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Anciana italiana deja su casa a refugiados

Roma. ANSA. | 9 de Mayo de 2015 a las 13:35

Mara Gambato, una anciana italiana de 90 años que guarda en la memoria los padecimientos de la Segunda Guerra Mundial, pero también se conmueve con la tragedia de los migrantes que mueren de a cientos en el Canal de Sicilia, decidió dejar su casa a los refugiados en busca de una nueva vida.
De vida acomodada, fruto de años de sacrificio y de la gestión prudente de una herencia, la anciana no puede olvidar las imágenes de los cuerpos flotantes en el mar, ante la tristeza desgarradora de sus familias quebradas.
Por eso decidió hacer su parte, ofreciendo la casa de dos pisos de Sarmeola di Rubano (Padua, noreste de Italia), donde vive, a una ONG, para permitir que diez refugiados tengan un techo sobre sus cabezas.
La mujer quiere permanecer en la sombra, pero su nieto y el sacerdote al que se dirigió para dar su contribución contaron su historia.
"Digamos que hay cristianos de palabra y personas que lo son en los hechos", comentó su nieto, Sergio Ventura, a quien la mujer llamó por teléfono anunciándole que quiere dejar la gran casa a los migrantes para mudarse a una más pequeña.
"Cuando escuchó en televisión sobre las 800 personas muertas en el mar -contó el hombre, que se encargó por cuenta de la anciana de confiar la casa a la cooperativa Percorso Vita, del sacerdote Luca Favarin- y ante el inmovilismo del Estado y las instituciones, decidió hacer algo".
Así, alquiló la casa con un contrato regular a la ONG, a la mitad del valor de mercado. Hoy viven entre esas paredes diez migrantes de Gambia y Guinea Bissau.
"Cuando me reuní con ella -subrayó el sacerdote- me habló también de la guerra y los italianos en el exterior, y también de la dificultad de asistir inmóvil a esos dramas".
"Mi impresión es que viendo la tragedia diaria de los refugiados revivió en parte las dificultades sufridas por ella, sus amigos y coetáneos. Es la demostración de otra cultura véneta (del noreste de Italia, NDR), que lamentablemente a menudo es oscurecida por la intolerancia de algunos".
Palabras que parecen aludir indirectamente al apoyo del alcalde de Padua, Massimo Bitonci, a la marcha que se realizará el 15 de mayo por las calles del centro para protestar contra la puesta a disposición de casas para recibir a los migrantes.
La decisión de la anciana no gustó tampoco a los vecinos, que mantienen sus reservas sobre los inmigrantes.
"Se portan bien pero tienen otro modo de vivir", explicó una mujer que quiso permaecer anónima. "Dejaron afuera la basura y desparramaron la ropa para colgar en el jardín. Cuando supe que llegarían lloré durante días", explicó.
"Las madres ya no mandan a sus hijos a tomar helado solos, porque a menudo 'ellos' se sientan en ese banco. No hacen nada, pero la gente no se siente segura y nosotros corremos el riesgo de perder clientes", agregó una comerciante del lugar.


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