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Niños migrantes indocumentados encuentran refugio en EEUU con familias adoptivas

Los Ángeles. Agencias. | 4 de Febrero de 2015 a las 10:09

Amy y Jason Boeve conocen de primera mano la ola de inmigración de menores centroamericanos que el año pasado cruzaron la frontera hacia Estados Unidos sin la compañía de un adulto. La pareja vive con uno de esos niños.

Los Boeve, quienes residen en Grand Rapids, Michigan, son una de cientos de familias alrededor de EE.UU. que están ofreciendo albergue a niños extranjeros que necesitan refugio. Por razones de privacidad, no pueden revelar el nombre de la menor a su cuidado ni detalles sobre ella más allá que huyó de la violencia en Honduras y que no tiene familia en EE.UU. La niña podrá permanecer con la pareja hasta cuando cumpla la mayoría de edad, como lo han hecho otros menores de los que los Boeve se han hecho cargo.

“Estaban viviendo en un estado de caos”, dijo Amy Boeve. “Merecen una segunda oportunidad”.

El influjo de menores que llegaron solos se ha reducido desde mediados del año pasado, cuando creó una sensación de crisis en medio de un debate nacional sobre la inmigración ilegal. En total, alrededor de 66.000 niños llegaron a EE.UU. en el año fiscal 2014 que terminó el 30 de septiembre.

Las autoridades estadounidenses entregaron la mayoría de estos niños a sus parientes en el país. El cuidado a largo plazo es una alternativa para aquellos que no tienen familia en EE.UU. y que no son devueltos a sus países. Los detractores sostienen que ofrecer este tipo de cuidado anima a más niños a arriesgarse a cruzar la frontera.

“Aunque claro que hay casos individuales excepcionales que ameritan la respuesta de un hogar temporal, parecería que la ayuda más apropiada para todos los involucrados sería… trabajar con agencias en los países de origen de los menores para que ellas cuiden de ellos”, dijo Roy Beck, director ejecutivo de NumbersUSA, un grupo nacional que apoya la represión de la inmigración de indocumentados.

No obstante, los defensores mantienen que los programas de cuidado temporal son la única manera de darles a aquellos sin otra opción un entorno estable y seguro.

Cerca de 2% de los niños que llegan a EE.UU. son colocados en hogares adoptivos por un plazo extenso. La Oficina de Reubicación de Refugiados del gobierno dijo que atendió alrededor de 1.700 niños en el año fiscal 2014.

A través de acuerdos con la agencia federal, dos organizaciones nacionales, la Conferencia de Obispos Católicos de EE.UU. y Servicios Familiares Luteranos, trabajan con una red de agencias en EE.UU. para colocar a los niños en familias temporales. Los costos son cubiertos en parte con fondos federales y en parte con donaciones de agencias sin fines de lucro.

“El programa ofrece protección para un niño cuando no hay otro adulto en el país que lo pueda hacer”, dice Dona Abbott, directora de programas para refugiados e inmigrantes de Bethany Christian Services, una de las agencias involucradas, en Michigan.

Los menores, ya sea que provengan de África, Asia o Centroamérica, reciben los mismos servicios que los niños estadounidenses en hogares temporales, algo que cada estado regula de manera independiente. Los trabajadores sociales realizan estudios de familias adoptivas, que reciben capacitación y pasan un examen riguroso. Las familias reciben una dotación mensual para aliviar los costos, cerca de US$400 en Michigan.

El Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados encontró el año pasado que 58% de los niños centroamericanos que llegaron a EE.UU. “fueron desplazados forzosamente a causa de daños sufridos que indican una necesidad actual o potencial de protección internacional”.

En testimonio al Subcomité Judicial de Inmigración de la Cámara de Representantes en diciembre, Kristyn Peck, del departamento de migración de la Conferencia de Obispos Católicos dijo que los niños “deberían ser bienvenidos y protegidos, en coherencia con la historia de nuestro país de refugio seguro para los perseguidos”.

Dijo que el programa de refugio temporal de la agencia ha atendido a 1.335 niños en los últimos tres años.

En 2012, Peter y Lynne Homeyer, también de Grand Rapids, leyeron en un boletín de la iglesia que la agencia Bethany buscaba hogares para niños inmigrantes. Los Homeyers, profesionales y con empleo, no tienen hijos y tienen estabilidad financiera.

La pareja dijo que cuidar de un niño sin padres sería una manera significativa de “involucrarse con el resto del mundo”, dijo Lynne Homeyer.

Por seis meses, la pareja participó en un programa de capacitación para cuidado temporal y aprendió sobre la situación en Centro América. El personal de Bethany Services los entrevistó y evaluó su hogar.

El niño que recibieron es hondureño y se llama José, quien no quiso dar su nombre completo por razones de seguridad. A los 15 años vendía bidones de agua filtrada de puerta en puerta para ayudar a su familia. Pero dice que bandas criminales le pedían más “impuestos” y que amenazaron su vida.

En septiembre de 2012, llegó a EE.UU. tras una travesía en bus, tren y a pie. Luego de ser detenido, autoridades de inmigración determinaron que José necesitaba un hogar temporal. En marzo de 2013, llegó a Michigan.

“Siento que tengo una vida aquí con estas personas maravillosas”, dijo José, quien ahora tiene 18 años y obtuvo su residencia permanente el año pasado. Habla con regularidad con sus parientes en Honduras, pero ha decidido quedarse por ahora con los Homeyers.

La familia lo ayudó a inscribirse en la escuela, y Bethany Services le ha dado asesoría y tutoría. Cada ciertos meses, los Homeyers llevan a José a una corte en Detroit, donde un abogado de oficio logró que le permitieran quedarse en EE.UU.

Más allá de eso, Peter Homeyer dice que “tratamos de hacer lo que las familias hacen juntas”. Han viajado a Yellowstone Park, un torneo de fútbol en Chicago, y a un evento familiar en Nashville, entre otros lugares.

Su padre adoptivo dice que José “reconoce la segunda oportunidad que tiene”.

“No somos su familia”, dijo Homeyer. “Estas son personas que tienen sus propias vidas y familias que desafortunadamente no pueden cuidar de sus propios niños. Eso no cambia el hecho de que tienen una relación a largo plazo y perdurable. Quizás somos su segunda familia”.


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