico Tío Sam: un personaje con doble personalidad, que muestra su cara sonriente como director del parque de atracciones al mismo tiempo que trata con dureza a los inmigrantes. Entre ellos encontramos a una banda de mariachis formada por esqueletos, metáfora del día de los muertos mexicano, y a los que se les ha olvidado cantar la música popular de su país. "Los latinos estamos dejando de ser, perdiendo nuestra identidad cultural, olvidando nuestras raíces porque no les damos la importancia que merecen una vez alcanzamos el objetivo de vivir en Estados Unidos", apunta el autor de la obra.

Geppetto, el padre de Pinocho, se embarcará en la aventura de reencontrase con su hijo y en su camino se topará con una ballena muy particular: la Navy Seal americana que lo engulle al intentar cruzar la frontera. Y presente en toda la obra, el Hada Madrina o "Blue Fairy" se transforma aquí en una peculiar Virgen de Guadalupe. La que ayudará a Pinocho, la que le guiará en su camino de vuelta a casa. Como reconoce el propio autor, es muchas veces la fe la que mantiene y salva al inmigrante, la que le guía en los momentos de soledad. Un elemento tratado, en palabras del Manuel Morán, "con cierto aire mágico y mucho respeto, porque el componente religioso es importantísimo para muchos inmigrantes".

¡Viva Pinocho! es una pieza teatral con una original puesta en escena que combina docenas de marionetas y títeres y varias actuaciones musicales con voz en directo sobre un dinámico escenario. Y con una peculiaridad añadida: su bilingüismo. Pensada para un público latino pero también anglófono, el único actor sobre las tablas se esfuerza en articular en dos idiomas un guión que tiene dos lecturas muy diferentes. "Los niños ven al coyote, al carnivalero y a la ballena. Los padres reconocen al inmigrante, al Tío Sam y al ejército norteamericano", reconoce Manuel.

El autor nos cuenta su sorpresa cuando, en alguna representación, ha visto a una docena de espectadores abandonar la sala cuando Tío Sam, icono norteamericano, entra en escena. Pero este director teatral, aunque reconoce que la obra es arriesgada y controvertida, considera que en ningún caso es antiamericana. "Es también una crítica a los propios inmigrantes, a nuestra facilidad para olvidar nuestros orígenes, a menospreciar nuestra cultura". Y recuerda las palabras de Geppetto a Pinocho cuando se produce su reencuentro: "ellos (los estadounidenses) siguen sus reglas, pero son personas como nosotros; no cometamos el mismo error al juzgarlos. Eso sí, nunca te olvides de dónde vienes".

La compañía teatral SEA (Sociedad Educativa de las Artes, pero también un guiño al ser latino) se convirtió en 1993, año de su fundación, en la primera sala de teatro latino infantil de Nueva York. Tras los atentados del 11 de septiembre que ahuyentaron a buena parte del público, la compañía se reinventó dos años después, con un nuevo espacio para la representación y renovadas obras que apuestan por el español como lengua principal. Su éxito y supervivencia no esconde una lamento por el hecho de ser el único espacio teatral latino infantil existente en los Estados Unidos, sin equivalencia con el número de latinos residentes en este país.

Es precisamente la falta de cultura teatral de muchos de los niños de la ciudad de Nueva York lo que ha impulsado a la compañía SEA a lanzar la campaña Sé Un Héroe, con la que se pretende recaudar fondos para subvencionar las entradas al teatro de niños sin recursos. Como reconoce Manuel Morán, "en la ciudad de Broadway, la meca mundial del teatro, nos encontramos con miles de niños que nunca han presenciado una obra teatral". Ahora, gracias a esta iniciativa, buscan héroes que salgan de las videoconsolas de estos niños para hacerles ver que el teatro y la pequeña pantalla son realidades diferentes. Aunque la historia de Pinocho pueda ser tan real como la que muchos de ellos viven en sus propias casas.


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