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Norberto Rivera y los migrantes

Ciudad de México. Agencias. | 18 de Mayo de 2015 a las 15:12

Hace unos días la  Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos denunció  que el sistema de centros de detención para inmigrantes en ese país se ha convertido en una “industria inhumana” y exhortaron al Congreso estadunidense a realizar  reformas contra las redadas, la detención y la separación de familias.

“Es tiempo para nuestra nación de reformar este sistema inhumano, que detiene a la gente innecesariamente, en particular a las personas vulnerables que no son una amenaza”, expuso al presentar un informe el obispo auxiliar de Seattle,  Eusebio Elizondo.

El estudio de los jerarcas católicos de Estados Unidos muestra que el crecimiento de los centros de detención ha dado lugar a un sistema que crea “desajustes, familias rotas, violaciones de los derechos humanos, peticiones legales abandonadas y menos prestigio nacional”.

“En muchos aspectos, los inmigrantes detenidos son tratados peor  que los acusados de crímenes”, añadió el informe  titulado “Unlocking Human Dignity: A Plan to Transform the U.S. Immigrant Detention System”.

De inmediato y al ser México un país de expulsión pero también de tránsito de migrantes se buscan referencias o pronunciamientos similares por parte de la jerarquía católica mexicana y no se recuerda ninguna postura tan crítica de parte del Arzobispo Norberto Rivera Carrera.

En Estados Unidos frecuentemente las catedrales y recintos religiosos se han convertido en refugio para migrantes mexicanos o centroamericanos que son buscados por las autoridades migratorias para su deportación. Basta con recordar el caso de la michoacana Elvira Arellano, quien se refugió por 12 meses en una iglesia de Chicago en 2007.

Actualmente y sólo a manera de ejemplo la mexicana Rosa Robles se encuentra  refugiada en una iglesia de Tucson desde hace nueve meses para evadir una orden de deportación. Son decenas o cientos de casos del activismo de los obispos y sacerdotes estadunidenses en favor de los migrantes mexicanos y centroamericanos.

Del otro lado del Río Bravo, la Arquidiócesis de México, se limita a dar sermones o  publicar en el Seminario desde la Fe, algunos pronunciamientos o artículos de forma general sobre los migrantes, pero no sabemos de acciones contra su detención y deportación, que se abran las puertas de catedrales para darles protección o que el cardenal Norberto Rivera se atreve siquiera a realizar una crítica al sistema migratorio mexicano.

Con honrosas excepciones como las del padre Alejandro Solalinde en el sur de México o el padre Pedro Pantoja, en Coahuila o el obispo de la Diócesis de Saltillo,  Raúl Vera, la Iglesia Católica Mexicana prefiere voltear hacia otro lado mientras se realizan las redadas, detenciones y deportaciones de centroamericanos en nuestro país.

En enero pasado, en un encuentro de religiosos mexicanos que han establecido albergues para protección de los migrantes, Alejandro Solalinde expuso  que lo primero que debe hacer la Iglesia Jerárquica —refiriéndose a la que lidera Norberto Rivera Carrera— es pedirle perdón a México y a los mexicanos por  el silencio guardado frente a los atropellos.

Don Norberto Rivera no respondió el llamado ni de Solalinde ni  del Papa Francisco quien ha criticado a los jerarcas católicos que vive como ricos alejados de la pobreza y de fenómenos como la migración. A diferencia de Estados Unidos, aquí las catedrales y quienes las encabezan, en su inmensa mayoría, están cerradas en puertas, ojos y oídos a la tragedia de los migrantes centroamericanos. 


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