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Nuevos intentos de quitar ciudadanía a hijos de indocumentados

Miami. Por Alfonso Chardy, El Nuevo Herald. | 23 de Mayo de 2015 a las 17:24

Doris Chávez se estableció en Miami en el 2007, pocas semanas después de cruzar la frontera, y fue aquí donde conoció a su esposo, José Gámez, en el 2008. El primer hijo de la pareja nació en Miami dos años más tarde, y el segundo en el 2011.

Karla Hernández llegó en 1999 para reunirse aquí con su marido, que había llegado el año anterior. Ahora tienen tres hijos.

Hernández y Chávez están entre muchos inmigrantes indocumentados molestos por renovados esfuerzos en el Congreso para negar la ciudadanía a niños nacidos en Estados Unidos a menos que uno de los padres sea ciudadano, residente permanente o perteneciente a las fuerzas armadas.

A finales de abril, los republicanos en la Cámara de Representantes celebraron una audiencia sobre un proyecto de ley presentado por el Representante Steve King, republicano de Iowa, con el objetivo de poner fin a la ciudadanía por nacimiento para hijos de indocumentados.

Proyectos de ley similares surgen regularmente en el Congreso, a pesar de que fracasan constantemente y no se convierten en ley ya que la mayoría de los legisladores creen que cualquier bebé nacido aquí, excepto hijos de diplomáticos extranjeros, es automáticamente un ciudadano estadounidense. El último impulso a este tipo de legislación se produjo después de que agentes federales allanaron sitios en California donde mujeres embarazadas procedentes de China eran asistidas para dar a luz a sus bebés aquí, y para que de esa manera los recién nacidos pudieran convertirse en ciudadanos estadounidenses.

Pero entrevistas en los últimos días con centroamericanos indocumentados —incluyendo a Chávez y a Hernández— mostraron que el turismo para dar a luz no es la razón por la que estas familias hispanas vinieron a los Estados Unidos. Su objetivo era huir de la pobreza y la violencia.

La historia de Hernández es particularmente conmovedora porque su marido, Mario Alcerro, fue detenido por funcionarios de inmigración y deportado en el 2010. Luego, Hernández y sus dos primeros hijos nacidos en Miami, Carlos Mario y Karolay, viajaron a Honduras para reunirse con Alcerro. Pero la creciente violencia de las pandillas obligó a la familia a regresar a Miami ilegalmente. Ahora, Alcerro de nuevo ha sido detenido por funcionarios de inmigración y está en espera de juicio en la Corte Federal tras ser acusado penalmente con reingresar al país después de ser deportado.

Si la idea de Hernández y Alcerro era tener hijos en Estados Unidos para que estos eventualmente los pudieran haber reclamado legalmente como inmigrantes, su estrategia fracasó estrepitosamente. Pero todos los hechos en su caso apuntan a otros motivos para su viaje ilegal a Miami.

“Vinimos en busca de refugio por el deterioro de las condiciones en nuestro país, no para tener hijos”, dijo Hernández, durante una reciente entrevista en la sede de la Organización Hondureña Francisco Morazán que la está ayudando en el caso.

Alcerro llegó primero a Estados Unidos en 1998, el año que el huracán Mitch devastó a Honduras. Hernández le siguió en 1999. La pareja eventualmente abrió un negocio de fabricación de mostradores de granito para cocinas y tuvo tres hijos aquí: Carlos Mario, de 15; Karolay, de 12 y Mariano, de 3.

Una infracción de tránsito en el 2010 interrumpió la vida estable de Alcerro en Miami. Fue arrestado por conducir sin licencia y fue deportado a Honduras por no tener papeles.

Después de tratar de criar a sus dos primeros hijos sola, Hernández se dio por vencida y en el 2011 regresó a Honduras para reunirse con su esposo – llevandose a Carlos Mario y a Karolay con ella. Mariano aún no había nacido.

Pero dos episodios con pandillas criminales convencieron a la familia a regresar a los Estados Unidos de manera ilegal.

Un día, Carlos Mario fue a una tienda cerca de su casa en Tegucigalpa donde había un grupo de pandilleros armados con fusiles AK-47 que estaban robando dinero y otros objetos de valor de los transeúntes. Carlos Mario resultó ser una de las víctimas.

Luego, los estudiantes de la escuela a la que iban Carlos Mario y Karolay comenzaron a recibir amenazas de las pandillas que exigían pagos regulares a cambio de no matarlos.

“A la luz de estos hechos, decidimos huir de Honduras y regresar a Miami”, dijo Hernández. Ella y su esposo regresaron en el 2011, dejando a sus dos hijos al cuidado de familiares.

“Lo hicimos para evitarles posibles peligros durante el viaje”, explicó. “Enviamos por ellos una vez que nos instalamos de nuevo en Miami”.

La pareja viajó en avión a la Ciudad de México y luego en autobús a la frontera con Estados Unidos. Cruzaron el Río Bravo en una pequeña balsa y luego entraron subrepticiamente por Laredo, Texas.

La pareja decidió quedarse en Laredo durante varias semanas para evitar ser detectados por la Patrulla Fronteriza. Hernández estaba embarazada con su tercer hijo, Mariano, que nació en Laredo.

Finalmente la pareja llegó a Miami y restableció el negocio de mostradores de cocina que Alcerro había fundado a finales de la década de 1990.

La vida de la familia reanudó su rutina de antes.

El primer indicio de problemas llegó hace unos dos meses. Uno de sus vehículos fue robado del estacionamiento de su residencia, y cuando llamaron a la policía, los detectives les hicieron una pregunta inquietante.

“ ‘¿Tienen enemigos?’ uno de los detectives le preguntó a mi marido”, recordó Hernández. La razón de la pregunta era que su segundo vehículo también había sido manipulado, pero no robado, mientras que ninguno de los otros vehículos en el estacionamiento había sido tocados.

Y hace tres semanas, los agentes federales se presentaron para arrestar a Alcerro. Desde entonces ha sido instruido de cargos de regresar al país después de su deportación previa.

Si es encontrado culpable, Alcerro podría ser condenado hasta dos años en la penitenciaría federal y luego deportado de nuevo.

Alcerro se ha declarado inocente y ahora está en espera de ser enjuiciado, posiblemente en junio.


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