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EE.UU.: ¿Revolución de las madres?

Miami. El Nuevo Herald. | 9 de Mayo de 2015 a las 14:48

Desde hace tiempo vengo oyendo voces de mujeres que protestan del feminismo extremista de los años 1960 y 1970, porque fue un movimiento que no les ofreció soluciones a las mamás trabajadoras. Gracias a aquella lucha se consiguieron muchas victorias legales y morales en los centros de trabajo. Pero es cierto que el feminismo en sus comienzos solo luchó por el derecho de la mujer, no especialmente de la mujer como madre, sino como miembro de la sociedad con derecho a tener igual paga por igual trabajo, y a ser considerada en las oficinas de empleo por sus calificaciones para el cargo y no por su sexo. Tener libertad de pensamiento y de creencias y opciones sobre su vientre eran parte de todas estas propuestas.

Aprendí con las feministas de los años 1970 que el problema de la mujer en los trabajos era que luchábamos contra otras mujeres, estábamos “socializadas” a creer que esta competencia era igual a la del celo por el amor de un hombre. Pero esto no era lo que hacían los hombres, quienes mantenían una red muy tupida, el llamado network, para buscar y mantener trabajos. Eso nos excluía. Había que crear conciencia de grupo femenil y crear la red de la mujer. Luchar unas por otras y no contra otras. Esto y mucho más que ya se ha visto en los documentos de las feministas, y en las leyes que surgieron después han llevado a logros positivos. ¿Pero dónde quedaba la trabajadora que también era madre?

Hubo una carga muy grande que nos impusimos. Se hablaba de la “supermujer”, que al volver del trabajo tenía que ocuparse de la casa, sin ayuda de la pareja. Tampoco en Estados Unidos ha habido leyes obreras como en otros países donde se permita que la mujer que va a parir tenga la oportunidad de volver después de nueve meses, o de tres años, si así se requiere, a su campo de trabajo. La experiencia perdida en ese tiempo se ha considerado irreparable.

Por otra parte, no hay guarderías infantiles públicas para las madres trabajadoras. La familia extendida, con abuelos o tíos cuidadores, es difícil en un país donde no hay asentamientos del clan familiar en las ciudades o pueblos. Por lo regular la gente se muda a lugares lejanos en el resto del país. Las guarderías infantiles han doblado en costo en los últimos 25 años. Pero el porcentaje de familias es menor según el censo de 2011, y desde 1986 las madres y padres siguen gastando el mismo 7 por ciento de sus entradas para el cuidado de los niños.

¿Qué se puede decir de las obreras de trabajos peor pagados, las inmigrantes, en su mayoría latinas, que no tienen la forma de traer a sus hijos y los dejan con la familia en los países de origen? Véase sobre este tema el excelente artículo en la página de opiniones de The New York Times, del 15 de octubre de 2013, de Sonia Nazario, autora del libro Enrique’s Journey: The Story of a Boy’s Dangerous Odyssey to Reunite with his Mother, publicado también ese año. Ella resume, a través de la historia de una familia, la angustia de hijos sin madres que vienen a cuidar a los hijos de otras familias, en otras palabras, a ser niñeras, dejando a sus propios hijos detrás, al cuidado de abuelas u otra parentela. Y desgraciadamente es un ciclo que se repite.

El posfeminismo tiene una nueva labor que hacer entre estas madres que no reciben ayuda para estar junto a su prole en cualquier parte del mundo. Es increíble y poco comentado, excepto entre los inmigrantes, la lucha por mantener la familia intacta, por estar las madres junto a sus hijos. El feminismo de antaño no se ocupó de esto. Es una nueva labor, una nueva meta. ¿Cuántas madres no ha visto usted a su alrededor cuyos hijos están en Centroamérica o en México, a quienes ellas les envían todo lo que ganan, pero a quienes no pueden ver porque temen que no les dejen entrar de nuevo en este país? Somos muy inhumanos con estas madres latinas. En general hacemos muy poco para honrar a la mujer madre en general, a respetar sus derechos.

También sucede que niños nacidos aquí, de padres deportados por no tener documentos de residencia, son dejados a cargo del welfare, costando dinero público y angustia traumática a toda la familia. En ese artículo de Nazario se dice que unos 200,000 padres sin documentos de niños norteamericanos fueron deportados entre 2010 y 2012, y 5,000 niños huérfanos quedaron al cuidado del estado, con padres suplentes. En 2016 más de 15,000 niños serán cuidados con nuestros impuestos y tratados como peones de una sociedad inerte, que jamás se volverán a reunir con sus mamás, si las inhumanas deportaciones continúan. Vanessa Ceceña se refiere a este tópico en su artículo Immigration, Deportation, and Family Separation, el 4 de septiembre de 2014, en el San Diego Free Press.

Lo que hay que formar es un nuevo feminismo, el de las madres. Hay que honrar a la madre ayudando a todas, para que no sean apartadas de sus hijos, para que tengan apoyo en la sociedad en que vivimos y no se las penalice por hacer lo más natural que hay, cuidar a su propio bebé.


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