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Inmigrantes esperanzados en que serán legalizados

Washington. Agencias. | 2 de Diciembre de 2014 a las 12:24

El pasado jueves, el Presidente Barack Obama trajo consigo esperanza a la mitad de los 11 millones de inmigrantes indocumentados. Lo hizo de una manera que ningún otro presidente ha hecho antes y al hacerlo mostró la mejor cara de Estados Unidos.

El presidente se comprometió a tratarlos con dignidad y compasión. Les dijo que se les daría una oportunidad justa de ser parte de la sociedad. El levantó de sus hombros una carga de miedo e incertidumbre.

Hay quienes acusan al presidente de actuar como un rey, de hacer reglas por fuera de la ley.

Es más, vienen de personas que han usado su poder para frustrar el deseo del pueblo americano de que los inmigrantes sean tratados con dignidad y compasión, y de que sean incluidos bajo la ley: En el 2013 la reforma integral de inmigración de hecho pasó por el Senado con un amplio margen de votos, pero fue bloqueada por los líderes republicanos en la cámara de representantes.

El 75% de los ciudadanos estadounidenses encuestados tan recientemente como hace 3 días todavía apoya un plan para la reforma migratoria y un camino a la ciudadanía para aquellos indocumentados.

Estados Unidos siempre ha creído en las verdades básicas acerca de los inmigrantes. Los inmigrantes no amenazan nuestra forma de vida, y más bien la enriquecen. Los inmigrantes indocumentados como tal no son personas “ilegales”; sino que simplemente carecen de estatus.

Durante cientos de años ellos se han casado, crecido sus familias, rezado, y establecido raíces en nuestras comunidades. Y han trabajado duro. Los indocumentados añadieron un neto de $100 mil millones al sistema de seguridad social en los últimos 10 años, pagaron $11 mil millones en impuestos en el 2010, y seguirán contribuyendo $45 mil millones en impuestos sobre sus ingresos durante los próximos 5 años si se les dan permisos de trabajo.

El pasado viernes, el día después del anuncio de Obama, me topé con una familia mexicana a la cual he conocido desde hace más de cinco años. La madre y el padre no tienen empleo fijo. Pagan impuestos cada año y viven sus vidas tranquila en el norte de Nueva York con sus cuatro pequeños hijos. Cuando se enteraron de que no calificarían para el alivio migratorio, sus rostros apenas pudieron contener su angustia.

Esta angustia es compartida por millones. Estas son las personas para las cuales Estados Unidos todavía tiene que cumplir su promesa de igualdad de derechos civiles, una promesa de la cual se ha hablado por más de 140 años.


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