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Desafíos incumplidos a propósito del Día Internacional del Migrante

Ciudad de México. Por Ana María Aragonés. | 20 de Diciembre de 2014 a las 10:36

La Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas (ONU), el 4 de diciembre del año 2000, ante el aumento de los flujos migratorios en el mundo, proclamó el Día Internacional del Migrante (18 de diciembre) bajo la resolución 55/93. Diez años antes la ONU había adoptado la Convención Internacional sobre la Protección de los Derechos de todos los Trabajadores Migratorios y de sus Familias (resolución 45/158). Los objetivos centrales proponían "proteger efectiva y plenamente los derechos humanos de todos los migrantes, destacando la necesidad de seguir tratando de asegurar el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales de todos los migrantes". La organización invitaba a todos los estados miembros, así como a las organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales, "para conmemorar el Día Internacional del Migrante, entre otras cosas, que difundan información sobre los derechos humanos y las libertades fundamentales de los migrantes, intercambien experiencias y formulen medidas para protegerlos".

Ojalá que los países hubieran tomado en cuenta seriamente y en forma comprometida la difusión de estos objetivos, pues lamentablemente siguen siendo letra muerta, cuando está documentado que son los propios agentes migratorios, la Patrulla Fronteriza, los diferentes grupos de policía, autoridades diversas, que violan los derechos humanos de los migrantes.

La migración se ha incrementado en forma importante, hasta alcanzar a comienzos de este siglo el número de 232 millones personas que buscan vivir en otro país distinto al suyo. Alrededor de la mitad de este colectivo son mujeres y suponen 3.15 por ciento de la población mundial, lo cual indica dificultades económicas que obliga a los trabajadores a salir de sus países.

Otro rasgo que presentan estas migraciones tiene que ver con el número de refugiados y desplazados en el mundo que alcanzaron, por primera vez desde la Segunda Guerra Mundial, la cifra record de 50 millones de personas en 2013 (16.7 millones de refugiados y 33.3 millones de desplazados internos). El Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados, Antonio Guterres, se muestra altamente preocupado, porque también se registra el aumento de menores separados de sus familias que buscan ser reconocidos como refugiados y cuyas rutas son mundiales, pues van desde el Mediterráneo, el Caribe, (los niños pasando por México), afganos, que cruzan por Irán y Turquía en su objetivo de llegar a Europa. Guterres señala con enorme inquietud que la situación va para peor, pues "tenemos un déficit de paz en el mundo, lo que se debe a una multiplicación de nuevas crisis y de viejas sin resolver". Las regiones que enfrentan mayor cantidad de población en busca de asilo son Oriente Medio, África del norte, sudeste asiático, África subsahariana, Asia oriental y Pacífico (PeopleMovin).

A esta grave situación hay que añadir los decesos de los migrantes, pues casi 5 mil personas murieron en 2014 al intentar llegar a destinos prósperos, decesos considerados como nunca antes visto por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM). Para colmo, no sólo se cree que son cantidades subrepresentadas, sino se teme que sigan aumentado, pues la Unión Europea, según Amnistía Internacional, presenta "hasta la fecha una tremenda falta de respuesta colectiva ante las necesidades de búsqueda y salvamento por parte de todos sus estados miembros", como señala Nicolás J. Berger, director de la Oficina de Amnistía Internacional.

A partir del neoliberalismo, la desigualdad se ha multiplicado. Los países ricos poseen solamente 15 por ciento de la población mundial, pero concentran 76 por ciento del consumo global, lo cual ha acentuado la distancia entre unos y otros, a pesar de que el promedio de consumo de alimentos por habitante aumentó en los últimos años (Pablo Salvador Montans). Y si en 1960 el PIB per cápita promedio en los 20 países más ricos del mundo superaba en 15 veces aquel de las naciones más pobres, hoy esta brecha se ha incrementado hasta 30 veces.

Sin duda es urgente luchar para revertir no sólo las condiciones de los migrantes laborales, por ser la parte más vulnerable de la cadena, sino la de todos los trabajadores. La propuesta de Emir Sader parece la más inteligente: formar “un bloque de fuerzas anti neoliberales (….) para avanzar paulatinamente hacia un proceso anticapitalista”.

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