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Mexicanos de la tercera edad ponen fin a «sueño americano»

Tijuana, Baja California. Agencias. | 24 de Octubre de 2013 a las 15:53

Con las manos deformadas por la artritis, rengueando tras la golpiza de unos agentes que le quebraron el brazo y la pierna y el corazón compungido de dejar atrás más de 30 años de trabajo y tres hijos nacidos en Estados Unidos, regresó a su tierra Lorenzo Vaca Peña.

Llegó a las 11:00 horas al aeropuerto internacional de Ciudad de México, destino del último grupo de programa Migrante regresa a casa vía aérea, que promueve la regidora María Luisa Sánchez Meza presidenta de la Comisión de Asuntos Fronterizos del Ayuntamiento de Tijuana.

Con su barba blanca bien recortada e impecablemente limpio, Lorenzo observó el encuentro de sus compañeros de viaje los abrazos, lágrimas y risas, las caras de alegría, con los ojos vidriosos explicó que no imaginó a que regresaría en avión y no en camión, que irá al mercado Garibaldi, donde trabajó hace tres décadas a buscar a unos compadres y así ubicar la casa de sus hijas a las que no ve desde hace 30 años.

Historia de muchos

Originario de Jalisco, el hombre cruzó como indocumentado hace más de tres décadas; los campos de California fueron cárcel y refugio, su tesón y trabajo le lograron el cariño de sus patrones, con el último trabajó unos 20 años hasta que, intentando ayudar a su sobrinos a cruzar con el acta de nacimiento de sus hijos fue encerrado en una cárcel federal de Sacramento, California, por 10 años perdiendo la estancia legal que había conseguido.

Antes y durante su encierro, Lorenzo supo del desprecio que viven los latinos indocumentados, de los abusos, del coraje que los mismos latinos nacidos tienen hacia los mexicanos allá en el otro lado; su relato fue breve y vibrante, soltó el llanto contenido de quien se siente ajado, pisoteado y desechado.

No era pollero, asegura, su intensión fue ayudar a su familia, pero Migración lo descubrió y lo castigo, lo tenía merecido, admite, por quebrantar la ley, aunque el precio que pagó fue más caro que el encierro.

"Adentro la policía lo trata muy mal a uno. Me quebraron mi pie, me quebraron esta mano y salí mal ya, no salí como entre. A este país le serví más de 35 años, trabajando en el riego, en el 'field' en la pera, manzana, durazno, cherry, sandía y no lo quieren a uno. ¡Con aquel gusto me regreso a mi País, a ver a mis hijos! (los tres que dejó en México) Ya están grandes, casados", dijo con la voz quebrada por el llanto.

"Me da una tristeza ver cómo Estados Unidos lo trata a uno mal en este país, les hace uno el trabajo regalado, la mano de obra y lo tratan muy mal. Le doy gracias a Dios nuestro Señor, por la ayuda que le dan a uno aquí (en el Desayunador del Padre Chava), que gracias a ellos vamos a nuestro lugar de origen. Aquí nos dan ropa, qué comer y nos mandan a nuestro País", continuó.

Corrupción en penales de EU

La droga y las armas que había al interior de la penitenciaría de Sacramento, California son suministradas por los mismos custodios que cobran jugosos precios, aseguró Lorenzo.

"Ahora lo puedo decir, como no pienso regresar para allá no tengo nada que perder", afirmó tras una semana de haber salido de su encierro, una cárcel a donde se llevan a los criminales más peligros y en la que terminan también inmigrantes ilegales.

"Allí lo revuelven a uno, no les importa por lo que va uno, son los que abusan de uno, saben que no van a salir y buscan problemas. Allá tuve unas tres amenazas, tienes que comprarles comida, los picas a uno porque no quiere uno andar con ellos porque andan en drogas. Y los que meten la droga son los oficiales: meten tabaco, mariguana y celulares", recordó.

Allá un cigarro de tabaco mascado y sobrante, cuesta cinco dólares, uno de mariguana sale en 10 dólares, un celular sale en 2 mil dólares y se lo cobran a la familia, sostuvo.

Que ya no vayan

"Yo les pido que lo piensen porque hay muchas muertes en el desierto, aparte los agarra migración, les da muy mala vida la federal, aparte le agarran sus huellas y quedan fichados para los días de su vida. El trabajo allá no está fácil para agarrarlo. Te dan trabajo si traes papeles si no, te quieren pagar una nada y te matan mucho en el 'field'. Que busquen un trabajito aquí"

"Era el sueño de uno para estar en Estados Unidos pero se está acabando y se va acabar más, no quieren al inmigrante. Prefieren que se les echen a perder las cosechas, las pizcas de manzana, kiwi, cherry, son los trabajos más duros que nos dan y así no nos quieren. Yo le pido a los que se quieren ir que la piensen mucho", dijo el originario de ciudad Guzmán.

Ser migrante es una pena doble, perseguido en Estados Unidos y en su propia tierra, ahora, dijo, con su experiencia y su fe cristiana piensa ir a las prisiones a predicar la palabra de Dios y contar su historia para que no se repita en otros.

"La policía en Tijuana es una lástima como lo tratan a uno. A mí no me agarraron por mi bordón, pero a varios que cruzaron el día que nos liberaron, los agarraron sólo por su aspecto o por sacarles dinero. Gracias a Dios está el programa que lo reciben a uno, le dan de comer y lo llevan a la Casa del Migrante, le dan el pasaje para regresar", concluyó antes de perderse en el tráfico del DF.


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