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El verdadero drama de los migrantes sin documentos

Trípoli. Agencias. | 25 de Mayo de 2015 a las 16:54

Vengo de Eritrea. Crucé Etiopía, Sudán y Libia. Me gusta mi país pero tuve que irme, quería una vida nueva”, comienza Makone Mare.

“Libia no está bueno. Tu vida no es segura. No hay protección, no hay campos de refugiados, no hay Cruz Roja. Apenas cruzas la frontera, los libios te sacan todo lo que tienes en los bolsillos y te llevan a la cárcel unos meses (…). Me arrestaron sin que hubiera cometido ningún crimen y me trasladaron a varias prisiones. Como no tenía nada, mi familia pagó por mí: US$ 2.000 para que tuviera lugar en el barco que viaja a Europa”.

“No hay ninguna comodidad en esa nave pero no tienes otra opción, no hay alternativas. Quiero un futuro nuevo. Nos pusieron en un barco que estaba demasiado repleto. Soy persona y tenía miedo porque tengo solo una vida. Esta es una travesía muy dura, hay niños que viajan solos, embarazadas. Intentamos ayudarlas. Tuve suerte de ser rescatado. Volví a nacer. Volví a nacer”.

Mare dio su testimonio a la organización médico humanitaria Médicos Sin Fronteras (MSF), que ayudó en su rescate y lo atendió en el comienzo de su nueva vida. Como él, unas 1.400 personas que naufragaron en el Mediterráneo fueron salvadas en las últimas dos semanas por el barco Phoenix, uno de los dos que tiene MSF en la que se convirtió la fosa común más grande del mundo, según la han denominado activistas humanitarios.

La nave tiene unos 40 metros de largo y capacidad para 400 personas, con una tripulación de 20. El coordinador de emergencias a bordo es Will Turner, un británico de 31 años que hace cuatro está involucrado con MSF y que habló por teléfono con El Observador desde la embarcación. “Lo que la mayoría de los rescatados tiene en común es que son gente que siente que no tienen alternativa. Prefirieron arriesgar sus vidas antes que quedarse en la situación en la que estaban”, describió el británico.

Es la primera vez que MSF se involucra en una misión de estas características y magnitud. Pero sus más de 40 años de experiencia en crisis humanitarias hacen que tenga elementos como para haberse podido asociar con la organización MOAS para rescatar a quienes intentan huir de África y fracasan en el Mediterráneo.

“En 2014 fallecieron más de 3.400 personas en este mar. Este año ya son 1700, y de estas 700 murieron en un solo naufragio. Estos números son típicos de zonas de conflicto y es inaceptable que esté sucediendo esto a las puertas de Europa, donde se tienen la capacidad y los recursos necesarios como para prevenirlo. Además, las políticas hacen que la gente viaje de esta forma y quede en manos de traficantes porque no tiene ninguna posibilidad legal ni segura de pedir asilo en Europa”, indicó Turner. Solo el viento que a veces es más sonoro que su voz hace acordar que el interlocutor está en alta mar, controlando radares y atento por si se divisa algo o por si desde Roma indican que deben trasladarse a la zona de un naufragio para atender a las víctimas.

El Phoenix dispone de dos gomones grandes, donde suben a los que encuentran en el mar o en barcos a punto de naufragar. Los llevan a bordo y allí atienden sus necesidades más urgentes –alimentación, salud, abrigo- y los acompañan durante las 24 o 48 horas que demora el viaje hasta el puerto de destino, generalmente en algún punto de Sicilia (Italia), donde hay centros de acogida y más personal humanitario para cuidarlos.

Cerca de los asistidos

“Una característica del trabajo a bordo es que tienes gran proximidad con las personas que ayudas. Tuvimos hasta 400 personas en el Phoenix y mientras ellas están aquí tratamos de cuidarlas hasta que desembarcan. Es un período muy intenso y, en cambio, en otros contextos no solemos tener esta oportunidad de ayudar tan de cerca. Nos encargamos desde lo más básico hasta de jugar con los niños”, relató Turner.

Las personas que atienden están en una situación de especial vuilnerabuilidad. “Asistimos a gente que viajó y sufrió experiencias muy traumáticas”, destacó el coordinador de emergencias. No solo porque partieron de países en guerra o pobreza como Siria o Eritrea, sino porque además hicieron un viaje arriesgado y llegaron a Libia, donde cayeron en manos de traficantes. “Libia es un país muy inseguro, con alto riesgo de muerte, golpizas, extorsiones o violaciones. Los migrantes son forzados a cruzar el mar de manera muy arriesgada, y todo esto solo para intentar encontrar un lugar mejor”, agregó el profesional, antes de terminar de describir la situación de los que son rescatados por su equipo. “La culminación de todas estas experiencias traumáticas y peligrosas desemboca en un período muy breve de tiempo en el que le podemos dar a la gente seguridad, confianza y cariño como para aliviar su sufrimiento más inmediato y restablecer en algo su dignidad”.

La capacidad del barco es limitada y por razones de seguridad cuando está colmado la gente no se puede ni mover. Pero aún así esto es un alivio para quienes, como Mare, lo perdieron todo. “Recuerdo lo que me dijo un señor cuando éramos 367 personas en el barco, todos apretados y sin poder movernos. Dijo: ‘Esto es lo mejor’, porque había estado en cárceles libias los tres meses anteriores, en condiciones espantosas. ‘Esto es lo más cómodo, es como mejor he comido y dormido en tres meses’”, recordó el británico. 

En principio, la misión del Phoenix está comprometida hasta octubre, pues en este período hay mejor clima y los viajes de migrantes son más frecuentes. “Veremos cómo evoluciona la situación, MSF sigue comprometido con la ayuda a gente necesitada e intentaremos estar cerca de los que requieran nuestra ayuda”, adelantó Turner.


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