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Comunidad fronteriza recuerda con fervor a sus muertos

Agencia EFE. Desde El Paso, Texas. | 31 de Octubre de 2007 a las 00:00
La comunidad mexicana ha revestido la región fronteriza con altares y organizado todo tipo de festejos para celebrar con fervor a sus muertos y mantener viva una tradición plenamente arraigada. "El mexicano que vive en el exterior celebra estas fechas de una forma mas intensa, porque lleva a su país en el recuerdo, como uno de esos tatuajes que muchos tienen de la Virgen de Guadalupe", dijo a Efe Gregorio Luke, ex director del Museo de Arte Latinoamericano de California, de visita en El Paso. Las celebraciones del Día de los Muertos comienza mañana, 1 de noviembre, al conmemorarse los "Santos Inocentes" o niños difuntos y al día siguiente el día de los adultos fallecidos. Luke, quien ha sido también agregado cultural de México en Washington, considera que el mexicano en Estados Unidos siente una gran nostalgia de su país, y busca mantener viva su identidad a través de estas celebraciones propias de sus tierras. "Cuando se pierde la identidad se encuentra la desolación", aseguró. La directora en la ciudad del Instituto de los Mexicanos en el Exterior (IME), Elsa Borja, destacó que el Día de los Muertos ha adquirido una fuerza sin precedentes en EEUU, especialmente en ciudades fronterizas como El Paso en donde se levantan altares en galerías, museos, escuelas, y hasta en organizaciones campesinas. Borja agregó que la fecha ha adquirido mayor fuerza, desde que en 2003 la UNESCO reconoció esta celebración como "Obra Maestra del Patrimonio Intangible de la Humanidad". Este año será el segundo consecutivo que la ciudad de El Paso celebra la tradición, cerrando incluso las calles del centro para los festejos. Desde el jueves y hasta el sábado habrá recorridos por galerías y museos en donde se exhiben altares y contarán con un "Mercado de los Huesos" en el que artistas mexicanos ofrecerán artesanía representativa de la fecha como las Catrinas y Calaveras. Las Mujeres Obreras de la ciudad festejarán con sones Huapangos a los muertos de Veracruz, lugar de origen de muchas de ellas. Borja destacó que la celebración con elementos indigenistas del Día de los Muertos llegó a la frontera con los inmigrantes originarios del sur de México, en donde se acostumbran los altares, las visitas a los panteones, o las cenas familiares en las que se ofrece el platillo preferido del difunto, que tiene esa noche un lugar reservado en la mesa. "Esos inmigrantes llegaron con las manos vacías, pero con el corazón lleno de sus tradiciones", dice la agregada del IME que comenta que la pasión que el inmigrante aporta ha hecho que las ciudades reconozcan su valor cultural y comiencen a adoptarlas y celebrarlas como propias, con la ayuda de los consulados mexicanos. Este año el Consulado de México en El Paso ha levantado un altar en memoria de la pintora mexicana Frida Kahlo, al cumplirse este año el centenario de su nacimiento. "La ciudad ha adoptado esta fecha para acercar al inmigrante con sus tradiciones, y para atraer al turismo que actualmente ve en el Día de los Muertos una representación popular que comparte ya la comunidad anglosajona", dijo la directora de Museos y Asuntos Culturales de la ciudad de El Paso, Yolanda Alameda. "Es una celebración extremadamente cultural para latinos y no latinos", dijo. Luke, quien esta semana ofrece en El Paso una seria de conferencias, señaló que el Día de Muertos es un día en que los muertos reviven. "Solo se mueren aquellos a quienes olvidamos", expone y menciona que es una fecha en que se ejercita colectivamente el recuerdo de quienes se han ido. Para guiar a los se levantan los altares y se les muestra el camino de regreso a casa con guías de flor de Cempasúchil, y con el olor de sus platillos o la presencia de objetos amados. "El elemento principal de un altar es el retrato del ser querido, y rodearlo de las cosas que constituían su mundo", explicó, tras subrayar que la importancia de este elemento es honrar ritualmente a alguien que se ha ido, y hacerlo en forma precisa e inequívoca. Estos elementos están presentes en el altar que el consulado de México ofrece a Kahlo, y en el que se encuentran los que fueron sus amores: desde un caballete, un juego de pinturas, hasta sus hábitos terrenales como una botella de tequila, sus cigarros y una foto del que fuera su mayor pasión, Diego Rivera.

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